La goleada del COVID-19

septiembre 20, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La historia se escribe a menudo conforme lo que hacen los pueblos. Es muy probable que el abandono que estamos haciendo los hondureños de nosotros mismos, dejando que el COVID-19 siga contagiando con su peligrosa variante Delta a miles de compatriotas, será la peor goleada que recibiremos en lo que pareciera ser una especie de competencia contra la prudencia, que aconseja que aun estando vacunados con la doble dosis debemos mantener todo el cuidado posible, apegándonos a las medidas biosanitarias.



Cuando vemos a los aficionados congregarse en los estadios, disfrutando el partido, aglomerados, juntados cuerpo a cuerpo, creemos que todas estas personas demuestran estar en torno a la diversión desenfrenada, menos preocupados por su salud y la de sus familias, que tarde o temprano, deberán pagar las consecuencias por la terquedad animal que no hay manera de entender en estas personas que van a los estadios a apiñarse, habiendo suficiente espacio para guardar la distancia. Cada quien cae por sí mismo por sus malos pasos  dice el refrán, y los hondureños que van a los estadios a confundirse, lo reafirman con mala leche, porque, los hospitales ya casi están sobre ocupados por personas que hace una semana estaban gozando los calores de la goleada que nos recetó Estados Unidos.

Ni la Liga Nacional, ni la FENAFUTH, ni SINAGER demuestran el mínimo interés por controlar la distribución del público dentro de los estadios. Pareciera que a los dirigentes deportivos lo que les interesa es generar taquilla para que los equipos tengan ingresos y la economía del fútbol pueda subsistir, lo cual es comprensible, pero también deberían  buscar la manera de que los aficionados no se amontonen unos con otros dentro de los estadios que es lo que produce la mayor posibilidad de contagiarse.

Los aficionados que por lo general pierden la cordura una vez que ingresan al estadio, no tienen capacidad de razonamiento y por más que los medios de comunicación advertimos que es fundamental mantener la distancia física y llevar mascarilla, cierran el paraguas de la comprensión y se dejan llevar por los arrebatos de la euforia.

Las autoridades de salud están empeñadas en la vacunación masiva de la población, pero descuidan la parte preventiva-emocional que solo se logra con campañas sistemáticamente masivas, para taladrar la conciencia de las personas, recordándoles a los que se vacunaron que por haberlo hecho no están blindados del todo y que no deben bajar la guardia manteniendo las medidas biosanitarias, mientras que los que no se han vacunado, están expuestos a la fatalidad por la variante Delta.

No será justo que los contagiados y sus familiares hagan reclamaciones cuando los hospitales estén al tope y no tengan capacidad para recibir a más personas, ni habrá razón alguna para demandar más sacrificios a los médicos y enfermeras cuando estos renuncien a sus puestos en los hospitales, si estos llegaran a reventar por la cantidad de personas enfermas y se conviertan en verdaderos mausoleos por la enorme carga viral que circule en ellos.

Entonces, la situación será de la siguiente manera: cada uno en su casa y por sí mismo. Es decir, cada contagiado al no poder ser recibido en los hospitales, tendrá que mantenerse en su propia casa, atendido por sus familiares o tratándose por sí mismo en caso que viva solo. A este extremo podríamos llegar, y pareciera que es el destino inevitable para muchos hondureños que están aferrados de la manera más terca, en lugar de luchar contra la pandemia, a contagiarse de ella, a pesar de que están viendo que cada vez hay más contagiados con el virus y cada día aumenta el número de muertos, lo que debería hacer que todos pongamos las barbas en remojo.

¿Es un derecho de la persona a contagiarse sin que a los demás les deba importar? Si ese derecho solo contagiara al terco, pues, ni modo como dicen los mexicanos. Lo malo es que al contagiarse, la persona arrastra por lo menos a otras 20 personas, y estas elevan el factor multiplicador en igual proporción haciendo que la pandemia se fortalezca y se propague.

Y pensar que el fanatismo por el futbol está contribuyendo con esta desgracia. Los que van al estadio y se contagian es muy posible que no seguirán disfrutando de su deporte favorito. Para ellos al final de cuentas, el COVID-19 les habrá ganado la partida con la peor goleada que pueda recibir un fanático del futbol: la muerte. ¿La FENAFUTH y la Liga Nacional? Tranquilas por ahora, porque están recibiendo ingresos. Pero pronto se darán cuenta que los muertos no van a los estadios.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 20 de septiembre de 2021.

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