La lacra de la corrupción

julio 23, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El ciudadano Jorge Bueso Arias es uno de los hondureños que se mantiene vigilante de los asuntos de Estado, especialmente aquellos en los que asoma la cara de la corrupción. Este día me decía que es evidente que en la operación de la compra de los hospitales móviles por INVEST-H, el precio se sobrevaloró encareciendo el costo de los mismos en una suma escandalosa lo que pudo haberse evitado. Estamos de acuerdo con don Jorge Bueso Arias que la corrupción es determinante para la pobreza que abate a una gran parte de la población y que incide en términos generales en los niveles de pobreza de la nación hondureña.



Cuando nos remontamos a otros episodios históricos de la administración pública hondureña donde ha habido actos de corrupción, no lo hacemos para justificar los hechos que se cometen en estos tiempos, más bien es para lamentar que en Honduras no ha habido un gobierno al que no se le impute este mal que tanto daño nos hace como país, no solo por el dinero que se embolsan los funcionarios que cometen irregularidades en complicidad con personas afines que se inmiscuyen en negocios de Estado. El caso de la compra de los hospitales móviles ha tocado las fibras de la dignidad de casi todos los sectores del país por tratarse de estructuras fundamentales para dar atención a los compatriotas que resultan contagiados por el coronavirus.

Y hay justificadas razones para que se haya fermentado un estado de indignación y malestar en la nación, porque cuando una persona asume funciones públicas para hacer negocios de Estado en una situación crítica tan excepcional, debe hacerlo con toda la abnegación que el momento exige en un funcionario correcto y con todo el compromiso con los hondureños. Los responsables de INVEST-H no actuaron atendiendo esta obligación moral, hicieron una compra de una cuantía superior siguiendo las reglas rutinarias que ha sido la costumbre en casi todos los gobiernos, que es comprar donde encuentran la mejor conveniencia para lucrarse, y no donde está la mejor oportunidad para hacer la compra en beneficio del Estado.

Este ha sido un mal de muchos funcionarios hondureños, pero que no es de ahora, porque podemos hacer un inventario desde los gobiernos militares hasta el presente para revisar las operaciones escandalosas. Tampoco es cierto que esta sea la mayor estafa del siglo como lo dijo don Carlos Hernández de ASJ, que por lo visto desconoce la historia de la corrupción en nuestro país. Esta es otra estafa más, si es que al final la compra de los hospitales móviles queda tipificado en ese rango delictivo, porque, nos parece que esta novela todavía está en la etapa del nudo, donde toda la trama de la historia se enreda, pero nos resta ver el desenlace. Y por la experiencia que hemos tenido, denunciando e investigando casos de corrupción, desde el ‘Bananagate’ en 1975, pasando por las estafas y saqueos que hubo durante tres años en la tristemente célebre Corporación Nacional de Inversiones CONADI a finales de los 70 e inicio de los 80, donde el Estado perdió más de 125 millones de dólares de aquellos años, que terminamos pagando los contribuyentes, podemos decir que esta mala compra hecha por INVEST-H es apenas otra de las tantas estafas hechas por personas sin conciencia ciudadana, engolosinadas por la ambición del enriquecimiento fácil a costa de los dineros públicos.

Con la certeza de que esta mala compra no se va a quedar impune, porque cualquier estimado, por muy grande o mediano que sea el monto en materia de sobrevaloración de precios, será una prueba contundente para que los fiscales encausen judicialmente a Marco Bográn y demás responsables de esta gestión, dolosamente dirigida al aprovechamiento personal, en momentos de aflicción y desgracia que sufren miles de compatriotas que requieren atención médica.

Lo lamentable es que este proceder de los responsables de INVEST-H es un lunar oscuro que empaña la parte encomiable desarrollada por el gobierno de Hernández, al que no se le puede desconocer la actividad dinámica desplegada para extender la cobertura de atención en esta pandemia, no obstante la debilidad del sistema de salud del país, que igual que en los demás países no estaba preparado para enfrentar la avalancha de tareas que se requieren para encarar una pandemia.

Pero volviendo al punto de la compra de los hospitales móviles por INVEST-H, podemos decir con el aval de la experiencia que tenemos de observar y denunciar hechos como este, incluso de mayor dimensión y cuantía económica, que esta ha sido solo una parte específica de la historia de la corrupción, en la que pesa mucho el aspecto sensible de saber que quienes hicieron esta gestión en momentos en que ya se sabía que se nos venía encima una pandemia que estaba arrollando los sistemas europeos de salud, no se pusieron la mano en la conciencia para pensar que una mala compra, hecha con retraso por ineficacia del gestor, y de paso sobrevalorando los precios de los mismos en detrimento de los dineros de Estado, era un doble pecado que nunca quedaría oculto a los ojos de la vindicta pública ni fuera del alcance de los brazos de la justicia.

Sin embargo, a pesar de que sobre esta compra ha caído toda la saña de la suspicacia, y Bográn y sus colaboradores ya han sido demolidos por la vindicta pública, habrá que esperar el resultado de las investigaciones de los organismos del Estado, Ministerio Público y Tribunal Superior de Cuentas, en los cuales recae la responsabilidad de identificar el dolo y el aprovechamiento ilícito de los autores de la mala compra. Al resto de los hondureños nos corresponde esperar de manera responsable, sin pretender asumir el papel de jueces que solo recae en los tribunales, aunque todos ya asumimos el papel de verdugos de Marco Bográn, al que ya decapitamos antes de haber sido encontrado culpable y condenado por los jueces.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 23 de julio de 2020.

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