La Ciudad Blanca: orgullo colectivo

septiembre 5, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los dos mil kilómetros cuadrados de selva en La Mosquitia hondureña, guardan una multitud de secretos que datas de miles de años y que arqueólogos y antropólogos de todas partes del mundo quieren desentrañar para constatar que civilización o cultura vivió en ese territorio intermedio de la Mesoamérica donde hubo poblaciones con diversos conocimientos, desde los Aztecas, los Mayas y los Incas, más otras diversidades étnicas que cultivaron y desarrollaron formas de vida que los expertos quien investigar a fondo para conocer como pensaban aquellas personas y cual era su estado mental en aquel entonces.



Apenas se empiezan a conocer los resultados de las primeras investigaciones que se hacen en el sitio denominado Ciudad Blanca, en misquito KAHA KAMASA, o LA CIUDAD PERDIDA DEL DIOS MONO, a donde han llegado varias expediciones desde principio del siglo pasado, formadas por arqueólogos, antropólogos y periodistas deseosos de obtener la historia de la legendaria ciudad, para contarla y sacar provecho. Todos estos intentos han sabido sortear los desafíos naturales de esta selva que es la más grande de Centroamérica, poblada por víboras mortales, toda clase de insectos, algunos cuyos piquetes o picadas podrían ser letales, más los suelos fangosos anegados por las aguas lluvias que se preservan por mucho tiempo protegidas por la espesura de los bosques.

De las distintas expediciones, según las referencias no oficiales, un par de ellas no tuvieron ni el cuidado ni la fortuna de escapar de la espesura de la selva, y su extravío constatado por crónicas que aparecieron en los diarios de la capital de la década de los cincuenta, detallaron que los exploradores y los guías pudieron morir devorados por las fieras o mordidos por las serpientes. Pero hubo otros exploradores más cuidadosos que se hicieron acompañar por expertos que habían tenido experiencia en abrirse campo entre las selvas, y lograron contar lo que encontraron en Ciudad Blanca. Uno de ellos fue el periodista Teodoro Morde, en 1940, quien recogió varios objetos y restos que encontró a ras de tierra. Prometió que regresaría, pero no lo logró y quizás eso lo llevó a suicidarse en 1954.

Pero antes de Morde, hubo varios arqueólogos norteamericanos que lograron llegar al sitio denominado T1 (Objetivo 1) pero con los escasos recursos que poseían no pudieron penetrar a la profundidad de la enigmática ciudad. Fue hasta hace pocos años que, algunos profesionales de los documentales como Steve Elkins, que en 2010 empezó a fabricar un plan para llegar al sitio donde  se localizó la Ciudad Blanca de Honduras o la «Ciudad perdida del Dios Mono». Elkins contactó a Cris Fisher, especialista en Mesoamérica y así fue como este experto llegó a Honduras en el 2015, utilizando la tecnología de radar satelital para localizar los puntos exactos donde podrían estar soterrados o enterrados por el paso de los siglos los restos de una cultura o quien sabe si no de una civilización que tuvo mucho desarrollo en las artes y en el comercio.

Fisher está profundamente impresionado porque cree que hay construcciones grandes enterradas, algunas en forma de pirámide, áreas que podrían imaginarse del tamaño de una plaza, rodeadas por otros espacios públicos que pudieron haber tenido el tamaño de una ciudad.

Hoy ya están trabajando arqueólogos y antropólogos de varias universidades, que dicen todavía no tener claridad de todo lo que se desconoce de la Ciudad Blanca en Honduras, pero lo importante es que esta ciudad ya no es una simple leyenda o un mito, es una realidad que existió hace centenares o quizás miles de años. La Ciudad Blanca pudiera ser una leyenda, pero aunque sea sola una historia, a la vez es una realidad que debe causarnos a los hondureños una gran emoción, y debe ser un motivo de orgullo colectivo, porque los expertos están a punto de comprobar la conexión de los hondureños de hoy con el pasado precolombino. Estamos a punto de conocer como pensaron, que hicieron y que nivel de desarrollo en su tiempo alcanzaron estos antepasados. La investigación moderna, que ha sido apoyada por instituciones internacionales como National Geographic y varias universidades de EEUU, han recibido el respaldo del gobierno hondureño. Estamos a punto de descubrir una época verdaderamente importante de nuestra historia precolombina, lo cual debe ser un motivo de orgullo y alegría para todos los hondureños.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 5 de septiembre de 2019.