La liga de los tiburones

junio 29, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Por el escándalo de la compra de hospitales móviles por INVEST-H, se podría escribir no una novela porque no da para tanto, pero si un buen cuento, con personajes de dentro y fuera del país, con moraleja y todo lo demás que exige la pieza literaria. Porque la gente pudiera pensar que, este tipo de negocios donde está presente la corrupción, se dan porque liebres como el señor Marco Bográn solo hacen sus cuevas en Honduras, pero cuando se habla de negocios del tamaño de la compra de los hospitales, sepa usted que allá afuera, en el mundo, existe la «liga de los tiburones» integrada por verdadero cracks de las marrullerías comerciales, que viven al acecho de los negocios de Estado, que en estos países latinos los realizan funcionarios de gobierno o de entidades que trabajan incorporados al gobierno con rangos de alto vuelo.



En este cuento hay que comenzar diciendo que en Turquía hay una diversidad de empresas dedicadas a fabricar equipos y materiales para hospitales y centros de salud, entre ellos hospitales de guerra y hospitales para emergencias como la pandemia del coronavirus. Turquía es una economía grande en Europa, sus empresas dedicadas a estos rubros son transnacionales que venden sus artículos a nivel internacional, por lo que deducimos que Marco Bográn se orientó en esta referencia que data en los catálogos de ventas internacionales. Cuando una empresa turca entra en relación con un intermediario para venderle hospitales o materiales para un país, le exige una serie de requisitos, que si el intermediario no los cumple no le abre la posibilidad de la venta. Porque así se lo exige el gobierno de Turquía.

Una vez que el gobierno de cualquier país hace un adelanto a una empresa turca, esta queda comprometida con el cliente y con su propio gobierno, porque en Turquía cada venta que hace una empresa compromete el prestigio del país. Y estas operaciones son rutinarias, según consta en el historial que existe en ese país, que está en los portales oficiales y de las empresas de Turquía. En el intermedio de las operaciones, como es natural no faltan otras empresas que quisieran hacerse del negocio, recurriendo a métodos que son verdaderas artimañas para comerse el mandado y llevárselo a sus cuentas. Este es un grave problema que existe también en otros países, donde hay «quita-negocios» que son famosos por entrometerse abiertamente para desbaratar arreglos comerciales que parecían concretados y que al final se les caen de las manos a los iniciadores.

No tenemos detalles si esto pasó en la tantas veces mencionada operación de INVEST-H con la empresa turca, lo verdaderamente inadmisible es que Bográn aceptó pagar un sobreprecio por los hospitales en desmedro de la nación hondureña, obviamente con un beneficio, agregada a la negligencia de comprar en forma tardía, enseres que resultaban urgentes cuando se anunció hace más de tres meses la llegada de la pandemia. Pero si Marco Bográn, que pareciera tener el cuero más duro que el de un cocodrilo, es toda una liebre haciendo compras y adquisiciones, los que están afuera del país son verdaderos tiburones. Y esos suelen tener conexiones con otros empresarios hondureños que viven a la vigiona de este tipo de negocios y que entran en recelo cuando se enteran que gente ligada al gobierno se reparte con la cuchara grande haciendo compras sobrevaloradas.

El pueblo hondureño debe saber que este tipo de operaciones estarán y han estado en el futuro pasado, porque se han hecho en años y gobiernos anteriores y que se siguen haciendo, porque en el país no se ha implementado un sistema de compras y adquisiciones que no permita que negocios de cualquier cuantía sean efectuados por funcionarios de gobierno. Por lo general, cuando hay compras de emergencia se dan estas operaciones que hasta el final son cuestionadas por las organizaciones de sociedad civil, que actúan como auditores sociales sin ánimo de prevenir la corrupción, sino de sentirse como héroes destapadores de escándalos.

Ahora bien, los tiburones extranjeros, que son otras compañías competidoras que se disputan entre unas y otras los negocios de Estado, tienen sus socios en estos países, y una buena cantidad de ellos tienen doble función: la de comerciantes y agentes consulares. En Honduras es común ver en las paredes de las residencias de grandes empresarios los escudos de varios países europeos y asiáticos, lo que algunas veces nos ha llevado a preguntarnos ¿qué servicio consular les pueden ofrecer a países que están en la lejana Europa y el todavía más lejano continente asiático estos empresarios? Solamente uno: el de poder aprovechar los negocios de Estado usando el privilegio de la cartera diplomática que no es poca cosa en el campo de los negocios.

Desde el primer momento que Marco Bográn estaba tratando con una empresa turca la compra de hospitales móviles, aquí en Honduras ya sabían los detalles del trato, porque los celosos tiburones del extranjero vieron que el negocio se escapaba a otras manos. Pero como se habrán dado cuenta un poco tarde, entonces solo les quedó armar el berrinche para ensuciarle el pastel a Marco Bográn, que muy merecido se lo tuvo por querer ganarse unos buenos milloncitos de más a costa de la nación hondureña. Hoy Bográn dicen que renuncia, pero que de cualquier manera, renuncia o renunciado, deja una estela oscura que flotará con el sello de la afrenta dañando el nombre de su familia que es el peor castigo que un hombre le puede dar a su familia. El castigo de la vindicta pública.

LA MORALEJA EN ESTE CUENTO es que Honduras ya debería tener un sistema de compras y adquisiciones que no sea encargado a funcionarios de gobierno, porque como hay tantos casos de corrupción en estos procesos, lo mejor es blindar las compras como se ha hecho en el rubro de las medicinas.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 29 de junio de 2020.