La gran pérdida de la pandemia

agosto 19, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Estamos hablando a diario de todas las pérdidas económicas que nos provoca la pandemia del coronavirus, pero olvidamos la más grave de todas las pérdidas que nos dejará un agujero social que Honduras tardará muchos años en rellenar. La ausencia de clases en las escuelas del sistema educativo público es el daño más grande para el que las autoridades no han tenido capacidad de respuesta. Por ahora no hay forma de reanudar las clases presenciales en las escuelas por la amenaza de la pandemia, una medida que están tomando todos los países, desde EEUU para abajo, cuando las investigaciones científicas han encontrado que niños y jóvenes son portadores silenciosos del virus y decenas de ellos han perdido la vida en EEUU y Europa.



En El Salvador, un país muy afín al nuestro, el gobierno decidió ayer suspender las actividades escolares y colegiales hasta el 31 de diciembre de este año, manteniendo la actividad educativa solo en forma virtual, un modelo al que solo tienen acceso con facilidad los alumnos de las escuelas privadas, igual como ocurre en Honduras. Los profesores y expertos de la UPN creen que el sistema educativo hondureño está activo, una afirmación que trasciende la realidad porque siendo que, la mayoría de nuestros niños reciben la educación en escuelas públicas, no hay un censo que indique cuántos niños tienen una computadora con conexión de internet.

El mapa de la pobreza en Honduras que manejan organismos internacionales es el referente para conocer esta parte que es muy dolorosa; hay localidades donde aún no hay escuela ni maestro, es decir, todavía no hay cobertura educativa. Y los políticos proponen una solución que es el premio mayor a la indiferencia, que consiste en declarar promovidos al siguiente año a todos los niños del sistema escolar, partiendo como en su tiempo lo dijo el ex ministro Marlon Escoto, que es preferible tener a los niños en las escuelas a que se pierdan en las calles. Un pensamiento que se bifurca entre el facilismo y la realidad, porque si bien en otros países donde los niños van adelantados en sus clases, cuando ocurren eventos inesperados de origen natural o sanitario se les promueve al siguiente grado, pero en nuestro país, donde vamos desfasados varios años en relación a cómo van países vecinos como Costa Rica, promover a los niños a un grado superior sin antes haber evacuado una serie de programas que son clave en la formación educativa sería un error mayúsculo que resulta inaplicable por las consecuencias de los vacíos de conocimiento que llevarán los niños cuando les toque cursar el grado escolar siguiente.

El internet es la única herramienta que permite a los niños recibir clases desde sus casas y a los maestros impartirlas de igual forma, pero la mayoría de los alumnos de las escuelas públicas no tienen ni computadora ni internet, en ciertos casos solo poseen un teléfono celular que es insuficiente para atender la actividad educativa. En esta realidad será difícil impartir clases abarcando a todos los alumnos matriculados en las escuelas públicas. Para paliar este déficit que es grave para Honduras los medios de comunicaciones electrónicos, televisión y radio, han abierto espacios a diversas horas para que la Secretaría de Educación transmita a los alumnos contenidos educativos, que no reemplazan los programas calendarizados, y aunque gran parte de esos materiales  que son elaborados por el sistema Telebásica de Suyapa TV de la Iglesia Católica es altamente ilustrativa, lo cierto es que no están hechos para situar al alumno en el proceso educativo ordenado que solo un profesor en el aula puede realizar en forma calendarizada. En pocas palabras el sistema educativo hondureño no se ha preparado para aprovechar los magníficos vehículos de transmisión educativa como son los medios de comunicación, especialmente televisión y radio.

Hay diferentes opiniones entre los maestros respecto a la efectividad de la educación presencial y la educación virtual en línea, y en esto somos del criterio que jamás la computadora podrá sustituir al profesor, por más que Harari se obstine en afirmar que por la inteligencia artificial los robots pronto sustituirán a los médicos en las más delicadas operaciones. Puede que en esto último Harari tenga razón, pero no es lo mismo una cirugía que instruir a una cantidad de niños que al recibir clases por medio de una computadora lo más probable es que se queden sin entender muchas de las explicaciones que en una clase presencial pueden asimilar sin dudas gracias a la presencia del docente.

Otra cosa son los centros educativos privados, donde niños y maestros están acostumbrados a manejar las herramientas digitales con mucha destreza por la  frecuencia diaria que dedican a ese modelo de educación, incluso a veces nos parece que por el fácil acceso digital los niños han perdido la acuciosidad por la lectura, porque todo se lo dejan a la computadora en la que hay una gran cantidad de cosas interesantes, pero la inundación de materiales baladíes y otra gran parte de materiales perniciosos solo sirven para deformar la mentalidad de los niños..

La educación hondureña, que de por sí ha sufrido un retraso descomunal en comparación con la de países más avanzados que el nuestro, caso de Costa Rica, hoy está hundida en todo sentido. La excepción es la educación privada, pero a esta solo tienen acceso los niños cuyos padres tienen capacidad de costear los precios de colegiaturas que son demasiado altos e imposible para la mayoría de los niños que proceden de los sectores de escasos recursos. Y como las soluciones que tiene el Estado hondureño están muy alejadas de proveer el conocimiento a los niños del sector público, la pérdida de conocimiento se está agigantando en miles de niños que dentro de dos años estarán en condiciones de una grave inferioridad respecto a los niños afortunados que reciben instrucción educativa en las escuelas privadas.

Por lo tanto, al caer en este agujero educativo, Honduras perderá del todo el poco fuelle que habíamos logrado impulsar con el motor educativo hondureño que apenas da para ir a una velocidad menor de la que anda el sistema educativo costarricense y demás países del área, no digamos de los países suramericanos. Pero querer tapar este enorme bache con una medida que empeora la situación, como es la de promocionar a los niños al grado siguiente, es la salida de la vista gorda, es decir, creer erróneamente que al ascender a los alumnos al siguiente grado es una motivación para que los niños lejos de irse a las calles se entusiasmen para seguir en las aulas. Pero, ¿y el conocimiento donde lo encontrarán?

Nuestros mayores decían que hay quienes van a la escuela, pero la escuela no pasa por ellos, porque al asistir a las aulas no aprenden porque no ponen atención y tampoco estudian en casa porque nadie se los exige. Esta es la realidad que tenemos con nuestro sistema educativo, agravada por la pandemia que por lo que resta del año no permitirá que en las escuelas se impartan clases presenciales. ¿Y cuál salida proponen las autoridades educativas? Hasta ahora ninguna que sea solución al grave déficit que representa que miles de niños no reciban el pan del saber.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 19 de agosto de 2020.

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