La Constitución unifica a Honduras

junio 17, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Desde 1982 hasta este día, la Constitución de nuestro país es la plataforma en la cual ha descansado nuestro sistema democrático. Nuestra Constitución es el símbolo de una coyuntura política y social bastante complicada, como fue haber estado bajo la férula de varios gobiernos de facto desde 1963 hasta el día en que se convocó a elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente, escenario de la cual nació la Carta Magna. Vivíamos otras dificultades, el orden institucional se rompió en 1963 con el golpe de Estado que dieron las FFAA con el Gral. Oswaldo López Arellano al frente, derrocando al gobierno del Dr. Ramón Villeda Morales.



La actual Constitución fue alumbrada en un laboratorio legislativo, viniendo de un largo período de 16 años de gobiernos de facto, todo un largo proceso de deterioro de la democracia hasta llegar al extremo en que un cuerpo representativo extraño, denominado consejo asesor del Jefe de Estado, se instaló en el hemiciclo legislativo como si fuera una asamblea legítima. Haber permitido que se instalara ese Consejo Asesor del Jefe de Estado, Juan Alberto Melgar, para algunos fue como una especie de suicidio de la democracia. Duró hasta que los mismos militares reflexionaron y recapacitaron, replegándose a sus obligaciones en los cuarteles y llamando a los civiles a que se encargaran de la dirección del país. Ese fue el inicio del retorno al orden institucional, el que tomó un proceso de tres años mientras el país se preparó para celebrar elecciones democráticas.

En todos estos años la Constitución de la República ha sido la base para que los diversos sectores del país, tanto en el aspecto racial, religioso como político y lo demás, tuviéramos una vida en convivencia, de armonía y de respeto. Hasta que en el 2009 con el surgimiento del socialismo del siglo XXI, un sector político encabezado por el entonces Presidente Manuel Zelaya, se entregó a la idea de establecer una asamblea constituyente para refundar a Honduras, concepto eufemístico que servía para ocultar la instauración de un modelo socialista, como lo consiguió Hugo Chávez en Venezuela, con el propósito de perpetuarse en el poder.

Lo que obtuvo Mel Zelaya con su malogrado proyecto fue la dispersión y la polarización de los hondureños, que en la gran mayoría rechaza la idea de entregar a Honduras a un sistema que propugna por un modelo sometido a los intereses de un orden internacional totalitario, que conculca las libertades y erosiona la armonía social. La tesis de una constituyente, bajo el modelo socialista, manejada frenéticamente por el Partido LIBRE, no es ninguna solución, como no tiene la capacidad estructuradora de normas para construir una jerarquía legislativa que supere a la actual Constitución.

Una Constituyente como la quiere el Partido LIBRE, sería un estamento de dominio en los ámbitos de la vida administrativa y social, racionalizado jurídicamente sin la sustancia de la democracia que es la libertad. Tendríamos otra constitución, que eliminaría el pluralismo para imponer el fundamentalismo ideológico del marxismo, una Constitución de corte socialista que sería el triunfo del autoritarismo puro sobre el Estado de Derecho. Una Constitución que surja de una asamblea constituyente en estas condiciones, buscaría imponer la homogeneidad del pensamiento único, que es la tesis del socialismo, sobre la pluralidad de ideas que prevalece en el sistema democrático.

El debate parlamentario debe orientarse al fortalecimiento de la democracia, hay tareas que deben cumplirse lo más pronto posible, entre ellas está la aprobación de las reformas electorales donde los diputados deben poner manos a la obra para concluir la Ley del Concejo Nacional Electoral y el Tribunal de Justicia Electoral, que son dos asuntos impostergables.

La actual Constitución como decisión democrática ha garantizado los derechos individuales y sociales de los hondureños; en el texto constitucional está expresado el sentimiento del pueblo hondureño a través de sus representantes que en el 1982 supieron plasmar los sentimientos constitucionales de la nación. La Constitución actual, como norma suprema de los hondureños, es un mandato para los partidos políticos, para no dejarles intentar hacer ni barrabasadas ni burradas que atenten contra el sentido de vida democrática, que si bien no el mejor sistema o modelo político, es el más respetuoso que permite el debate parlamentario, la libre expresión y el contraste de la opinión pública, como está ocurriendo en estos momentos, cuando se ha generado una dialéctica entre la actuación de las autoridades centrales y sectores de la salud y de educación, que propugnan por imponer sus ideas para establecer nuevos sistemas de Educación y de Salud. Algo que no ocurriría ni en Cuba, ni en Venezuela, ni en Nicaragua, ni en Rusia, ni en China Comunista. Todo gracias a nuestra Constitución de la República vigente desde 1982.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 17 de junio de 2019.

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