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La pérdida de la inteligencia emocional

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cuando estudiamos sicología, en el manual del sicólogo cubano Ángel Velásquez, nos llamó la atención un capítulo que hablaba de la inteligencia emocional, que es la parte que estudia las aptitudes y las limitaciones que tienen las personas, que permite conocer las cosas y situaciones a las que nos enfrentamos, sobre todo aquellas que nos cuesta manejar. Para el caso, cuando una persona sabe que tiene pocas habilidades para comunicarse con los demás, lo que se conoce como timidez, lucha internamente por romper esa barrera para no vivir encerrado en una burbuja. En cambio, aquellos que saben que son emocionalmente inestables, intentan buscar por los medios posibles, incluso con ayuda profesional, por lograr el equilibrio sicológico.

Está probado que todas las personas, por lo menos las normales, nacemos con alguna inteligencia emocional, y los hay quienes sacan lo mejor que llevan por dentro para proyectarse y convertirse en personas exitosas. Pero hay otras personas que no pueden controlar la inteligencia emocional y fácilmente se extravían, especialmente los que tienen una versatilidad emocional, que les permite actuar en un determinado momento de una forma, y luego cambiar de actitud en el menor tiempo posible.

En derecho romano, la incapacidad natural de las personas, conocida en término latino como “capitis deminutio” estaba asociada a la pérdida de la inteligencia emocional, concebida como la declaración de incapacidad, demencia, interdicción civil, locura, y muerte civil. Cuando una persona perdía la capacidad o inteligencia emocional era declarado incapaz absoluto, por lo que quedaban en manos de tutores.

Ayer, cuando trascendió que el candidato de LIBRE, Salvador Nasralla, había suscrito un compromiso ante la Misión de la OEA, para someterse a los resultados oficiales que emita el TSE, celebramos lo que nos pareció un acto de buen juicio de este personaje, caracterizado por los bandazos más impredecibles desde que entró a la arena política. Aquel acto de lucidez y de ciudadanía de Nasralla, nos parecía increíble, pero teniendo a la vista el documento suscrito de su puño y letra, mostrado por el jefe de la Misión de la OEA, Jorge Quiroga, nos despejaba las posibles dudas. Nada más que, aquel acto que resultó un espejismo pasajero, se diluyó en cuestión de horas, al desdecirse Nasralla, alegando que había sido objeto de una trampa.

Una acción así solo es producto de una persona que sufre la pérdida de la inteligencia emocional, porque hasta un ignorante sabe que en un acto de derecho, cuando una persona pone o estampa su firma al pie de un escrito, acredita que se manifiesta obligado con lo declarado en el documento. Pero cuando una persona va por allí, suscribiendo documentos, de la naturaleza que sea, para luego decir que su firma no vale nada y que desconoce el compromiso suscrito cuando así lo quiera, en términos legales es una persona que padece de incapacidad emocional. Solo es nula la firma que es estampada bajo presión o engaño. O cuando la firma le ha sido falsificada por otra persona con el fin de cometer un ilícito. Y en este caso, no concurrió ni lo uno ni lo otro.

Quien desconoce su firma, con la prontitud como cuando se cambia de calcetín, sin duda que es una persona anormal, porque sufre de ausencia de inteligencia emocional, y por lo tanto, amerita recibir un tratamiento siquiátrico, para no llegar al extremo de caer en la necesidad de ser internado en un hospital especializado para aquellas personas que con sus actuaciones demuestran tener la ineptitud legal para los distintos actos jurídicos.

Después de ponderar ayer el buen juicio del candidato de LIBRE, Salvador Nasralla, por suscribir un compromiso con la Misión de la OEA, donde aceptaba someterse a los resultados oficiales que dé a conocer el TSE, que además lo calificamos de muy juicioso, nos mereció también una felicitación para él; y tener a las pocas horas, la noticia que este reculaba, diciendo que había sido engañado por la Misión de la OEA, quedamos absolutamente perplejos, por la más grave inestabilidad que ha demostrado el candidato de LIBRE con este acto.

Revertir un acto de tanta solemnidad legal como es asumir un compromiso ante la misión del alto organismo continental, con la ligereza de quien se cambia una prenda de vestir, es un reflejo de incapacidad natural. Estamos en presencia de una persona que es incapaz de regirse por una conducta propia en los actos jurídicos, por causa de una carencia absoluta de inteligencia emocional, o por el escaso desarrollo mental, como ocurre en los niños o en los perturbados mentales.

Una persona en esta situación no está apta para dirigir los destinos de un país, salvo que quienes lo impulsen para un alto cargo, se conviertan en sus perfectos tutores para asumir por su cuenta, riesgo y beneficio personal, las funciones que el candidato no podrá desempeñar.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 30 de noviembre de 2017.