La furia del fuego

abril 26, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS



Lo decía el poeta chileno Pablo Neruda en su poema Oda Al Fuego: «Fuego, descabellado fuego, enérgico, ciego y lleno de ojos, deslenguado, tardío y a la vez repentino. Ladrón de leña, bandolero callado, perro rabioso de un millón de dientes, óyeme, destructor de las vidas, celeste padre del pan y del horno, óyeme fuego»… Tanto tenemos que conocer del fuego, porque este elemento de la naturaleza tan útil como ha sido para la humanidad, es poseedor a la vez de una inmensa fuerza destructiva, que fue capaz de arrasar la faz de la Tierra para acabar con las primeras especies que poblaron el planeta.

El fuego no es maldito ni bendito, es lo que la naturaleza le hizo ser, uno de los elementos naturales que hacen el equilibrio de la vida humana, igual que el agua y el aire. Puede ser tan benigno como tan feroz, y cuando se desboca devorando con sus lenguas, extensiones completas de arboledas, quien intente contenerlo o detenerlo debe estar preparado para lo peor, porque el aire y el viento que son sus mejores cómplices, le hacen cobrar una fuerza brutal en cuestión de segundos.

Un par de llamas que son insufladas por una brisa, de inmediato se pueden convertir en tornados de fuego, un raro fenómeno natural que se produce cuando las llamas adquieren forma de remolino o columna, especialmente cuando prevalecen ciertas condiciones atmosféricas, en las que las altas temperaturas, el polvo y el aire, se combinan para aumentar su fuerza. Los tornados o remolinos de fuego, por lo general, surgen a partir de incendios forestales a consecuencia de las fuertes corrientes de aire cálido y seco, que rápidamente se elevan varios metros de altura, y sin embargo suelen durar tan solo algunos minutos, y a medida que el aire caliente se enfría en las alturas, la fuerza del fuego disminuye. Pero en esos pocos minutos, los tornados o remolinos de fuego son tan peligrosos que pueden borrar del mapa toda materia viviente.

Esto fue lo que aconteció ayer cuando un pelotón de intrépidos miembros del Cuerpo de Bomberos intentaba sofocar el avance de los tornados de fuego que de manera incontenible arrasaban hectáreas de nuestra foresta en los alrededores del sector de La Montañita, en la parte oriental de la capital. El aire sorpresivo e inesperado alimentó al fuego y surgieron los tornados de fuego, acabando con la vida de dos ciudadanos valientes, útiles al país, a su familia y a la sociedad, que tenían bastante experiencia en la tarea de controlar las llamas.

Los tornados o remolinos de fuego fueron más rápidos que los movimientos de los bomberos, terminando con su existencia en pocos minutos. No hubo descuido de ellos, no hay culpa en los demás bomberos, ni siquiera podemos culpar al fuego, porque como lo creían los griegos y los romanos, el fuego es un elemento asombro capaz de realizar cualquier tipo de hechizo o conjuro, contra el cual no hay ser humano que pueda resistirlo por muy preparado que esté.

Los poetas romanos decían que las llamas de fuego son tan inspiradoras como conspiradoras, porque su energía es tal que tiene tanta agresividad que puede derretir a los metales más duros y resistentes del planeta. Por algo los pueblos de la antigüedad le rindieron veneración, llegando a considerarlo un elemento sagrado, con el cual no se podía jugar. La advertencia de nuestros antepasados, que con fuego no se juega es la simbología del peligro que el fuego representa para el ser humano, a pesar de los grandes beneficios que concede para lograr notables avances de progreso. Y hasta para sobrevivir el fuego es imprescindible, porque nos ayuda a cocer los alimentos para volver más saludables muchos de estos, especialmente las carnes. Sin fuego, no habría los portentosos avances que ha logrado el hombre.

Hoy lloramos, compungidos, la muerte inesperada de dos intrépidos bomberos que cumplían su trabajo más allá del deber, porque el bombero sabe que, donde su esfuerzo ya no tiene sentido ante la fuerza dominante del elemento ígneo, lo que queda es racionalizar la estrategia para buscar la mengua de las llamas sin exponerse al peligro. Y estamos seguros que estos dos heroicos bomberos lo sabían y lo intentaron, pero el raro y feroz fenómeno de los tornados o remolinos de fuego les jugó por adelantado, cercándolos en un pequeño círculo del cual no había escapatoria posible.

Ni el más bravo de los volcanes supera a los tornados de fuego, de ellos deberán cuidarse con suprema precaución nuestros heroicos bomberos que están demostrando estos días un coraje extraordinario cuando la piromanía anda desbocada, sin riendas, provocando fuegos para experimentar la emoción de ver ardiendo la foresta. Igual que en la mitología griega, cuando Prometeo, uno de los titanes, se robó el fuego del cielo para traerlo a la Tierra y entregárselo a los hombres, los pirómanos, al propagar el fuego, son ladrones de vidas y de tranquilidad. Ellos, igual que Nerón, se solazan y gozan con las llamas.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 26 de abril de 2018.

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