La herencia del populismo

julio 25, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Con todas las situaciones que se están dando en el país, los hondureños quisiéramos que el proceso institucional hondureño, que está transcurriendo en diversas etapas, tenga el mejor desenlace posible, que no es otro que el afianzamiento de las instituciones, porque si algo debemos reconocer y valorar es que la base orgánica del sistema democrático resolverá muchos problemas y al final, al potenciar a las instituciones, la democracia hondureña quedará fortalecida.



Tanto los organismos internacionales como los funcionarios extranjeros que han llegado para ayudarnos a alcanzar este objetivo deben saber que lo que hoy estamos padeciendo es la herencia populista que empezó a incubarse a partir del 2008, cuando afloró el proyecto de la cuarta urna, que era el instrumento para introducirnos en el socialismo del siglo XXI bajo los patrones del Foro de Sao Paolo. Si algo debemos reconocer es que esa intentona ideológica, que tuvo el respaldo de varios intelectuales hondureños y que estuvo a pocas horas de consumarse para dejarnos colgados en ese nuevo orden político de esencia antidemocrática y autoritaria, hizo que los demócratas nos uniéramos y desde los diferentes ámbitos ciudadanos nos agrupáramos para defender la democracia.

Los organismos internacionales y los funcionarios extranjeros que apoyan la MACCIH, tienen que leer nuestra historia más reciente para comprender que mucho de lo que seguimos enfrentando en carácter de conflictividad social es la herencia populista del 2008-2009. El entonces presidente Zelaya fue contundente en su propósito descalificador de todas las instituciones. Las retó a todas, comenzó por no enviar el Presupuesto de la República al Congreso Nacional, por dos años consecutivos, 2008-2009, lo que le permitió manejar el presupuesto de nuestro país como su hacienda particular, situación que lo hizo incurrir en un delito grave contra la economía nacional.

Desafió al Poder Judicial, comenzando por desconocer la resolución de un juzgado de primera instancia que prohibió la celebración de la cuarta urna, y el atrevimiento de Zelaya llegó al extremo de apoderarse de urnas que estaban confiscadas en una bodega de la FAH por orden judicial. No solo invadió un predio limitado por orden de un juzgado, sino que, encabezando una grulla de unas dos mil personas que respaldaron la acción delictiva, se llevó las urnas en un franco desacato a la autoridad.

De allí en adelante, Honduras ha sufrido las consecuencias de esa herencia populista que está personificada en la figura del ex presidente Manuel Zelaya y la militancia de su Partido LIBRE, que se mantienen con la aspiración de volver al poder a como dé lugar, en medio de una tendencia de decrecimiento, de claro rechazo en muchos sectores a la figura de Zelaya por sus ejecutorias políticas que han defraudado a muchos de sus antiguos seguidores. Lo que no ha desaparecido es la vocación populista de Mel Zelaya, que ahora aparece mezclada con otros elementos de una irracionalidad revolucionaria que han dejado de practicarse y que los que han sido verdaderos guerrilleros como el presidente salvadoreño Salvador Sánchez Cerén, admiten que ya no hay espacios para las revoluciones violentas.

Mel Zelaya, en cambio, insiste en promover “comandos” para promover tomas de calles y carreteras que si bien no son elementos de una lucha armada, tienen un efecto destructivo en la economía del país.

Si bien el populismo en el continente está en declive, es decir, en una tendencia a la baja, siempre hay pequeñas islas donde individuos atormentados por las fiebres revolucionarias del pasado, hacen sus propias interpretaciones y se lanzan en busca de aventuras, a manera de pescadores con dinamita. La herencia populista la mantiene Mel Zelaya con su partido, siempre busca otros culpables para los problemas que nos heredó desde su gobierno. Y no tiene límites para auto-engañarse y querer engañar a los demás, pretendiendo hacer creer que Honduras será mucho mejor bajo un sistema populista-marxista, como el de Cuba y Venezuela.

A medida que organismos como la OEA se introducen más en nuestro país con la intención de ayudarnos a sostener la democracia, con misiones de apoyo como la MACCIH, que tiene como objetivo potenciar a las instituciones para combatir la corrupción y la impunidad, surge la interrogante: ¿conocen estos señores la presencia y proyección de la cultura populista que el gobierno de Manuel Zelaya quiso establecer en Honduras para eliminar el sistema democrático?

El modelo populista, tan destructivo como antidemocrático, es lo que tiene a Venezuela de rodillas, es el modelo que hundió a Cuba y que está punto de atrapar a Nicaragua, por desgracia. Entonces, deben saber los funcionarios extranjeros, que en gran medida, la conflictividad social que hoy afecta a Honduras, es obra de la herencia populista.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 25 de julio de 2018.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *