La herencia del sistema penitenciario

diciembre 19, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Que una gran parte de los hondureños no se hayan percatado que el sistema penitenciario heredado de las anteriores administraciones era una verdadera bomba de explosión antisocial, es común entre nosotros, que por lo general no afinamos ni el ojo ni el olfato para entender las realidades de nuestro país. En Honduras no hemos tenido un verdadero sistema de cárceles y prisiones que garantice no solo la detención de los condenados o sentenciados, sino procurar en la medida de lo posible la rehabilitación de los prisioneros, que, al cruzar el umbral donde se pierde uno de los dones más preciados del ser humano como es la libertad, se preocupan por retornar a la sociedad con otra mentalidad.



Lo que había en Honduras eran cárceles propias de las épocas antiguas donde los presos eran mantenidos como escorias a las que la justicia condenaba como seres despreciables por el peligro que encarnaban para la sociedad. No hemos tenido cárceles, lo que ha habido en Honduras son calabozos nauseabundos, donde igual se mezclan los delincuentes de todas las raleas, confundidos con ratas y toda clase de bichos que se cuelan atraídos por las inmundicias que se almacenan en los espacios reducidos, tanto por el tamaño como por el hacinamiento que provoca la sobrepoblación de cada celda.

Elevar el viejo sistema carcelario, propio de las épocas remotas, hasta convertirlo en un sistema penitenciario, ha sido un avance social que se ha logrado en los últimos años. La Penitenciaría de Támara construida en la administración Callejas, y simultáneamente el centro penitenciario femenino o cárcel de mujeres del mismo lugar, fueron los primeros pasos que marcan el nacimiento de un sistema de penitenciarías dentro del tratamiento que exigen los derechos humanos.

Desde aquel gobierno pasaron varias administraciones que no se detuvieron en contemplar inversiones en este aspecto social, hasta que la administración de Hernández Alvarado lo consideró como algo necesario. Nacen las cárceles de seguridad con una fuerte inversión que el gobierno sustancia con recursos de la tasa de seguridad que paga la población cuando realiza transacciones bancarias.

En realidad este nuevo sistema penitenciario hondureño fue creado siguiendo el régimen de las prisiones modernas que existen en los países avanzados; el gobierno importó un modelo que ha sido puesto a toda prueba en EEUU y otros países donde los márgenes de seguridad son efectivos porque el factor humano que se pone a cargo de estos centros, en primer lugar tiene un nivel educativo que califica al personal con valores esenciales para asumir un trabajo tan delicado como es lidiar con una población penitenciaria, y a la vez los agentes son capacitados sistemáticamente para enfrentar a un conglomerado humano que no es común, porque se ha formado en el bajo mundo donde la única escuela que conocieron es la del crimen.

El déficit que tuvo el gobierno al establecer el nuevo sistema penitenciario es que importó el modelo, pero no importó el recurso humano preparado para atender las prisiones, para que fueran en realidad cárceles de seguridad, porque una prisión puede tener todos los protocolos mecánicos que garanticen la no escapatoria de los reos, ni permitir que las prisiones sean convertidas en mercados donde se trancen toda clase de operaciones delictivas, pero si el recurso humano no ha sido formado debidamente con una educación que lo blinde para resistir a las tentaciones económicas con las que algunos reos le pueden mover el piso, las prisiones serán cárceles de seguridad de nombre, pero en el fondo seguirán siendo madrigueras a donde se podrán ingresar toda clase de mercancías, desde drogas de toda especie hasta armas de cualquier calibre, como se ha demostrado.

Ahora han puesto en manos de las FFAA y de la Policía esa tarea tan delicada como es la vigilancia y control de las prisiones, y puede ser que la situación cambie, pero también podría suceder que pronto veamos a los policías civiles y militares mezclados en hechos muy parecidos a los que han ocurrido y esto repercutirá de manera negativa en ambas instituciones: Ejército y Policía. Porque nuestros policías y militares no han sido formados ni preparados para este trabajo que es verdaderamente de carácter especial. Para salir de la crisis es una buena decisión, pero la misma no garantiza que sea buena en forma institucional.

Llamamos la atención porque hay que cuidar y preservar la confianza que la población tiene en las Fuerzas Armadas y los militares. Y a la vez, recuperar la confianza que la población le perdió a la policía por haber caído en un entrampamiento del que le está costando salir mediante un intenso como exhaustivo proceso de depuración.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 19 de diciembre de 2019.