La migración, prueba de debilidad y asimetría

julio 2, 2019

Honduras

Aunque la migración, forma parte de la actividad de la humanidad, la que se produce desde el Triángulo Norte hasta los Estados Unidos, es un fenómeno singular, con características especiales que hay que estudiar con la mayor objetividad. Sin prejuicios y mucho menos, sin la arrogancia que caracteriza a las mentalidades colonialistas con respecto a la conducta de las poblaciones de los países periféricos. Porque es aunque multi causal, es expresión directa de las relaciones típicas entre países de desarrollo asimétrico. Tan es así que, no vemos a los canadienses emigrando hacia los Estados Unidos, porque sus economías tienen un nivel similar, en tanto que si se produce entre México y Centroamérica, cuyas economías tienen un desempeño y una eficiencia inferior con respecto a los Estados Unidos.



Por ello, no creemos que las soluciones que se plantean, casi todas centradas en la fuerza y en el irrespeto a la condición humana de los emigrantes, sean las idóneas para resolver lo que en realidad es un problema central. No solo de los países recipientes, sino que fundamentalmente, de los piases expulsores de migrantes que dejan sus países originales, para aventurarse, huyendo o no, en el ingreso irregular en procura del sueño americano. En un periódico de España leemos esta tarde, que pese a que México ha desplazado tropas a sus fronteras, los migrantes siguen buscando, con la laboriosidad de las hormigas, agujeros fronterizos por los cuales introducirse en México en camino hacia los Estados Unidos. Sin que los riesgos los detengan, como lo ha confirmado Oscar Martínez y su hija Valeria Martínez, ahogados en el Rio Grande, que hace frontera entre México y Estados Unidos.

La solución entonces es reducir, la distancia entre las economías centrales y las periféricas. Por supuesto, sin pasar por alto que, es más fácil decirlo, que hacerlo. Y que, pese a más de cincuenta años de afirmar desde Estados Unidos que trabajan por el desarrollo de Centroamérica, los resultados que observamos son muy escasos. Por supuesto, en muchas cosas han cambiado; pero lo han hecho tan lentamente que, el crecimiento de los estados centrales, les ha rebasado, aumentando la asimetría entre las economías periféricas y las de Estados Unidos y Canadá. Entonces, el único camino que nos queda es, hacer un esfuerzo, como lo hiciera en su tiempo Estados Unidos, para crear sociedades libres y democráticas, con gobiernos al servicio del pueblo y economías basadas en el libre mercado y la inversión privada. Ello supone entonces que, los países centrales, no pueden pasar por alto su propia historia, impidiéndonos a nosotros seguir su camino. Un ejemplo de esta doble moral, la representan el origen de la energía, sin la cual es imposible mover y mantener una economía. Los países desarrollados, usaron la hulla y el carbón como fuente de energía. Ahora, cuando nosotros queremos reducir nuestra dependencia del petróleo, nos impiden el uso del carbón. Y además, mediante tratados comerciales engañosos, graban nuestros productos de exportación haciendo imposible un desarrollo en las condiciones en las que ellos lo hicieron.

Las maquilas – y duele decirlo – es la venta de mano de obra sin desplazamiento espacial. Pero cuando esa mano de obra llega a los 35 años, el tamaño de la oferta laboral es tan alta que, los empresarios se ven tentados a mejorar sus utilidades, contratando mano de obra más joven. Y la sobrante, entonces se traslada a Estados Unidos en donde el fenómeno es inverso. Allá, en la medida en que crece el bienestar los trabajadores, estos rechazan trabajos que solo pueden ser suplidos con la mano de obra barata de nuestros países que entonces, tienen la motivación para migrar hacia allá.

Detener a los migrantes, encarece la migración es cierto; pero la vuelven más atractiva. Mientras no haya simetría entre los países, de forma que moverse ya no sea necesario, la población migrante seguirá moviéndose desde la pobreza periférica, hasta las economías centrales, en donde hay espacios vacíos, en donde ellos pueden conseguir mejores ingresos que en sus países de origen.