De la justicia al linchamiento

septiembre 25, 2018

Última línea con Juan Ramón Martínez

 

Honduras



El que la acción humana, especialmente la colectiva, se haya orientado hacia las graderías, buscando el aplauso y la gritería, ha afectado el corazón de la vida social. La justicia, por ejemplo, ya no es el tranquilo proceso en virtud del cual, se le da a cada uno lo suyo, sino que un espectáculo ruidoso, –en que la calle ha sustituido a la judicatura– y que la ley y la razón, han sido derrotados por las pasiones más bajas, especialmente las relacionados con lo peor que tenemos dentro, los seres humanos. Cualquiera que cometa una falta – violación a la norma legal vigente que todos, por ficción jurídica debemos conocer– ya no es inocente, sino que culpable. Y los medios de comunicación – ninguno de los cuales ha sido demandado hasta ahora – exhiben al indiciado o incluso al simple sospechoso, como si fuera culpable. No con el fin de aportar elementos verdaderos para que la autoridad los aproveche en el momento de hacer su decisión, sino que para condenar públicamente, en el ánimo de satisfacer insanas venganzas primitivas. O para lograr aplausos e incluso, canonjías y favores del público o del poder.

Una médico especialista en cirugía general, sospechosa de ser responsable de olvidar una pinza en el abdomen de una enferma terminal – acaba de ser presentada ante la opinión pública, fotografiada entre dos “servidores” de la justicia, con el fin de avergonzarla, ajusticiarla y destruirla. Nadie ha hecho una investigación del asunto. Poco importa, en este inmediatismo cruel, en que lo que interesa son los resultados inmediatos, con los cuales engañar a la opinión pública trasmitiendo ideas de suficiencia y capacidad, no la verdad. Nadie ha pensado siquiera lo que significa la tensión, las urgencias y las decisiones que, hay que tomar en una operación quirúrgica. Ni tampoco sabe cuál es el número de instrumentos de los que se tiene que echar mano. Y en las condiciones en que la sangre empapa todo, e incluso impide la sangre derramada, el ejercicio visual sobre algunos equipos pequeños o medianos. O simples gasas usadas para limpiar las áreas cubiertas por el material sanguíneo provocado por las rupturas y cortes necesarios.

La justicia entonces, ha dejado de ser tal, para convertirse en una acción vengativa en la que, todos estamos amenazados. Como le decía a un colega investigador, en el área de la medicina, hoy es a la cirujano que se condena, se le destruye su reputación, afectándole su familia y lo más grave su orgullo y su dignidad. Mañana serán otros: empresarios, periodistas, profesores, médicos, veterinarios, políticos, escritores y analistas, académicos; o en general, cualquier ciudadano de a pie, al cual le toque la desgracia de estar en el lugar equivocado, en el tiempo equivocado.

Como esto no debe continuar, hay que empezar por rescatar el concepto original de la justicia; recobrando el respeto por la persona humana y la defensa de la presunción de inocencia, como columna vertebral del Estado de derecho. Continuar como hasta ahora, en un presentismo barato, en que importa muy poco el respeto al honor y la dignidad de las personas, nos llevara aumentar la inseguridad, a frenar la libertad y a limitar la acción individual. Y sin posibilidad de retorno, porque quien es objeto del desprestigio, la maledicencia y la agresión mediática para satisfacer el morbo, al final, cuando hayamos banalizado todos los juicios, terminaremos temblando del miedo; o aceptando que, aquí todos somos delincuentes, culpables y disolutos que debemos estar encarcelados. Honduras no será, entonces una nación, sino que una cárcel inmensa, bajo la dirección de fascistas amenazantes de la libertad de todos que, para unos y otros, no será más que un recuerdo.

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