La fiesta de Kevin que no fue…

febrero 9, 2017

Sus familiares y amigos le tenían listo un agasajo, estando seguros de su liberación. Pero, no contaban con el veredicto del juez.

El día miércoles 8 de febrero no era un día cualquiera para los vecinos de la aldea de El Chimbo, una pintoresca localidad ubicada a escasos kilómetros de Tegucigalpa. El calendario marcaba el día de la decisión final en el caso del universitario Kevin Solórzano, un estudiante que ha estado inmerso en la vorágine provocada por el asesinato del exfiscal Edwin Egüigure.

El Chimbo se había engalanado de tal manera para su recibimiento que cada casa, por iniciativa de sus inquilinos, albergaba una pancarta con diferentes mensajes de apoyo a Kevin y su familia, residentes desde hace aproximadamente 7 años en la zona.



Familiares y amistades habían comenzado con una vigilia la noche anterior, pero tenían decidido agasajarlo como se merecía, aunque sin una comida especial, pero si con Tres Leches, su postre especial, algo dulce para pasar el mal trago de más de 2 años en prisión y bajo el intenso ojo mediático.

Sin embargo, la bienvenida no se pudo dar, la situación no se pudo festejar, los preparativos fueron en vano luego que Kevin Solórzano fue declarado culpable por los delitos de asesinato del malogrado fiscal Egüigure y de tentativa de asesinato de la esposa de este, María Auxiliadora Sierra, por el juez de la Sala II de Sentencias de la Corte Suprema de Justicia.

 BUENAS REFERENCIAS

Un joven ejemplar, cariñoso y apegado a su familia. Así de fresco es el recuerdo de Kevin Joshua Solórzano en las mentes de familiares, vecinos y amistades. Recuerdan cómo soñaba con convertirse en un ingeniero en sistemas, carrera que estudiaba al momento de su detención, faltándole solo 2 años para graduarse, el mismo tiempo que lleva recluido.

La señora Marlene Guevara le conocía muy bien desde su llegada a El Chimbo, hace siete años. Siendo la guía espiritual de la familia, a través de grupos de crecimiento, Guevara admiraba el apego de Kevin con su madre, doña Ana Betty Hernández, tanto que el joven acostumbraba a encontrarla en la carretera rumbo a Valle de Ángeles, llevándole unos zapatos cómodos para emprender juntos el trayecto de vuelta a casa, aproximadamente kilómetro y medio en calle de tierra.

“Es un joven que, a pesar de su edad, es muy maduro. Es casero, no salía por las noches, solo se dedicaba a estudiar”, afirmó Guevara. “Kevin no asistía a una congregación pero si era temeroso de Dios”.

Gabriela Fiallos, amiga de la familia Solórzano Hernández, le describe como alguien tímido, cordial, respetuoso, discreto, alguien que nunca tuvo problemas con sus vecinos, muy dispuesto a colaborar con la comunidad. “Kevin era muy aplicado, quería terminar rápido su carrera para ayudarle a su mamá. A pesar de ser el menor, pensaba mucho en el futuro”.

Desde hace 2 años el sueño de su familia y vecinos es verle caminar por las calles de tierra de la aldea, abrazado junto a su madre como acostumbraba cada tarde, después de su jornada de trabajo.

Mientras tanto, la fiesta de bienvenida, y el sueño de convertiste en un ingeniero en sistemas tendrán que esperar, quizá por 30 o muchos años más.

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