La cultura frente al silencio

diciembre 13, 2017

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Vivimos plácidamente en el Edén de la política, donde los sapos y las serpientes, ante la indiferencia de una buena parte de nuestra sociedad, se mueven encubiertas por la hojarasca, viendo en este paraíso hondureño como hacen de las suyas, a su diferente manera, para hacer daño. Y en medio de este batallar, donde hay personas que parecen fieras y al revés, fieras que igual que los falsos lobos, se cubren con piel de oveja para esconder sus animaladas contra Honduras, la cultura es poca cosa.



Entre la mayoría de hondureños pareciera que todos estamos idiotizados en medio de la confrontación de los sectores políticos, unos con razón y otros sin ella, como para no darnos cuenta, aparentemente, que un pilar de la cultura y de la historia hondureña fue consumido por el fuego. ¿Cómo no darle la importancia que tiene el hecho siniestro de que el Museo del Hombre Hondureño se nos perdiera, consumido por el fuego? Si lo vimos, es decir, lo vio la mayoría de capitalinos y una gran parte de los hondureños, pero una tragedia que nos deja sin una buena parte de la historia antropológica de nuestro país solo puede ser ignorada por los habitantes de un país donde un importante registro cultural, como es el Museo del Hombre, se nos convirtiera en cenizas en pocas horas, sin que surgiera una reacción exaltada, que excitara a que el gobierno, las instituciones culturales y las misiones extranjeras amigas, y la ciudadanía en general, pusieran de inmediato manos a la obra para proceder a su inmediata reconstrucción y a buscar la restauración de lo poco que se pudo rescatar.

Un museo como era este, el Museo del Hombre Hondureño, tiene un alto valor antropológico para nuestro país, porque en él había concentrada una buena parte de la historia hondureña de todos los tiempos. Fue creado el 11 de julio de 1989, en la casa donde nació el Dr. Ramón Rosa, quien junto a Marco Aurelio Soto fueron los impulsadores de la reforma del Estado hondureño. Su gran tarea era preservar y rescatar la memoria cultura de nuestro país, tenía una biblioteca con colecciones especializadas en arte de la ciudad capital, lo cual lo hacía una verdadera joya cultural.

Sin embargo, que se haya consumido en su totalidad por un siniestro desgraciado, no despertó más que las consabidas reacciones de un pequeño grupo de ciudadanos que han dado al aldabonazo para pedir al gobierno, a la alcaldía municipal, a las Fuerzas Armadas, a los clubes sociales como los Rotarios y los Leones, a la empresa privada y al resto de las fuerzas vivas de la capital, para que reaccionen, porque lo que nos consumieron las llamas no fue una simple habitación de cuartería, ni una bodega de almacenamiento, lo que nos echó a perder el fuego, fue nada menos que la sede donde un grupo de ciudadanos notables estableció el registro histórico del hombre hondureño, que ha habitado el territorio nacional en todos los tiempos, desde que hay una data histórica del país.

Esta indiferencia con que los ciudadanos capitalinos y hondureños en general, hemos respondido frente a un siniestro tan lamentable para nuestra identidad cultural e histórica, es lo que podríamos calificar como el silencio de los hondureños frente a la destrucción de la historia del hombre hondureño y su identidad cultural. Es propio del estado de ignorancia y bajos niveles de educación que nos expone como país de escasa cultura y de poca educación. Porque, un hecho así, acontecido en cualquier país con habitantes con conciencia histórica, ya se hubieran enervado los ánimos de miles de personas, para empezar a trabajar por la reconstrucción del local y por la restauración o sustitución de las obras y los hechos que conforman la riqueza de un museo de esta naturaleza, que es parte inherente de la historia de un país.

Entonces, ese silencio de la ciudadanía hondureña frente a la desaparición de nuestro Museo del Hombre Hondureño, en días pasados, nos hace ver muy mal frente a una comunidad internacional, que con razón se estará diciendo en forma discreta, pero con ribetes de indignación, ¿qué clase de gente es la hondureña, que ni siquiera se inmuta por haber perdido parte de su riqueza patrimonial cultural,  recogida en el que era el más importante museo histórico?

Un país donde su gente es indiferente frente a una pérdida cultural de grandes dimensiones, se merece las calificaciones despectivas por cuanto su gente solo es capaz de reaccionar cuando de la confrontación política se trata. Nos preguntamos ¿cómo habría reaccionado la población, si un evento natural, DIOS no permita que nos pase, hubiera destruido el Estadio Nacional? Seguro que habría maratones de todo tipo recaudando dinero para reconstruirlo. Pero no hay siquiera un pequeño indicio encaminado para reconstruir el Museo del Hombre Hondureño. Apenas, el periodista Nahum Valladares, que con justicia se merece el título de cronista de la ciudad, fue el primero en concitar a un grupo de notables ciudadanos para empezar la reconstrucción del Museo.

Pero esta es la suerte que corre un país futbolero marcado además por la pasión política. La cultura y la identidad de nosotros mismos, es un misterio que no nos merece importancia. Las vías culturales no importan, el fútbol y la política nos apasionan hasta matarnos entre hermanos. ¡Por eso estamos como estamos!

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 13 de diciembre de 2017.

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