La Honduras que viene

enero 4, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Una pregunta que todo hondureño debería formularse es si en Honduras han dejado de existir las capacidades nacionales, tanto en el gobierno, como en las instituciones, en las empresas públicas y privadas, en los partidos políticos, en las asociaciones y grupos cívicos de la sociedad, en los medios de comunicación, que tengan la visión necesaria para enfrentar el reto que tenemos no solo por la pandemia, sino por la necesidad de reconstruir todo aquello que fue dañado por el paso de dos huracanes consecutivos que no dejaron dibujados sus daños, sino que provocaron un hueco económico de más de 45 mil millones de lempiras conforme los primeros análisis que hicieron los expertos de la CEPAL.



Tanto la pandemia como los huracanes nos dejaron una seria interrupción en la vida nacional por lo que los hondureños deberíamos emplear toda nuestra mayor lucidez posible para entender que si no aportamos nuestra parte alícuota no tendremos valor moral para reclamar en el futuro cualquier situación que se llegara a presentar en el proceso de reconstrucción. El presidente de gobierno JOH, ha anunciado la ruta de la reconstrucción en cuatro ejes que son fundamentales: en el agro, en obras de infraestructura y en las dos columnas de bienestar como son salud y educación. Como al gobierno de JOH solo le queda un año de administración, algo que él mismo ha recordado en su mensaje de año nuevo, es conveniente que todos los sectores del país nos interesemos en conocer de cerca cómo se desarrollará el cronograma de ejecución en estos cuatro grandes ejes que trascienden la simple reconstrucción al objetivo grande que es el desarrollo nacional.

Debido a que el último año de gobierno de JOH es un período electoral, en el que habrá elecciones primarias en marzo y elecciones generales en noviembre, todo el gran esfuerzo que ha anunciado el gobierno debe hacerlo en sentido prospectivo, tomando en cuenta que el próximo gobernante puede ser cualquiera de los aspirantes de los tres o cuatro partidos que al final se disputen la Presidencia de la República, y si llegara a ganar un candidato de la oposición, que no haya posibilidad alguna que por las raíces del sectarismo que se han arraigado en nuestro país, quisiera cambiar los planes que se hayan concertado con los organismos internacionales y los multilaterales que han estado muy dispuestos a acompañar el plan de reconstrucción nacional, que suponemos debe estar afinado antes de que termine el mes de enero.

Si el gobierno quiere reescribir la historia, debe hacerlo con paso firme, sin bucear en el pasado que nos ha dado malos resultados, sino más bien guiándose por las experiencias exitosas que han sido acompañadas por el BM, el BID, el BCIE y la misma CEPAL. Una de las primeras cosas que debemos aprender de la historia es que no debemos caer en la tendencia de establecer parangones internos, porque en honor a la verdad, por lo menos en todo el siglo pasado no tuvimos gobiernos lo suficientemente visionarios que nos pusieran en la senda del desarrollo. Hubo destellos y chispazos sociales, pero ninguno con el atrevimiento de formular un plan de desarrollo a largo plazo, porque todos nuestros gobernantes, sin excepción, han cometido el craso error de gobernar preocupados por estampar su sello personal, para ser recordados como presidente de tales obras, pero no como gobernantes que establecieran las bases del desarrollo que han logrado naciones como Taiwán, Corea del Sur, Singapur y más cerca, Costa Rica, en más o menos 50 años.

Por lo tanto, no hay que ver este esfuerzo que anuncia el gobierno como la obligación de un partido en el poder, porque esta visión es la que arruina la capacidad de análisis de nuestra clase política, en la que pareciera que no hay compromiso con el país mientras no esté gobernando. Henry Kissinger que ha sido uno de los políticos de EEUU más visionarios por su capacidad de estadista dijo cierta vez al referirse al futuro que el mundo nunca es igual después de los grandes eventos bélicos, o guerras mundiales o regionales, porque las alteraciones políticas y económicas que surgen en medio de tales acontecimientos duran varias generaciones y para superarlas urge la necesidad de difuminar o diluir las barreras nacionales, siendo necesario desarrollar programas de cooperación nacional y regional si fuera posible.

En Honduras es difícil para los sectores de oposición estar de acuerdo con las pautas de comportamiento que propone un gobierno, así ha sido siempre, pero esta vez estamos ante una situación verdaderamente excepcional, enfrentando una radical enfermedad infecciosa como es la pandemia del COVID-19 y con el lastre dañino que nos dejaron dos huracanes. Si los políticos de oposición, que en su mayoría no demuestran capacidad de cordura, no entienden el momento, porque el año electoral y la ambición de poder les obnubila la escasa materia gris que tienen, quedamos los demás sectores, que no teniendo interés político entendemos mejor que la deuda que quede para las generaciones futuras por la escasa capacidad de los políticos para enfrentar los desafíos en este momento histórico, será aplastante y no tendremos justificación para salvarnos, tan solo por la mentalidad enfermiza de la clase política de no tener la voluntad de cooperación para encausar a Honduras en la ruta de una reconstrucción correcta del país en sus cuatro ejes fundamentales.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 4 de enero de 2021.

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