La política no es el desprecio a la verdad

agosto 16, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Al estar a un poco más de tres meses para celebrar las elecciones generales, es bueno echar una mirada al momento político que atravesamos para discernir sobre las actuaciones de los aspirantes en los tres niveles: presidencial, diputados y alcaldes. Hay que procurar poner la vista por encima de nuestras preferencias personales para ver si los aspirantes cumplen los requisitos de la buena política que están muy bien definidos: trabajar por el bien común, predicar y practicar la verdad, tener convicción y espíritu de servicio y evitar la confrontación que no conduce a nada positivo.



No tenemos claridad si los hondureños están preparados para distinguir entre los políticos que abusan del ego personal, o aquellos que solo trabajan por sus pretensiones partidistas, los que no dan un paso sin mostrar el sectarismo ideológico y uno que otro que parece estar dispuesto a trabajar apasionadamente por el bienestar de todos los hondureños. Algo que ensucia el ambiente político, no solo en Honduras, es el manejo fácil de una exagerada difusión de mensajes falsos, torrentes de falsedades que tienen poder para destruir reputaciones en forma relampagueante.

En el actual escenario político estamos viendo que ocurren muchas cosas, pero muy pocas son edificantes, y poco a poco va tomando forma la figura que se ha metido en la cabeza de muchos hondureños, que han llegado a pensar que la política es algo malo, lo cual es un error de apreciación, porque si bien detrás de la política hay muchos errores y no menos abusos, sin la política no puede funcionar ningún país, es más, no puede funcionar el mundo. A la política actual le ha afectado que lleguen muchas personas que se envalentonan desde el anonimato, o que, cuando sacan la cara es para agredir al adversario. Con el ambiente plagado por el virus de la pandemia, la campaña se está desarrollando en un clima de temor y poca seguridad sanitaria. Para este tiempo de coronavirus no había una estrategia diseñada en ningún país, mucho menos en el nuestro, donde no hay muchas personas que sepan manejar con habilidad los entresijos de la comunicación por lo que la campaña está reducida a un desplazamiento muy deslucido y escaso de motivación, por lo menos hasta ahora.

La esperanza es que llegado el 30 de agosto, cuando la ley levanta las trancas para que los políticos puedan hacer campaña masiva, es que podremos ver a los aspirantes haciendo uso de su capacidad de persuasión, con el fin de influir en la opinión pública y en las actitudes sociales de los diversos sectores del país que hasta ahora no parecieran estar dispuestos a mover un dedo en la campaña. En cada elección está en juego la democracia y quizás nunca como hoy está corre el peligro de ser desnaturalizada y gastada por un tsunami de afirmaciones falsas difundidas a través  de las redes, pretendiendo imponer como verdad situaciones que están alejadas por completo de la verdad. Los medios tecnológicos modernos que hoy se han popularizado con el nombre de «redes sociales» aceptan las mentiras y las medias verdades como elementos de opinión pública. Y de ese ámbito lleno de falsedades, truculencias y conductas delictivas han surgido aspirantes políticos que usan la efigie de las candidaturas independientes para buscar entronizarse en el poder, donde lo que persiguen en el fondo es el dinero fácil que no es más que el dinero público que los contribuyentes aportamos al tesoro del país, y con el que se financian las campañas electorales y se pagan los fondos de la deuda política que se reparte entre los partidos y los demás políticos.

El bien común que es la piedra angular de la buena política no está contando en el discurso empobrecido de la mayoría de los aspirantes políticos, porque no es asunto solo de decir que todos quieren cambiar a Honduras, o refundar a Honduras, cuando lo que los hondureños queremos es que se nos muestre la forma operativa con la cual los hondureños tendremos la posibilidad de encontrar la felicidad. Lo más común en esta campaña es ver una politización partidista que no transmite confianza y que no garantiza evitar la corrupción nefasta.

El antagonismo ha convertido la política en un enfrentamiento continuo, en lugar de practicarla como una actividad donde se afronten los problemas de Honduras, y se ofrezcan respuestas a las demandas de la población hondureña. Hablar de trabajar en Honduras suena a chiste y trabajo es lo que pide y necesita la gente, porque en la medida que ha crecido el desempleo se han incrementado los niveles de pobreza en centenares de hogares hondureños.

El mayor deseo que invocamos a partir de este momento es que los políticos sean más consecuentes con las necesidades que atraviesan los hondureños y se alejen de las confrontaciones sectarias. El sueño más grande es que los aspirantes políticos trabajen por dotar a Honduras de proyectos grandes con capacidad para contribuir con el bien de todos los hondureños. Pero con rara excepción, cuando en el discurso alguien enfatiza en el trabajo, hay un montón de gente que se ríe. ¿No les parece que esto debe ser motivo de preocupación? ¡Porque burlarse de la palabra trabajo es un desprecio a la necesidad y a la verdad!

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 16 de agosto de 2021.

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