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La fiebre y la roya del café

Tegucigalpa, Honduras

Hace muchos años, a principios de los 70, fui enviado a Bogotá, Colombia, por mi jefe y gran maestro de la radio, el recordado Silvio Peña, a capacitarme a las dos más importantes cadenas de radio de aquel país, para asumir los noticieros de Radio América. Colombia vivía entonces la fiebre del café, y estando una mañana en la observación del noticiero de RCN de Bogotá entró a la cabina que dirigía el ya célebre periodista Juan Gossaín, un personaje montaráz, con una alforja al hobro, una indumentaria estilo pollera colombiana y sombrero típico. El personaje se llama Juan Valdéz, un nombre inventando que personificaba al típico caficultor colombiano. Aquella figura se inmortalizó igual que la bandera de ese país y hasta el sol de hoy, decir Juan Valdéz equivale a hablar del mejor café colombiano. Porque Colombia es una potencia en materia de café.

Entendí que para los colombianos el café es más que un valioso  producto de exportación, es algo inherente a la cultura colombiana, algo que más tarde quedó plasmado en la famosa telenovela Café con aroma de mujer, que le dio y le sigue dando  la vuelta al mundo. Honduras no es una potencia en materia de café, pero este producto representa mucho para la economía de nuestro país. Lo aprendimos hace algún tiempo cuando nos reuníamos en la oficina de nuestros amigos don Oscar y su hermano Jesús Kafatti. Eran los tiempos armoniosos dela familia Kafati, por excelencia caficultores de mil batallas, sembradores del buen café, uno de los mejores de Honduras, tanto para exportar como tostarlo y venderlo en sus prestigiosas marcas al público hondureño.

Don Oscar y Jesus Kafatti han sido baluartes en esta industria, ellos han sido lo que Juan Valdéz para los colombianos, a pesar de la desafortunada disrupción familiar, de la que los únicos gananciosos fueron dos grupos de abogados que le sacaron millaje de dólares  al pleito, en el que intentamos infructuosamente tratar de sentar a los dos hermanos, en la mesa de reconcliación.

Aunque no en la dimensión de Colombia, la caficultura para miles de familias hondureñas es su principal fuente de ingresos,  y lo es también para la economía nacional. En las diferentes épocas, tanto en los tiempos de los buenos precios como cuando el mercado internacional se deprime y los precios caen aparatosamente, la caficultura es un factor que juega en favor de la economía nacional, ya sea en época de vacas flacas o cuando las vacas están gordas, que son los buenos precios.

Por lo tanto, que la Roya del café aparezca en una forma distinta afectando los cafetales es algo que debe concitar el respaldo del gobierno y de todos los organismos que tienen que ver con el sostenimiento de la economía nacional. Si el café es un factor que impulsa ingresos al tesoro, cuando sobreviene el peligro de una plaga con capacidad de arrasar las plantas del café, es un imperativo que el gobierno salga a la palestra y le inyecte los recursos que se requieren como lo ha invocado el dirigente Asterio Reyes del IHCAFE.

Incluso las contradicciones que hay entre los sectores del rubro deben limarse, porque ahora se impone salvar la industria, porque de ella depende en buena medida nuestra economía. El banquero don Jorge Bueso Arias, que también es caficultor, nos decía recientemente que los caficultores resienten que el Ihcafé y la Ahprocafé les retengan una cuota de cada quintal producido, porque eso les merma sus ingresos. Hoy más que nunca, del apoyo que reciban la Ahprocafe y el Ihcafe, debe destinarse una suma a cada caficultor, para que los productores puedan no solo comprar lo necesario para tratar la plaga sino obtener recursos que dejarán de percibir a causa de la roya.

Hay que ver al café como un aspecto cultural de Honduras y no solo como la actividad de un sector, porque cuando el café produce divisas, todo el país se beneficia. Y en algún momento el café ha pasado a ser una fiebre, a tal grado que muchas personas pensamos dedicarnos a sembrar el grano. Hace unos años, mientras viajábamos con don Rafael Ferrari por la carretera de occidente en una actividad de Teletón hablamos de comprar tierra en ese sector para sembrar café y producir divisas para nuestras empresas, lo que lamentablemente no pudimos concretar por la carencia del recurso humano para administrar la finca.

Esto nos dá la tónica que el café ya es una cultura entre los hondureños, y como tal debemos dedicarle más atención con más recursos, y no solo esperar a escuchar las cifras que el grano exportado le genera a Honduras. La prueba que el café es cultura entre los hondureños lo confirma la expansión del sabroso café Espresso Americano, que hoy ya se vende en algunas ciudades de EEUU. El café es una bandera que lleva el nombre de Honduras por todo el mundo. Por lo tanto, toda la nación debemos hacer causa común para ayudar a combatir la roya del café. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 5 de abril de 2017.