La necesidad de volver

abril 24, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La necesidad de volver a trabajar está creando en los hondureños un estado de ansiedad y desesperación que debe ser atenuada con la comprensión de que a los hondureños todavía no nos ha llegado el pico del coronavirus, que será la parte más dramática de la pandemia, para el cual no estamos preparados por lo que vemos en el comportamiento de los compatriotas. Como en las noticias internacionales está circulando que los países asiáticos, europeos y los norteamericanos están reabriendo sus comercios para reavivar la economía, muchos hondureños están presionando para que les permitan operar sus negocios. Hace un par de días me llamó un empresario distribuidor de llantas y me puso un video donde un competidor tenía abierto su establecimiento atendiendo a sus clientes. Me pidió un consejo y le respondí: esa persona está violando las disposiciones y se arriesga, usted podría abrir su empresa pero asumirá el mismo riesgo. Le recomendé que llamara a la Secretaría de Seguridad para consultar que si así como le permitían a su competidor operar su empresa, también le permitieran a él hacer lo mismo.



Estos días he conversado por momentos con un empresario hondureño propietario de almacenes, preocupado por la situación, también ansioso por reabrir sus establecimientos que están paralizados desde mediados del mes anterior. La necesidad de volver a trabajar, si la pandemia se extiende más allá de lo que se calcula, debe hacer que los empresarios piensen en soluciones creativas para pasarle por encima al coronavirus y llegar a sus clientes. Una vez enfrentado el pico, el gobierno tendrá que ordenar la  reapertura de la economía, con ideas de los empresarios que favorezcan a su propio interés, pero sin descuidar el respeto a los nuevos hábitos que deberemos poner en práctica, porque después de esta pandemia nada volverá a ser como antes, ya lo veremos. El abrazo pasará a la historia, ya no volveremos a darnos el apretón de manos ni a consentir la mejilla de otra persona con un beso, porque las normas sanitarias nos están advirtiendo desde ahora que la pandemia será aplanada pero no vencida del todo, y que mientras está a la vista un rebrote de este u otro virus, la forma de convivir nos exigirá guardar la distancia física con las demás personas para evitar contagiarnos.

En todos los negocios donde hay aglomeraciones, como restaurantes de comida rápida, se exigirá que haya separaciones con metacrilato para evitar el contagio, en los gimnasios donde la gente hacer ejercicio y suda no podrá haber más de un número limitado de personas, es decir todo negocio donde concurren muchas personas a partir ahora deberán reducir su aforo, con lo cual sus ingresos serán más bajos. Deberá haber todo un refrendo administrativo porque donde antes llegaban centenares de clientes, pronto podrá haber decenas de clientes. La asistencia a estos negocios estará regulada para evitar las peligrosas aglomeraciones que propician el contagio.

La semana pasada conversé con mi amigo Antonio Moncada, importante ejecutivo del Hotel Mayan Princess, donde suelo pasar mis vacaciones familiares en Roatán; su preocupación era evidente, porque nunca antes en Semana Santa las playas de Roatán estuvieron desoladas, yo mismo las eché de menos esta Semana Santa. Platicamos sobre el nuevo modelo que había que pensar para una nueva época cuando se está invitando a la gente a que no viaje sin necesidad, lo que plantea dejar el turismo en un segundo plano, algo peligroso para economías como la hondureña que ha venido proponiendo el filón turístico como la panacea de la economía. Nos preguntábamos con Antonio cómo será la nueva normalidad que habrá de implementar los hoteles como el Mayan Princess, dedicado a atender a los turistas extranjeros y últimamente también a los turistas hondureños.

Cuando conversamos con estos empresarios amigos tratamos de poner un poco de optimismo, porque es desagradable platicar con ellos y ahondarlos en la angustia. La gente quiere oír de posibles soluciones que le permitan reabrir sus negocios, porque tienen obligaciones que atender y las salidas que encuentran en las medidas del gobierno son paliativas que no les descubre por completo cómo será el panorama en esa nueva normalidad, porque aunque las moratorias de los bancos ayudan, al finalizar la pandemia cuando toque enfrentar las obligaciones no se imaginan cómo estarán las condiciones.

Sin duda que nada será igual que antes, ya no se podrá andar en aglomeraciones, los conciertos multitudinarios pasarán a la historia, en los estadios donde antes se permitía 25 mil personas, con la medida de la distancia física posiblemente solo permitan unos cuatro mil fanáticos, en las salas de cine de 250 personas, el cupo máximo será de 50, cuando más. Quién sabe cómo regularán la asistencia en las playas donde se aglomeran miles de personas, cómo se manejará la limpieza, y siendo las playas un lugar tan público será imposible establecer la distancia social. Imposible poner en las playas cabinas de plástico para que en un descuido la gente no se junte una con otra.

En realidad, las nuevas medidas nos impondrán como régimen sanitario evitar la promiscuidad a la que hemos estado acostumbrados, a no meternos en tumultos donde no se puede evitar el roce sin querer con otras personas. Todos los sitios de ocio tendrán regulaciones donde lo primero que habrá que guardar es la distancia. A los que les gusta el fútbol deberán conformarse por verlo en televisión, los que practican en los gimnasios deberán acomodar un espacio en su casa para hacer ejercicio, los que van al cine deberán ver más televisión. Hasta ir a los supermercados ya no será un paseo agradable cuando le obliguen a usted a hacer una cola para entrar por mientras salen los que están adentro.

Será una nueva realidad a la que debemos irle haciendo un espacio en nuestro pensamiento. Será un nuevo vivir en que nos tocará conocer todo de nuevo, para lo que debemos entender la teoría de las mutaciones del filósofo chino Lao Tsé, uno de los primeros estudiosos que diferenció las leyes de la naturaleza, de las leyes del comportamiento humano. En el futuro, las interacciones serán más virtuales que fraternales, porque todo estará determinado por la distancia física que deberán guardar las personas.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 24 de abril de 2020.

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