La confianza mata al gato

diciembre 7, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En su sentido moderno la cultura de cooperación que hay en los países europeos, concretamente responde al gran esfuerzo que han hecho esas naciones para enfrentar los grandes desafíos que se les han presentado y poder salir adelante. Europa ha vivido en medio de guerras mundiales y guerras intestinas, entre esos países hay algunos que han emergido en medio de los desiertos como Israel, que ha logrado domeñar las tierras áridas para convertirlas en productivas a base de trabajo tesonero y estudio de las adversidades para ponerlas a su favor. La expedición de miembros de ese país ha estado trabajando en el Valle de Sula para proponer y trabajar en soluciones que para ellos no son cosa del otro mundo, porque como son personas analíticas y estudiosas sabrán aprovechar las valiosas experiencias que han cultivado y que los motiva a conocer inundaciones como las que hemos sufrido en el Valle de Sula, de donde seguramente aprenderán para su propio beneficio y el nuestro, porque los europeos son gente diligente que aprovecha las circunstancias para ayudar y aprender.



Ahora bien, si de toda esta ayuda que vienen a darnos alemanes, españoles, israelitas, norteamericanos y demás países amigos, los hondureños no ponemos la más elemental de las contrapartes que es la voluntad para ayudarnos a nosotros mismos, les dejaremos a estas nobles comitivas que nos vienen a prestar una cooperación invaluable la peor de las impresiones, porque pueblo que no se ayuda a sí mismo es un pueblo desgraciado. En el Valle de Sula la maquinaria del gobierno que es recurso del Estado no se está bastando para limpiar las calles y caminos que han sido aterradas por los lodazales que quedan a manera de remanentes de las inundaciones, y eso ha traído como consecuencia insalubre que nazca a manera de plaga una millonada de renacuajos que en pocas semanas se convertirán en una inundación de sapos pestilentes con capacidad de generar diversas enfermedades.

Sin embargo, hay excepciones, en la aldea de Guarumas en el Valle de Sula, los vecinos han estado trabajando por su cuenta, porque a ellos todavía no les llega la acción de la maquinaria del Estado y están urgidos por recuperar sus casas que sufrieron cuatro inundaciones en menos de tres semanas. Ojalá que todos los hondureños tuvieran la misma disposición, porque no es justo que creamos que las comitivas extranjeras se encarguen de hacer todo el trabajo.

Y por otro lado, la repercusión de los dos huracanes nos heredó una peligrosa propagación del coronavirus agravada por el descuido de las personas de no apegarse a las medidas sanitarias que nos viene repitiendo por los medios de comunicación la mesa multisectorial, que se ha echado sobre las espaldas el enorme trabajo de estar machacando el comportamiento sanitario que debemos guardar en estos momentos para no ser afectados por nuevos confinamientos y cuarentenas. Los datos que ofrece SINAGER son inquietantes, el número de contagiados aumenta y los servicios de los hospitales de nuevo están siendo copados por personas de todas las edades que requieren de cuidados intensivos.

De nada sirven los triajes si las personas se relajan creyendo que el COVID-19 ya pasó, y que al estar próxima la vacuna contra el coronavirus no hay porque preocuparse. Debemos recordar que el COVID-19 está en nuestro ambiente, por todos lados, la vacuna para nosotros todavía está en el futuro, la que produce Astra Zeneca, no la tendremos sino hasta mediados del próximo año porque, entre los ajustes de elaboración y el trámite de compra y acarreo tardará de 6 a 8 meses más en tenerla a nuestra disposición. De aquí a junio o julio del año próximo debemos mantener el máximo de cuidado para evitar el contagio. Caso contrario, si por la imprudencia temeraria de nuestra gente llegamos a un punto alto de contagio, en que los hospitales sean rebasados en su capacidad y las unidades de cuidados intensivos resulten insuficientes para atender a los contagiados en estado delicado, Honduras se expone a sufrir un colapso económico porque será obligatorio someternos a un confinamiento de muchas semanas, como está sucediendo en varias ciudades de EEUU como Los Ángeles, donde a partir de hoy todo ese condado densamente poblado está encerrado, todo paralizado.

No hay porqué relajarnos y confiarnos, todavía no estamos para lanzar las campanas al vuelo, el COVID-19 todavía le está dando la vuelta a Honduras como a un calcetín y nos mantiene en un acecho por los cuatro puntos cardinales del país. La confianza es un enemigo con el que no podemos hacer migas, salir a la calle sin mascarilla, no guardar la distancia física y no desinfectarnos las manos es jugar en contra de nuestra salud, en contra de la salud de las personas que queremos y en general en contra de la salud de todos los que nos rodean.

Todos aquellos hondureños que se obstinan en desoír los consejos que está transmitiendo la mesa multisectorial, demostrarán que son un cafre de irresponsables partidarios de deshacer los pocos logros que se habían conseguido con el mecanismo de los triajes, los tratamientos nacionales MAIZ y CATRACHO, pero sobre todo con la disciplina que estamos guardando los que estamos conscientes que un nuevo confinamiento extendido, será el acabose de muchas más empresas con el agravante de sufrir las consecuencias de una cuarentena que eche a perder la Navidad, el Año Nuevo y quién sabe si también el próximo verano.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 7 de diciembre de 2020.

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