La muerte de Francisco Gaitán

noviembre 15, 2021

Juan Ramón Martínez

En los últimos cuarenta años, no habíamos concurrido a unas elecciones en un clima de odio y confrontación como el que estamos viviendo. El clima de hostilidad e intolerancia que se dispensa una parte del electorado hacia otro, es único en la historia del país. En el pasado, la hostilidad era desde el poder en contra de los opositores que buscaban por medio de los votos, descalificarlos y sacarlos del poder. Pero ahora, el clima de odio y violencia es entre los políticos. De la oposición con respecto al gobierno nacionalista presidido por Hernández Alvarado. Pero también dentro de la oposición: desde Libre en contra del Partido Liberal. E incluso, en el interior de Libre y en el Partido Liberal, se ha fomentado el odio y el afán de hacerle daño a los correligionarios que no les permiten que manejen diferencias, por mínimas que sean, referidas a las posturas partidarias y a la preferencia de unos líderes en detrimento de otros a los que se les ven menos posibilidades.



En este clima de odio, intolerancia y falta de respeto a la vida, la muerte de Francisco Gaitán, Alcalde Cantarranas, es una consecuencia. El odio anima a los que se consideran ofendidos, para ejercer la violencia física en contra de las personas que no piensan como ellos. La mano violenta que accionó el percutor para provocar la muerte de Gaitán, ha sido cultivada y animada por los irresponsables. Por los políticos y por los periodistas, especialmente. Y creció por el clima de impotencia, el encierro que produjo la pandemia y el sistema de libre portación de armas. Todos estos factores, activaron a la mano irresponsable para quitarle la vida a un hombre útil como Gaitán que, en el desempeño del cargo al frente de la municipalidad de Cantarranas, había demostrado su calidad de hombre útil y servidor de su pueblo que, en cuatro oportunidades, lo había reelegido. Ahora, esa mano cobarde, de un hombre odioso e irresponsable, le ha quitado a todo un pueblo, el derecho a elegir a sus propias autoridades.

El irresponsable que truncó la vida de Gaitán, se llevó de encuentro el honor de su propia familia, la honorabilidad de la ciudadanía de una población noble, de gente trabajadora y siempre dispuesta a tender la mano. Y puso en evidencia, hasta donde se ha deteriorado la moralidad de la sociedad hondureña, que ha pasado por alto las obligaciones de respetar la vida que solo Dios da; y que sólo Dios puede quitar. La falta de compasión por el otro, la ausencia de frenos morales que funcionan para impedir el ejercicio del arrepentimiento, están oxidados y puestos al servicio de la irresponsabilidad, la bellaquería y el alcoholismo. La familia del asesino, los conocidos del hechor y los conciudadanos del irresponsable que cegó la vida al alcalde Cantarranas y en general, la ciudadanía hondureña, están avergonzados por lo ocurrido. El llanto de la familia y los amigos de Paquito Gaitán, nos ha caído violentamente en la cara a todos. Porque al final de cuentas, todos los hondureños somos responsables por permitir que el odio domine la conducta de los más irresponsables; y, de los que, sin haberlo sido, se han visto cegados por la irresponsabilidad ciudadana.

Por ello, todos los hondureños, al margen de los partidos políticos, clase social o lugar de residencia, debemos condenar este hecho cobarde que, ejecutado por un irresponsable, se ha llevado de encuentra los valores del respeto a la vida y nos llenado de lodo la cara a todos los que queremos una vida mejor, llena de felicidad para todos.
Ante lo irreparable que significa la pérdida de un hombre probo, ciudadano capaz de alta vocación por servicio público, además de la condena a su muerte injusta e indecente, nos queda la responsabilidad de evitar que otros compatriotas caigan al suelo, heridos de muerte por la irresponsabilidad que ha permitido el clima de odio que desafortunadamente hoy nos rodea por todas partes.

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