La mayoría intimidada

mayo 31, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los hondureños corremos el riesgo de acostumbrarnos a que unas minúsculas minorías nos condicionen la vida, convocando a la violencia como instrumento de presión para obtener propósitos económicos y políticos, y después con el mayor descaro del mundo se apersonan a los organismos de derechos humanos a culpar a otros de los daños que ellos han inducido y liderado.



Los paros que ha habido estos dos últimos días son responsabilidad de los directivos del Colegio Médico y de los dirigentes de los colegios magisteriales, acciones que han degenerado en espectáculos grotescos de vandalismo y saqueo, y que los ciudadanos hondureños parecen aceptar con inmensa paciencia o resignación. El paro nacional, como lo denominó la presidenta del Colegio Médico y varios dirigentes magisteriales, ha sido contraproducente para la convivencia y para la higiene democrática. Primero pidieron que el Congreso Nacional no aprobara los dos decretos introducidos por el Poder Ejecutivo para transformar los sistemas de educación y salud, y lo consiguieron, el presidente del Congreso Nacional, muy condescendiente para favorecer la tranquilidad social retiró los dos proyectos. Pero el Colegio Médico y los colegios magisteriales fueron por más, pidiendo que se deroguen otros decretos, los famosos PCM, que fueron aprobados anteriormente, con el sambenito de que además de propiciar despidos masivos buscan privatizar la salud y la educación.

En lugar de atender el llamado al diálogo que les solicitó el gobierno para estructurar un pacto nacional por la salud y la educación, convocaron al paro de dos días, que dejó como consecuencias pérdidas millonarias por saqueos a varios locales comerciales y atentados a misiones diplomáticas. Una vez hecho el daño, la presidenta del Colegio Médico, a la usanza de los líderes radicales, llegó este día al CONADEH, buscando curarse en salud con el típico argumento “yo no fui” acusando que los cuerpos policiales, además de represivos, son los que han hecho los saqueos. Para cinismo y maldad no hay mejor ejemplo que este que ha dado la presidenta del Colegio Médico doña Suyapa Figueroa.

Los pequeños grupos manifestantes, que han logrado convocar unas veces un par de miles de personas, se concentran en un lugar y luego se dispersan por varios lugares causando daños. Pero lo significativo es que, cuando los dirigentes del Colegio Médico y colegios magisteriales acuden al CONADEH, en este organismo enarbolan la bandera del parcialismo, con la cual se arropan hasta los ojos para no ver intencionalmente los daños causados en la propiedad privada por los manifestantes agresivos, y el lucro cesante que estos le provocan a todos los sectores que pierden su día de trabajo, mermando los ingresos que les producen sus actividades comerciales, de los que viven ellos y sus familias.

El CONADEH desnaturaliza y desacredita el verdadero papel de defender los derechos humanos, porque olvida que la policía está para reprimir el delito y para salvaguardar la vida y los bienes de los ciudadanos; pero al asumir CONADEH la defensa de las movilizaciones, que no se limitan a andar con pancartas o gritar, sino que agreden con pedradas, incendian y saquean locales comerciales, incendian vehículos públicos, y atacan misiones diplomáticas, el CONADEH hace el triste papel de defensor de agresores, que al saberse protegidos por este organismo, de antemano saben que tienen la venia para pasar del grito y del insulto, que no es mayor cosa, al ataque contra la propiedad privada y los bienes públicos.

El CONADEH no puede seguir funcionando así, el comisionado Roberto Herrera Cáceres, que es profesional del Derecho, ha dejado de ser un instrumento del Estado para hacer cumplir la ley y proteger los derechos humanos de los ciudadanos, para convertirse en un escudo en el que los que salen en movilizaciones agresivas a hacer daño, tanto a los bienes privados como a los públicos, encuentran la benevolencia protectora, que los motiva a preparar nuevas movilizaciones agresivas.

Si el CONADEH sigue actuando de la forma como lo está dirigiendo el comisionado Roberto Herrera Cáceres, se ganará la desconfianza, por no decir el desprecio, de los sectores de la sociedad, especialmente los que activan el aparato productivo, motor de la economía nacional, que sufren en carne viva los daños que dejan los paros, en que estas minorías imponen su ley del desorden.

Y si el CONADEH se obstina en hacer imposible que, así como los médicos y los profesores quieren lograr con su método de provocar movilizaciones agresivas, las autoridades cumplan con su deber de proteger los bienes y derechos de los ciudadanos, podemos llegar al extremo que el Estado no pueda cumplir con su deber de protegernos a todos los que no vamos a la calle a agredir a los demás, y entonces la mayoría de los hondureños quedaremos indefensos ante los manifestantes agresivos gracias al manto protector del CONADEH, que bajo la sombra del comisionado Herrera Cáceres, se ha convertido en defensor complaciente de personas agresoras.

La lección que nos envía el comisionado Herrera Cáceres es que seamos respetuosos de las agresiones de las minorías agresivas. Y que la mayoría de ciudadanos, que no salimos a la calle a apedrear ni a incendiar locales ni a paralizar la vida económica del país, apadrinemos la violencia de estas minorías, que nos acostumbremos a ser una mayoría siempre intimidada por estos grupos, todo sea por la estructura de convivencia de los derechos humanos que practica el CONADEH bajo la conducción de don Roberto Herrera Cáceres.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 31 de mayo de 2019.