La imprescindible continuidad institucional

agosto 21, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Huelga decir que vivimos tiempos difíciles en medio de una pandemia que ha puesto al país contra el paredón, por lo que se entiende que cunda el desánimo entre muchos hondureños y no pocos son los que creen que de esta encrucijada nuestro país estará condenado a regresar a la época de los años 50, algo que raya en el pesimismo extremo, porque si revisamos nuestra historia que ha estado llena de vaivenes en casi todos se han hecho grandes esfuerzos y con el apoyo de la cooperación internacional Honduras logró avances importantes para no caer en los niveles de miseria en que viven muchos países en el mundo.



En este momento, quizás el más difícil de la historia hondureña, se necesita firmeza en todo sentido, especialmente una firmeza que pasa por la defensa de la continuidad institucional. Entre el batallar que tenemos contra la pandemia y los demás problemas que son tradicionales, como son los de salud, educación, empleo, etc., no debemos perder de vista la necesidad de defender la continuidad institucional que viene desde finales de los años 70. Y que solo ha tenido la disrupción de la reelección en el 2017, pero que se dio con la complacencia de los partidos de oposición, que como lo hemos repetido infinidad de veces, no se opusieron como pudieron haberlo hecho en el momento que el TNE hizo la convocatoria a elecciones, creyendo que la reelección le funcionaría mal al PN.

Lo ocurrido en el 2009 no fue una tragedia constitucional como la han querido hacer aparecer los militantes de LIBRE, seguidores del ex presidente Zelaya, aunque hay que admitir que fue una atroz sacudida en un momento dado en que Zelaya quiso cortar por completo el hilo de la historia democrática que los hondureños llevamos décadas hilvanando, al pretender adherir a nuestro país al socialismo del siglo XXI, que al haber chocado en Honduras con una poderosa oposición que le bloqueó el avance, poco a poco vino deshilachándose hasta quedar en la penuria del chavismo al mando de un trastornado como Nicolás Maduro y con el pequeño dinosaurio nicaragüense, Daniel Ortega, que apuesta por la tiranía igual como los Somoza en los años 50.

Honduras sigue trabajando por la continuidad constitucional, estando apenas a unos 7 meses de la celebración de elecciones primarias donde los dos partidos históricos, Nacional y Liberal, elegirán a sus candidatos a la presidencia, a las diputaciones y a las alcaldías, el PN, en medio de sus problemas internos y del desgaste natural por tener tres períodos de gobierno, sigue manteniendo el imán capaz de atraer a todas sus fuerzas internas que deben unirse. Quienes crean lo contrario es porque no han aprendido a leer el mapa político hondureño. El PN sigue siendo el mismo partido conservador por tradición, por naturaleza sigue manteniendo una organización estructural vertical, atrás dejaron el esquema que viejos líderes como Ricardo Zúniga quisieron imponerles a los nacionalistas, eligiendo candidatos de dedo, cuando aprendieron que aunque las elecciones primarias son complicadas, al final de cuenta son fundamentales, porque vigorizan la movilización interna y es por esa línea vertical como terminan uniéndose alrededor del líder triunfador. Así surgió el callejismo, que heredó un estilo de trabajo a los candidatos que posteriormente ganaron elecciones: Ricardo Maduro, Pepe Lobo y JOH. La ventaja del PN es que, ha tenido su censo electoral actualizado al día, saben dónde están sus electores y como alimentar sus bases con nuevos militantes.

El que preocupa es el Partido Liberal que pareciera no tener remedio estando en manos de personas que no piensan en el futuro de este gran partido, y que sin embargo, en su despropósito cuentan con la complicidad de líderes departamentales que se han convertido en potentados en sus pequeños reductos locales, apostando más por sus intereses particulares que por la urgencia de tener un nuevo liderazgo que haga despuntar al PL entre miles de jóvenes que en estas elecciones estarán aptos para votar, un nuevo líder con la capacidad de transmitir un mensaje que siembre las esperanzas en esta nueva generación que está ansiosa por oír el compromiso de los políticos.

Caminar hacia el despeñadero, que es la dirección al que llevan al PL Luis Zelaya y sus cómplices, es trabajar por la destrucción de este gran partido, porque si la idea de hacer alianza con Salvador Nasralla es para ganarle al PN, al final el único ganador será Nasralla y el gran perdedor será el PL, porque por primera vez el PL haría el triste papel de partido bisagra para facilitarle a otros  el acceso al poder a cambio de unos pequeños mendrugos que serían los cargos que Nasralla podría darles a Luis Zelaya y sus cómplices en la conformación del gobierno.

El PL como está actualmente  no tiene idea de cómo reconstruirse, que es el camino que le toca andar, porque la obsesión que como una fiebre calienta la cabeza de Luis Zelaya y sus cómplices, es la de unirse a Nasralla para ganarle a los nacionalistas. Y esa unión tiene posibilidades de conseguir el objetivo de sacar a los cachurecos del poder, pero con el costo gravísimo para el PL de que al perder su identidad como un gran partido decisor, quedará condenado a ser otro partido pequeño que se conforma con prestarse de escalera para que otros asciendan. En estas circunstancias, también perderá la plataforma democrática hondureña, porque al ganar Nasralla la democracia quedará solo con un sostén, y con un resto totalmente atomizado, formado por partidos medianos y pequeños.

Esta es la amenaza que se cierne sobre la institucionalidad democrática de Honduras, algo que debemos valorar los hondureños que queremos seguir viviendo en democracia, no porque esta sea la mejor forma de vida, sino porque es la única que nos permite a las personas vivir y desarrollarnos en libertad. Que esto no es poca cosa, y sino pregúnteles a los miles de cubanos, venezolanos y nicaragüenses que han preferido el exilio al infierno que hoy se vive en sus respectivos países.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 21 de agosto de 2020.

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