La economía con conciencia

octubre 20, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Lo ocurrido en un bar sampedrano, repleto de bailarines y bebedores, en medio de la plenitud de la pandemia del coronavirus, demuestra que hay cantidad de hondureños que han tomado la elección curiosa pero contumaz de buscar el contagio como una forma de divertirse, en una mezcla de desenfreno y suicidio, porque con solo 5 personas que estuvieran contagiados en medio de ese jolgorio por lo menos la mitad de ellos resultará afectados por el virus. Las medidas que han tomado las autoridades de Salud y otras que están integradas en el SINAGER, para todas estas personas que se daban la rienda suelta en el Bar La Botella, significa un soplo que no lo sienten ni en los sobacos ni en el arco del triunfo. Para todas estas personas que estaban embotelladas en un bacanal donde el licor hace perder la cabeza, y no permite cumplir las medidas de bioseguridad, el COVID-19 les merece el mayor desprecio, es más, a lo mejor son de los que pertenecen al rumbo político que niega la existencia del Coronavirus, solazándose en la excusa que este virus es un invento del gobierno.



Juntarse para darle la bienvenida al coronavirus, como lo hizo este grupo de sampedranos apiñados dentro de un bar, es una invitación al contagio que la noche del sábado fue de intensa alegría pero que dentro de pocos días para muchos de ellos podrían ser de lamentos cuando tengan que ser hospitalizados o se den cuenta que son culpables de haber contagiado a sus padres o abuelos y hasta lamentar dentro de poco tiempo el fallecimiento de alguno de ellos, que ojalá Dios no permita que sea así.

Lo que hicieron estos sampedranos el sábado por la noche es una celebración para despreciar la vida que solo podría ser obra de personas que ya no encuentran sentido ni razón para seguir viviendo, ni ellos ni sus parientes mayores. Con tantos mensajes y abundante información que hay en los medios sobre las consecuencias de contagiarse con el COVID-19, no podemos imaginar que todas esas personas que creían disfrutar de una noche de farra desconocieran que entre todos ellos por lo menos habían 10 o más contagiados asintomáticos, que es el cálculo que hacen los virólogos cuando se juntan en reuniones apiñadas más de 50 personas. Es decir, si en el bar habían unas 150 personas, quizás un poco menos o un poco más, de esa noche de parranda habrán salido a la calle por lo menos unos 50 o 75 contagiados más, con su respectivo poder exponencial de manera que esos 50 o 75 nuevos contagiados en el devenir de estos días habrán contagiado a 500 o 750 personas más.

La economía está en el centro de la pandemia, el virólogo Anthony Fauci ha expresado en forma sensata que no es conveniente pensar en el cierre de los negocios, porque eso agrava la situación, lo que procede es que prevalezca en cada persona un estado de conciencia para cuidarse y no ir detrás del virus. Se puede interpretar esta afirmación del experto que no se logrará apaciguar al COVID-19 escondiéndonos del pequeño gran enemigo. A estas alturas ya tenemos conciencia que esconderse no es la respuesta para frenar la propagación del virus, pero para que no tengamos que ser un pueblo cautivo debemos procurar ser una nación de personas con conciencia, de que si no nos cuidamos observando las medidas biosanitarias, seremos presas fáciles del coronavirus y pronto, muy pronto, estaremos sometidos a una nueva cuarentena de muchas semanas.

La mesa multisectorial ha hecho un gran trabajo, pero ese avance puede malograrse por la irresponsabilidad de empresarios insubordinados e inconscientes, como el propietario del bar sampedrano, creando un problema grande cuando las autoridades tengan que cancelar los permisos a todos los bares y cantinas por no acatar las medidas y agravar las consecuencias de la pandemia. Por lo pronto, al propietario del bar donde se dio el bacanal el fin de semana, se le debería poner una pena pecuniaria acompañada de un cierre temporal del bar, como precedente para que no incurra en una nueva alteración que resulte un ataque a la economía de su parte, porque su ambición hará que las autoridades tomen medidas en general donde los justos deberán pagar por el pecador.

La irresponsabilidad de un empresario irresponsable no debería condenar a los demás que han estado aprovechando la reapertura de la economía en forma respetuosa, pero como la vida es así, los ciudadanos que cumplen y acatan las medidas terminan pagando por la irresponsabilidad de otros. Con el agregado que lo que permitió el dueño del bar, que a estas alturas ha tenido la publicidad más negativa, puede resultar una tragedia viral si por culpa de los 200 pachangueros, que por lo visto son chupadores de buen fondo, los sampedranos tendrían que estar lamentando dentro de pocas semanas un brote masivo del virus.

Entonces, una noche que pudo resultarles alegre a los pachangueros del Bar La Botella, para la economía de San Pedro Sula podría tener un desenlace viral muy desastroso y lamentable. Una noche de parranda y licor en un bar, en pocas semanas será recordada por la miseria que producirá si llegara a surgir un brote viral expansivo. Que injusticia habrán cometido contra toda una ciudad laboriosa un propietario irresponsable de un bar y unos 150 borrachines irresponsables.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 20 de octubre de 2020.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *