La crisis de Chile

octubre 28, 2019

Honduras

Es normal sorprenderse por lo ocurrido en Chile. Pero es inadmisible, usar, para comprender el fenómeno,  las categorías teóricas del tercer mundo. Allí el problema no lo origina la pobreza, sino, el reclamo de la seguridad de quienes la han dejado, de no volver a ella. Es decir que los instrumentos de análisis, deben ser los del primer mundo y no los del tercero, que casi siempre son emotivos y huelen a limitaciones cerebrales incorregibles. Para lo cual, hay que abandonar las categorías de análisis del marxismo arqueológico, para recurrir al instrumento que proporcionan la globalización y el capitalismo moderno. En lo primero, hay que reconocer que los lideres chilenos han pasado por alto que la globalización tiene sus límites de manejo y control. Pero que llega un momento que solo da resultados, comiéndose así misma; o sacrificando a un sector de la población involucrada. En el caso de Chile, la globalización empujo a la privatización y esta, facilitó un capitalismo exitoso; pero autoritario, que no ha podido evitar su debilidad congénita: la acumulación de las utilidades en una franja exitosa, mientras empobrece o amenaza con empobrecer a la mayoría de la población.



En efecto, en Chile, como reflejo del autoritarismo heredado de Pinochet, la economía se tornó autoritaria y exageradamente disciplinaria. Todos, siendo desiguales, tenían que pagar lo mismo por los servicios públicos y privados, de modo que en vez de nivelar, más bien, aumentó la desigualdad. Al finalizar el gobierno de Bachelett, se produjo la revuelta estudiantil en pro de una educación gratuita. Los jóvenes salieron a la calles y lograron resultados. Tanto en lo económico como en lo político. En lo primero se redujeron las cuotas de pago y en lo político, favorecieron de rebote el éxito de las fuerzas de la derecha chilena, mismas que permitieron el regreso de Piñera al ejecutivo chileno.

Pero el problema de fondo no se resolvió. Más bien Piñera lo agravó, en la medida en que frenó el crecimiento del salario mínimo en cuanto su velocidad frente al costo de la vida, aumentando el disgusto de las mayorías que, en la revuelta estudiantil, habían tomado conciencia que el desarrollo exitoso de Chile, reclamaba más sacrificios a los más pobres que habían dejado de serlo, por lo que se sentían amenazados más que a los tradicionalmente menos favorecidos. Ese miedo es el que ha explotado en Santiago, en manifestaciones nunca vistas, y en acciones vandálicas que, en los últimos años, eran típicas de los países subdesarrollados. Porque mientras los pobres que habían mejorado sentían miedo y distancia de una clase política entusiasmada por el éxito económico del país sin valorar los medios, esta clase arrogante, siguió adelante, sin atender a las preocupaciones de las mayorías, menospreciando las señales de peligro acumuladas peligrosamente.

Ahora, los nerviosos son los gobernantes y la exitosa clase empresarial chilena, muy sesgada hacia la derecha, que no ha podido entender que, en el marco de la globalizacion avanzada chilena, la diferencia con la izquierda es, la velocidad con que aumenta el salario mínimo. Es aquí, en esta incomprensión en donde se encuentra el origen del problema. Si el salario mínimo hubiese sido más dinámico, no anunciando una renta básica – porque ello es muy utópico en este momento– sino que un seguro estado de bienestar en que el capitalismo chileno, se acercara mucho más a la socialdemocracia europea que al capitalismo estadounidense, es seguro que habría explotado en mejor forma el éxito alcanzado hasta ahora y evitado la crisis que están pasando. Y cuyos costos serán extraordinariamente elevados y lo daños de muy lenta recuperación.

Hay que entender algunas cosas. Los instrumentos de análisis no son válidos igualmente para Chile como para Honduras. La globalización tiene sus límites, especialmente en lo referido a la privatización de los servicios. Que el gobierno no puede dejar solo a sus pobres y menos a los que han salido de la pobreza. Y que, al final, el capitalismo pese a sus méritos, por su inevitable tendencia acumuladora y excluyente, puede crear ansiedad, miedo y nerviosismo, como en Chile, que ha terminado en violencia incontrolable. Aceptando que la solución del problema, tiene que hacerse desde el nivel de desarrollo logrado. Y viendo hacia arriba, renunciando a la tentación de desandar el camino, exitosamente transitado.

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