La mujer del César

noviembre 20, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Aunque no se puede precisar con exactitud el tamaño del monto presupuestario que se requiere para afrontar el total de la reconstrucción de las infraestructuras destruidas por los dos huracanes, el gobierno conjuntamente con las oficinas de Naciones Unidas en Honduras consideran que inicialmente se requiere de unos 69 millones de dólares, suma con la que las autoridades de gobierno deben comenzar de inmediato las labores de reconstrucción. Como los daños catastróficos son de gran dimensión y es imprescindible comenzar con las tareas de rehabilitación, el gobierno de Hernández Alvarado ha anunciado que los trabajos se harán conforme un plan maestro en el que estarán involucrados el FONAC y organizaciones sociales. Según un comunicado de las Naciones Unidas en Tegucigalpa, el plan fue elaborado en base a las evaluaciones efectuadas por autoridades hondureñas, con análisis geoespaciales y la construcción de escenarios de impacto que permitan a los países donantes o socios humanitarios poner en marcha las gestiones para obtener la cantidad de recursos y ponerlos a disposición del gobierno de Honduras.



Es bueno recordar los antecedentes del Huracán Mitch, cuando los organismos prometieron el apoyo a Honduras, de lo cual gran parte se quedó en promesas, solo fueron anuncios de ayuda que nunca se cumplieron, a pesar de que el gobierno hondureño de Carlos Flores estaba bien acreditado con el factor confianza. No queremos ser fatalistas pero estas ayudas que ofrecen los organismos internacionales no siempre llegan, las promesas se quedan como fanfarrias en el espacio, sin tocar la tierra donde están las urgencias y los damnificados. A la burocracia internacional no es fácil conmoverla, ni aun enviándole rollos de tomas con las escenas que por lo conmovedor del contenido pudiera pensarse que desde Estados Unidos y Europa se compadecerán de la multitud de daños testimoniada con escenas reales de la magnitud de los daños.

El gobierno de Hernández ha hecho lo que concierne, acompañarse de Naciones Unidas para que sean funcionarios de este organismo los que avalen y acompañen el Plan de Reconstrucción de Honduras, porque en las circunstancias actuales cuando la confianza en el país quedó crucificada por la mala imagen que generó la empresa INVEST-H por su mala gestión de la compra de los hospitales móviles, es de cajón pensar que los organismos multilaterales de crédito querrán tener su propia supervisión en el plan de reconstrucción.

Y nos parece razonable que esa sea una condición de los organismos y que el gobierno hondureño de inicio ha aceptado, porque el acompañamiento de los visores internacionales libera al país de la suspicacia en el manejo de los recursos, que al ser bien invertidos producirá un circulante que impactará de manera positiva en cuanto a la cantidad de puestos de trabajo que surgirán conforme se ejecute el plan de reconstrucción de manera sostenible, que es la parte positiva que nos deja el desastre. Para reconstruir puentes y carreteras y una serie de obras destruidas en los próximos años el gobierno se convertirá en el principal empleador del país, porque el sinnúmero de obras que se deben reconstruir requiere miles de trabajadores en los cuatro puntos cardinales de la República.

Como el proceso de reconstrucción conforme el plan, deberá abordar trabajos y tareas en forma simultánea en las cuatro regiones del país, solo el gobierno, sin acompañamiento nacional e internacional, puede asumir un riesgo enorme en medio de tanta suspicacia que afectaría la credibilidad de todo el país, por lo que se impone que el plan de reconstrucción involucre a las organizaciones sociales desde un principio, aun los sectores que han demostrado una ferocidad implacable como críticos del gobierno. Es preferible que todos los sectores del país participen en las tareas de reconstrucción conforme sus capacidades, porque el tamaño de la catástrofe es inmenso y atañe a todo el país.

Hay que asegurar la transparencia de todas las operaciones que impliquen compras y adquisiciones, contratación de personal, de empresas y compañías  especializadas para hacer las obras. Hay que cerciorarse que se emplee solo mano de obra hondureña y que los profesionales que se contraten para reconstruir la infraestructura sean hondureños. No se debe permitir que empresas cuyos propietarios sean allegados al partido de gobierno monopolicen las obras, hay que diversificar la contratación en distintas empresas del ramo para que el circulante beneficie a la inmensa mayoría y no a unos pocos.

La transparencia en el desarrollo del plan de reconstrucción nacional es esencial y debe ser garantizada con la supervisión de los organismos internacionales, que aunque parezca algo penoso decirlo, es necesario en estos tiempos cuando lo que es dudoso y lo que es correcto es percibido de igual manera por una óptica especializada en tergiversar los hechos. En esto el gobierno de Hernández Alvarado, insistimos, debe solicitar de mutuo propio el acompañamiento de organismos internacionales y de las organizaciones sociales del país que han demostrado un celo pertinaz en todo momento en cualquier obra de gobierno. Este es un momento histórico para Honduras y la reconstrucción del país debe servir para reconstruir algo fundamental que se ha perdido entre los hondureños, que es el estado de confianza en la actuación de nuestras autoridades y organismos.

Que haya visores por todos lados y de todos lados será el antídoto perfecto para que las cochinas dudas no tengan cabida en el proceso de reconstrucción. Como decían en la antigua Roma, la mujer del César no solo debe ser honrada sino que debe parecerlo.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 20 de noviembre de 2020.

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