La medicina es ciencia, no suicidio

julio 22, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Es preocupante la gran cantidad de médicos y enfermeras que están acabando la jornada de su vida en esta pandemia, por cumplir de manera abnegada en sus puestos de hospitales, lo que evidencia que el coronavirus tiene un alto riesgo aun para los profesionales de la salud que tienen todos los conocimientos y elementos de juicio para evitar el contagio y para cuidarse. Es casi seguro que la mayoría de los médicos y enfermeras que han fallecido eran personas adultas con un alto nivel de vulnerabilidad, pero su pérdida, además del pesar humano que representa descontar a cada profesional de la medicina, es ver cada día que la pandemia nos está arrebatando a médicos especialistas con mucha experiencia.



Esto debe obligar al sistema de salud, a los dirigentes del Seguro Social y en general a las autoridades públicas, a realizar una evaluación inmediata de todo el personal médico y de enfermería desde el aspecto de salud, para retirar de la primera línea a todos aquellos profesionales mayores de edad y en situación vulnerable, porque al ritmo con que se va contabilizando la pérdida de médicos y enfermeras con trayectoria, nuestro cuadro profesional de especialistas médicos quedará muy reducido. Es asunto de responsabilidad y de humanidad preservar en todo lo que se pueda los profesionales médicos y enfermeras que por ser mayores de edad y en situación de vulnerabilidad  pueden aportar sus experiencias a través de los doctores y enfermeras jóvenes, físicamente mejor dotados para este momento.

La medicina es ciencia y conocimiento y agregada la experiencia a estos dos elementos, hacen de un médico y una enfermera con trayectoria los baluartes que se requiere en los cuadros profesionales del país. Nuestra legislación en el ramo de salud pública no contiene ningún precepto que establezca la obligación del personal médico y de enfermería a arriesgar la vida. Un médico o una enfermera que padecen de diabetes, y a la vez son hipertensos y en edad adulta, mayores de cincuenta años, son personas vulnerables que no deben estar en la primera línea de batalla contra la pandemia, porque el Estado se expone a perderlos por el contagio, como está sucediendo. En esta situación debe haber un sentido de responsabilidad humana de los funcionarios de salud y del Seguro Social. El juramento hipocrático que es el frontispicio de toda norma ética en el desempeño profesional, no exige a un médico poner en riesgo su vida para salvar la del paciente.

Otra cosa es cuando los ciudadanos reclamamos a los médicos por abandonar sus puestos para sumarse a manifestaciones por reclamos salariales o por integrarse a grupos políticos de oposición como lo está haciendo el actual Colegio Médico de Honduras, porque en esas circunstancias, cuando los médicos abandonan sus puestos y hasta incitan a sus colegas a abandonar los hospitales, entonces si se violenta el juramento hipocrático. Si bien es cierto que el Código de Ética de los médicos, dice que el médico se debe a su paciente y especialmente a la salud de este, y que no puede negar la asistencia a la persona aún a costa de un riesgo personal, ni siquiera en situaciones de pandemia, hace la salvedad cuando existe un riesgo vital inminente e inevitable para su persona, como es el hecho de ser vulnerable por padecer de enfermedades crónicas como la diabetes e hipertensión.

Por lo tanto, se hace imperativo que las autoridades de Salud y del Seguro Social procedan a revisar la lista de médicos y enfermeras que están en condición de vulnerabilidad, mayores de 50 años, que padezcan diabetes, hipertensión o cualquier otra enfermedad crónica, para que se les retire de la primera línea de combate al COVID-19 y se les preserve haciendo tareas que conforme su especialidad y experiencia deben ser considerados un recurso valioso para el ramo de salud. Y esto no debe ser visto como una concesión de privilegio. Hay que revisar lo que ha pasado en estos cuatro meses de pandemia, cuando muchos médicos se mantuvieron en forma heroica atendiendo en sus puestos de hospitales a los pacientes contagiados, y varios de ellos que han perdido la vida no disponían del suficiente y eficiente material protector médico para protegerse del virus, un problema de carencia que no solo se dio en Honduras sino en casi todos los países.

Allí estuvieron todos estos médicos y enfermeras que ya no están con sus familias ni en sus hospitales, porque fueron requeridos por el sistema para enfrentar el virus y muchos de ellos se contagiaron, algunos se recuperaron y ya están de vuelta en sus puestos, pero los que por tener mayoría adulta y padecer enfermedades crónicas, no pudieron resistir el embate letal del coronavirus. Perfectamente se hubieran resistido a prestar la asistencia en esos momentos, pero se mantuvieron firmes en sus puestos a costa de perder la vida.

Como jamás los médicos habían asumido un reto incomparable en el ejercicio profesional, muchos de ellos lo hicieron hasta para probarse, habiendo perdido el reto del orgullo profesional. Son cosas que pasan cuando a una persona le brota el orgullo para no sentir que ha perdido su dignidad como profesionales y como humanos. Pero ante las circunstancias que están imperando y que por los augurios de los expertos persistirán por largo tiempo, excitamos al gobierno, a las autoridades de Salud y del Seguro Social, a que actuando en el marco del respeto a la condición humana, se proceda a dar un trato considerado a los médicos y enfermeras de edad en condición de vulnerabilidad por las enfermedades crónicas que padecen.

Hay casi 8 mil médicos jóvenes desempleados, muchos con especialidades, es el momento de darles oportunidad para que reemplacen a los médicos adultos vulnerables. Es un deber moral cuidar a los que nos han cuidado por tantos años. Es justo hacerlo ahora con todos estos profesionales que han hecho más allá de lo exigible.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 22 de julio de 2020.