La lección es no cerrar las escuelas

enero 3, 2022

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Hablar solo de la recuperación económica del país es una solución parchada, menos que eso, porque al olvidarse de la educación, que es lo fundamental, los políticos y los economistas incurren en una omisión lamentable, es quizás el olvido más ominoso, sin duda el error más trágico que ha cometido la clase política a lo largo de la historia hondureña. En el equipo de transición que prepara los actos para que el nuevo gobierno asuma la conducción de nuestro país, apenas han hablado un par de veces de reabrir las escuelas este año, pero sin la suficiente convicción que debería mostrar en público.



El primer funcionario del nuevo gobierno que ya debería estar trabajando, aunque no asuma la cartera de manera oficial, es el ministro de Educación, porque la buena intención de reabrir las aulas debe tener en cuenta el brote de la variante Ómicron, que ha hecho entrar en dudas a las autoridades de EEUU, país en el que ya se decidió reabrir las escuelas, no obstante la oposición de ciertos políticos que consideran de alto riesgo reabrir las aulas en los días que la variante Ómicron se ha desatado en varios Estados de la Unión Americana.

Sin embargo, en el debate las opiniones en favor de la reapertura de las escuelas son superiores, son millones de padres de familia y profesores los que se pronuncian que un cierre de las escuelas sería un trágico error, y no debería considerarse como opción. El argumento a favor de mantener abiertas las escuelas se basa en dos factores que han sido constantes desde el inicio de la pandemia del COVID-19; uno: el riesgo de que haya resultados graves para los niños si se infectan de coronavirus es bajo, y dos: los riesgos para los niños si están fuera de la escuela son altos. Sobre los riesgos del COVID-19 se toman en cuenta las valoraciones de las asociaciones pediátricas que llevan un estudio constante a lo largo de la pandemia y los datos disponibles es que los niños están más seguros dentro de las escuelas que fuera de ellas. Estos datos, sin embargo, no pueden considerarse del todo válidos para el ambiente hondureño, debido a las precariedades que existen en los centros escolares públicos, donde el gobierno debe hacer una fuerte inversión para rehabilitar los servicios de agua potable, reparar los baños y en general mejorar las condiciones higiénicas de las escuelas.

Sin embargo, no obstante los datos preliminares, en casi todos los países hay una inclinación por reabrir las escuelas, partiendo que durante estos dos años la educación por la vía virtual no ha sido lo mejor para los niños y para el país, las limitaciones en Honduras por lo reducido del alcance del internet es un factor que corre en contra de pensar que la educación virtual es una solución en tiempos de pandemia. Los resultados están a la vista en todos los países, el internet es bueno en ciertos casos, pero para suplir la educación presencial no da la talla, porque son muchos los niños los que no tienen este servicio y son menos los que tienen condiciones favorables para ser estudiantes por el conducto virtual.

Una cosa muy cierta es que los daños que padecen los niños por estar fuera de las escuelas son más graves que permanecer en las aulas, mientras se va acumulando la cesantía de conocimientos por no asistir a las clases de manera presencial. El aprendizaje en línea no es igual al aprendizaje presencial. Un informe de la organización McKinsey, que examinó los efectos del COVID-19 en el ciclo académico 2020-2021 mostró que la pandemia  causó un rezago de cinco meses en matemáticas para los estudiantes y de cuatro meses en comprensión lectora. Las escuelas públicas y privadas están registrando pérdidas profundas, según un estudio independiente que analizó el impacto del aprendizaje a distancia. Ahora hay dos clases de presiones en EEUU, de parte de los sectores que piden la apertura de las aulas y los que se oponen argumentando que la variante Ómicron es una amenaza para la salud de niños y profesores.

Como no nos podemos guiar por los parámetros de otros países, sugerimos que el nuevo ministro de Educación asuma interinamente en coordinación con el actual ministro de Educación, para trabajar en una transición especial en el campo educativo. Si queremos que las escuelas hondureñas reabran las aulas, debe procederse con un operativo gigantesco para sanear los centros escolares, reparar baños y lavabos, rehabilitar los servicios de agua potable, dotar a todas las escuelas con mascarillas, frascos de gel-alcohol y adiestrar a los profesores para que efectúen una ronda sistemática entre los niños procurando que no se bajen la mascarilla y que, al salir y entrar del aula se aseen con alcohol-gel. Es decir, no se debe reabrir las aulas en medio de titubeos, sino proceder de manera rigurosa para que los niños se apeguen en forma disciplinada a cumplir las medidas biosanitarias. Nos dirán que tratándose de niños la disciplina es algo complicado, pero esto del todo no es cierto, a los niños se les puede educar de manera civilizada orientándolos sin groserías ni abusos.

El asunto es que si se toma la decisión de reabrir las escuelas en febrero o marzo, hay que hacerlo ordenadamente acompañando la decisión con las medidas biosanitarias. El rezago educativo no se podrá enfrentar manteniendo cerradas las aulas. Será imprescindible establecer una vigilancia efectiva en las aulas por si algún niño muestra malestar o síntomas, y los profesores deben estar adiestrados para buscar la ayuda médica más inmediata.

Y las pruebas deben ser puestas al alcance de todos los centros escolares. Si un niño da positivo en una prueba del COVID, o si tiene algún síntoma, debe quedarse en su casa. Pero si resulta negativo, tiene que ir a la escuela. Es el proceder que debe implementarse en Honduras. No hacer nada y mantener cerradas las escuelas no es la mejor opción, es la salida más fácil pero la más negativa para los niños, para los padres de familia y por supuesto para Honduras.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 3 de enero de 2021.

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