La desintegración de los yoes

diciembre 12, 2022

Como ya dijimos, la autoobservación nos lleva a darnos cuenta de los yoes que tenemos y que se están manifestando constantemente en nosotros. Por tal razón vivimos siendo esclavos de nuestra ira, envidia, orgullo, resentimientos, apegos, etc. Y la vida se nos convierte en un martirio, en una carga demasiado pesada que debemos acarrear cada día. Todo es molestia, tristezas, lamentos, odios… Por ello, eliminar los yoes es una urgencia que no se puede postergar.

Para iniciar este proceso de eliminación de los yoes o pecados, en primer lugar, vamos a aplicar la Clave de Sol que consiste en lo siguiente. La S significa sujeto, o sea acordarnos de nosotros mismos y hacernos conscientes del trabajo psicológico que debemos realizar. La O significa objeto, qué propósito tiene lo que estamos haciendo y por qué. Y la L, significa darnos cuenta del lugar de los hechos. (Debemos preguntarnos ¿quién soy?, ¿dónde estoy?, y ¿qué estoy haciendo?). En síntesis, darnos cuenta conscientemente qué está pasando en nuestro interior, cuál es la naturaleza de nuestros actos y dónde estamos en ese preciso momento. 



Debemos estar concentrados en la autoobservación interior, al mismo tiempo que observamos nuestro entorno. De esa forma andaremos más conscientes de todo lo que estamos realizando de momento en momento; así haremos las cosas con más calidad.

Al aplicar la Clave de Sol inmediatamente nos damos cuenta de los yoes que se están manifestando; y como la finalidad es eliminarlos, vamos a aplicar la muerte psicológica en marcha.

La muerte en marcha es la eliminación de los agregados psicológicos, o sea los yoes, en el instante mismo que se manifiestan. Los yoes no se pueden eliminar, ni antes ni después, de apropiarse de la máquina humana. Esa energía negativa se desintegra mediante la petición respectiva en el instante mismo que se manifiesta.

Al evidenciar un Yo que se está manifestando vamos a hacer la respectiva petición de eliminación de ese pecado a Dios. En primer lugar, esta petición está basada en nuestra fuerza de voluntad. Ya que hemos decidido autoobservarnos y eliminar los yoes. Y, en segundo lugar, en cuanto nos damos cuenta de un Yo que se está manifestando en el pensamiento, en el sentimiento o en nuestro actuar, le pedimos a Dios que lo elimine de la siguiente manera: Dios mío elimíname este Yo de la ira, o del orgullo, o de lujuria, etc., así eliminamos el Yo que se está manifestando.

Le empezamos a pedir a Dios con mucha firmeza la desintegración de ese Yo; la petición se repite, por lo general en silencio, las veces que sea necesario hasta que desaparezca el pensamiento de ira, el sentimiento de ira o el deseo de actuar con ira. Ese es el camino radical para la desintegración de los yoes.

Ahora estudiaremos los detalles psicológicos. Los yoes se manifiestan muy sutilmente en cada acto de nuestra vida. Los rasgos psicológicos o ramificaciones diminutas o detalles son los que alimentan el ego. Podemos visualizar el ego como un árbol frondoso que tiene sus raíces de todo tamaño. Las raíces diminutas son los detalles. Por ejemplo, una mirada provocativa a una dama; el deseo de ver un objeto y querer apropiarse de él; una emoción negativa, la antipatía mecánica cuando los demás nos caen mal sin que nos hayan hecho nada, etc., esos son los detalles.

Por lo tanto, se deben eliminar los detalles, las pequeñas indisposiciones o contrariedades que se nos manifiestan constantemente. Así empezamos a quitarle alimento a los yoes y éstos empiezan a morir. La muerte en marcha de momento en momento, de instante en instante, es de suma importancia para andar eliminando lo negativo que tenemos en nosotros.

Práctica continua: Hay que autoobservarnos constantemente y eliminar los yoes en el momento que se manifiesten. Nota importante: La petición de eliminación se hace todas las veces que sea necesario.

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