La pirotecnia temeraria

enero 2, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La pirotecnia es una especie de artificio donde el uso controlado de la pólvora sirve para iluminar las alturas con luces de colores, con lo cual se consigue crear un ámbito de alegría, porque aunque no lo parezca, el fuego, expresado con luces artificiales es la forma más explosiva para recrear las fiestas. Los chinos, que fueron los inventores de la pólvora, al principio lograron que el efecto de las explosiones fuera de pequeño impacto, de manera que resultaran más sonoros y de iluminación, en medio de la oscuridad y que además no causaran daño.



Desde aquellos lejanos años, la pirotecnia se empezó a usar en las fiestas, en las plazas, en los atrios, en las diversas celebraciones, preocupándose por regular la detonación por parte de quienes elaboraban los diversos juguetes pirotécnicos como los cohetillos, los morteros, los cohetes de varilla, las chispitas y las metrallas. Toda esta juguetería pirotécnica se introdujo hace muchos años en la cultura de los hondureños y de alguna manera se ha vuelto imprescindible, de manera que una nochebuena o un año viejo no son fiestas si no está presente la pólvora. Y no solo los hondureños vivimos apegados a esta cultura, porque pólvora se quema en todos los países. En los parques de Disney en EEUU, cada jornada diaria de entretenimiento finaliza con un concierto de explosiones desde las más sonoras hasta las que revientan los tímpanos, manejadas, eso sí, por expertos desde espacios adecuados a los cuales no accede el resto de las personas.

Aquí en Honduras, durante la Nochebuena se quemó alguna pólvora, pero en la noche de año viejo tuvimos una fiesta que duró casi dos horas de explosiones, en que, si calculamos la suma que los habitantes de la capital se gastaron en quemar pólvora, nos podemos quedar muy cortos si decimos que aquí se quemaron más de 50 millones de lempiras en cohetes y demás formas pirotécnicas. Pero esta es una suma insignificante, si la comparamos con el gran monto global del negocio en que se ha convertido la pirotecnia, que mueve unos 12 mil millones de dólares anuales.

El asunto al que nos queremos referir es a la regulación del uso temerario de los juegos pirotécnicos, en que se debería prohibir que los morteros elaborados no sean de un tamaño enorme, que por el contenido de pólvora tienen tanto poder explosivo como una candela de dinamita, con suficiente poder destructivo para aniquilar a varias personas a la vez. Un mortero de un pie de altura tiene un efecto mortífero, y aparte de que genera una contaminación del aire que resulta muy dañina para la salud, es muy poderoso como para provocar accidentes y hasta muertes.

Este año ha habido quemaduras de todos los grados por doquier de nuestro país, incluso miembros cercenados en muchas personas, por los explosivos que asombran, porque quienes los manipularon eran personas mayores, incluso un elemento militar, que se supone tiene conciencia de lo cuidadoso que resulta manipular un mortero de gran tamaño.

Y lo grave es que ya no hay forma que una campaña preventiva induzca a las personas a desistir de la pirotecnia como el recurso único que alegra los días festivos, porque la gente está aferrada a la idea de que no hay navidad alegre sin cohetes ni morteros. El efecto de que lo prohibido es lo mejor, se ve en la cultura de la pólvora, porque aunque no es lo mejor, pero si lo conducente, es proceder a regular el tamaño de los objetos pirotécnicos, prohibiendo a los fabricantes la elaboración de los morterones, que cuando explotan tienen tanto poder explosivo que retumban como si fueran candelas de dinamita.

Todo se puede controlar por la vía de la regulación y en el caso de la pirotecnia, se hace obligatorio que las autoridades determinen los tamaños de los objetos, porque entre más grande es el mortero, mayor cantidad de pólvora contiene en su interior y más resonante y de mayor poder es la explosión. La pirotecnia se ha dejado de la mano y al albedrío de los fabricantes, que en su mayoría son familias enteras que se han dedicado toda su vida a este rubro como negocio y para ellos constituye un patrimonio, por lo tanto, tomar la medida extrema de cancelarles el negocio es contraproducente, porque a estas familias se les condenaría a la inactividad económica cuando se piensa en el cierre de los coheterías, como popularmente se le llama a la industria pirotécnica.

Entonces, apartándose de los extremos, que por lo general son malos, lo que procede es la regulación del tamaño de las piezas, no permitiendo la fabricación de morteros gigantes, que por su alto contenido de pólvora se convierten en armas temerarias y mortíferas. Hay que educar a los fabricantes en este sentido, hacerles entender que por su propio cuidado no les será permitido fabricar objetos con gran cantidad de pólvora. Y no queda más que aceptar la cultura de la pólvora en nuestro país, igual que en otros países, donde casi todas las personas, en la niñez, vivimos los tiempos más felices durante las fiestas de fin de año, reventando cohetes y morteros.

Entonces, no sería fácil erradicar una práctica que se ha arraigado en la costumbre del pueblo hondureño. Lo que no difícil es implantar una cultura regulatoria para prohibir las piezas explosivas de gran tamaño, que son las que lejos de animar a las personas, atentan contra sus vidas. Es decir, acabar con la pirotecnia temeraria.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 2 de enero de 2018.

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