La guerra contra el coronavirus

marzo 24, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Aunque no estamos en una guerra convencional, donde hay disparos de fusilería y toda clase de cañonazos, lo que estamos librando es una batalla en medio de una guerra viral que solo se había visto en películas, increíble, anunciada hace cinco años por el famoso científico de la tecnología, Bill Gates. Debemos de incorporarnos todos los hondureños a la ofensiva general que ha lanzado el gobierno y las autoridades de salud, y nuestro aporte más valioso es acatar las disposiciones y someternos de manera incondicional a ellas. Aislamiento total es no salir a la calle, quedarse en casa. El gobierno está contando con todas las Fuerzas Armadas, con la Policía Nacional y los cuerpos auxiliares del área civil que tienen algún tipo de adiestramiento en manejo de situaciones de emergencia. Pero, todo este dispositivo de guerra que está trabajando, no será suficiente sin hay centenares de personas deambulando por las calles, con cualquier excusa.



Desde las posiciones alcanzadas por todo el equipo del Estado hondureño, para contener el avance del coronavirus, tras varias semanas de relativizar el impacto de la pandemia, es posible que pronto iremos viendo un mayor número de hondureños contagiados, producto de la insensata desobediencia a las reglas sanitarias. Esto es una guerra y el bando que se relaja y se distrae pierde terreno y permite ganarlo al enemigo, que en este caso es el COVID-19.

Nuestra gente que anda en las calles como si nada pasara, no puede contarse que está sana porque aún no siente los síntomas que advierten los primeros daños del virus, ignorando que este virus es un perfecto enemigo que se agazapa de manera sigilosa para no hacerse sentir en el organismo sino hasta cierto tiempo después cuando ya resulta tarde el tratamiento y si la persona padece de enfermedades crónicas, es proclive a sufrir las consecuencias más lamentables.

¿Por qué hay personas que actúan con toda clase de desconsideración contra ellos mismos y contra todos los demás? Quizás porque como nunca habíamos experimentado un desafío tan enigmático como es esta pandemia, es que la gente anda sin que todavía le haya caído el veinte de lo contagioso que resulta este virus, que, se ha comprobado, afecta a todos por igual, viejos, adultos, jóvenes y niños.

Solo al comprobarse como va incrementándose el número de infectados y muertos, que no son solo personas mayores, sino también jóvenes y niños, deben sonar los timbres de alarma para poner en marcha todos los recursos del Estado, pero si hay gente boquiabierta que desafía la realidad sin importarle incrementar el número de contagiados, el resultado será que todo este esfuerzo se debilitará y se favorecerá al enemigo. Acabar con la propagación del virus es acabar con el virus; es una situación tan complicada por lo que es una vergüenza que haya muchos hondureños que no  están tomando en serio la pandemia.

Las autoridades no paran de trabajar dejándose el pellejo por todos los hondureños, pero mientras haya algunos que hasta se dan el lujo de torpedear el entusiasmo y el sacrificio usando las redes sociales con todo el poder nocivo que se guardan para decir toda clase de barbaridades, el coronavirus puede expandirse a todo el país y prolongar quien sabe por cuánto tiempo más, el enclaustramiento obligatorio que es el toque de queda general.

Las Fuerzas Armadas se han lanzado a una operación como si estuviera en una guerra, la Policía tiene un despliegue numeroso, ambos cuerpos luchando en dos frentes: por un lado rociando desinfectante para extinguir el virus que posiblemente está esparcido en diferentes áreas, y lo más cruel, luchando contra los inconscientes que violan el toque de queda, como verdaderos idiotas, dándose placeres espiritosos en tiempos de la más peligrosa pandemia de este siglo.

Estamos con el virus acechando y ver a compatriotas relajados en las calles, incluso un par de bárbaros que se opusieron a la detención dando pelea a los agentes, que hicieron acopio de toda su paciencia para someterlos al final.

A un médico que en tono burlesco se quejaba por las redes sociales que a los policías les están entregando vestuario especial para salir a la calle a cumplir esta difícil tarea, se le olvidó que quienes son los que más se arriesgan por el contacto diario que tienen con la gente irresponsable que anda en las calles, son los policías, gente sencilla en su mayoría. En cambio los médicos por su nivel educativo y sus estudios de medicina, saben cómo cuidarse. Ambos son gran utilidad, médicos y agentes del orden, por lo que no caben las recriminaciones de ninguno para el otro.

Estamos sumidos en una crisis sanitaria de gravísimas consecuencias sociales y económicas. Hay que esperar que el liderazgo nacional que conduce al país actúe a la altura de las circunstancias. Los demás, lo menos que podemos hacer es apoyarlo de la mejor manera, que es quedándonos en casa, aislados para no facilitarle el camino al virus.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 24 de marzo de 2020.