La epidemia y la unidad

marzo 3, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En la historia hay dos acontecimientos que exigen la unidad de los habitantes de cualquier nación: las guerras y las epidemias, aunque en Honduras el fútbol ha jugado un papel denominador de unidad como se ha visto en las últimas eliminatorias mundialistas. Quizás por nuestro nivel educativo es que los hondureños no podemos atisbar los verdaderos momentos de importancia y de peligro, pero una epidemia que se anticipa como una amenaza inevitable, sin importar las disquisiciones profesionales que se hagan, con poca o sin ninguna base científica, siempre es merecedora de atención y cuidado. Incluso, cuando se oyen voces que dicen que, el dengue es una epidemia que ha cobrado más vidas y que es más peligrosa para los hondureños que cualquier otra, lo que se ventila es una duda peligrosa, porque la forma en que se transmiten ambas epidemias es distinta. El dengue es producto de la picada de un mosquito o zancudo que se cría en medio de los ambientes antihigiénicos que es su ambiente propicio para desarrollarse. En cambio el origen del coronavirus todavía no está del todo identificado, y lo grave es la forma como se propaga.



Distinguir entre cuál de las dos epidemias es más grave que la otra no nos debe hacer perder de vista la rapidez con que el coronavirus se ha venido extendiendo, a estas alturas ya está en una gran cantidad de países del planeta. Lo que nos toca hacer a los hondureños, es lo que han hecho otros países, desde China Continental hasta Europa y países latinoamericanos. Hemos visto como las autoridades de salud asumen el liderazgo para enfrentar la epidemia, pero los sectores gremiales y académicos no se quedan por fuera y se han ido integrando en un frente nacional para prestar su respectivo contingente contra la epidemia.

Por el camino de la unidad debemos ir también los hondureños, porque el gobierno con sus organismos necesita el con curso de los demás sectores para enfrentar esta epidemia que de acuerdo a las proyecciones de la OMS es muy poco el tiempo que nos queda para que aparezcan los primeros casos de contagio. Y aclaramos, no es que estemos batiendo palmas ni rezándole a San Isidro Labrador para que nos caiga la peste, pero la realidad la está describiendo la OMS, el coronavirus ya está esparcido con las personas que han estado en los sitios que han resultado infectados.

Por lo que hemos visto en las últimas horas, las entidades del gobierno ya están debidamente armonizadas, dentro de sus respectivas capacidades y con las debilidades del sistema de salud, pero con todo el espíritu de trabajo que se necesita en estos casos, que es lo fundamental. La Secretaría de Salud y los cuerpos auxiliares que tiene el Estado están coordinados para reaccionar. Honduras tiene muchas carencias en el ramo de salud, los hospitales públicos tienen muy pocos neumólogos y los médicos epidemiólogos no son muchos, de allí que los casos que pudieran surgir serán atendidos por médicos generales o de otras especialidades con conocimientos elementales en el campo de las epidemias, de manera que los especialistas deberán multiplicarse, como lo han expresado este día en FORO CANAL 10 dos eminentes médicos especialistas en epidemias, de los pocos que prestan sus servicios en los hospitales del Estado.

Frente a este cuadro de carencias, es fundamental la unidad para enfrentar la epidemia, además que es el momento en que todos debemos demostrar el nivel de compromiso con nuestro país y nuestra población. Igual que en tiempos de guerra, cuando surge la amenaza de una epidemia el peligro se cierne contra todos y si bien los expertos distinguen que el coronavirus ataca más a las personas de edad adulta y en ciertos casos a recién nacidos, hay una población considerable con enfermedades crónicas que son candidatos a contraer la epidemia.

Con muchas carencias en el sistema de salud, es de pensar que cualquier país en esa condición y teniendo enfrente una epidemia que ya hizo acto de presencia en los países desarrollados, está en una encrucijada, frente a la cual toca asumir una actitud que nos induzca a cambiar los hábitos, desde las formas de saludar, hasta los propiamente hábitos de higiene, limpiando nuestro entorno, adoptar de una vez por todas la buena costumbre de vivir en un ambiente aseado.

Es decir, hay que aprender del peligro lo mejor que nos puede dejar el estado de prevención frente a la epidemia. Y lo mejor es que los hondureños nos acostumbremos a vivir en un ambiente limpio y aseado. Lo demás que concierne al coronavirus todavía está por verse.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 3 de marzo de 2020.