La carrera de la vacuna

enero 21, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Siendo que la vacuna es la única esperanza para poder restaurar la tranquilidad en el mundo frente a la pandemia del coronavirus, Honduras ha tenido que entrar a la carrera por hacerse de la cantidad suficiente del antídoto para intentar normalizar la vida de los más de nueve millones de habitantes, que no podremos vacunarnos simultáneamente sino de manera gradual aunque progresiva, conforme las autoridades de Salud reciban las cantidades del fármaco. El problema es que esta carrera puede llegar a extremos alocados porque los 8 mil millones de personas en el planeta ansían la vacuna cuanto antes y solo hay cuatro laboratorios trabajando en el desarrollo de las diferentes fórmulas de vacuna, entre las cuales hay dos que tienen reparos muy serios por las reacciones adversas que han producido.



Como es natural el ritmo de desarrollo de las vacunas es lento, y más lento es el ritmo de la aplicación de la vacuna, porque ningún país puede cumplir un calendario sin tener la cantidad de dosis en existencia para aplicarlas, y esto trae como resultado que los procesos de vacunación se vuelven un caos cuando todos quieren tener la aplicación para retornar a la normalidad. Para nuestro país, por pequeño que somos, el tratamiento que se nos da para obtener las dosis necesarias es muy desigual, iremos recibiendo como nos anticipó hace un par de semanas el Dr. Marco Tulio Medina una primera remesa de unas 20 mil dosis a finales de febrero, destinada primordialmente a atender a los médicos, enfermeras y personal que está en la primera línea de combate al COVID-19. Y después habrá que hacer cola porque la segunda remesa también deberá estar destinada al mismo personal como segunda dosis que complementa la primera aplicación para lograr la efectividad.

Esto de gestionar la vacuna es algo muy serio para las autoridades de Salud, que no se pueden dar el lujo de fallar al momento de negociar las adquisiciones o donaciones, porque las señales de alarma por nuevos contagios en diversas partes del mundo se multiplican. Y sin contar que estaremos esperando la vacuna en un año enteramente político, en el que los sectores que hacen oposición pueden agarrar el tema como un barco político para zarandearlo. Estando en medio de este proceso electoral sería una pena que la vacunación sea aprovechada como bandera política, de uno y otro lado, porque la población podría ser llevada a un desconcierto que termine creando incredulidad por un lado y exigencias arriba de lo normal si se dijera que se está privilegiando a sectores para otorgarles la aplicación del antídoto.

En este contexto, las autoridades de Salud y el gobierno en general deberían contar con la auditoría de un organismo internacional que pueda supervisar el programa de vacunación para que no haya privilegios por colores políticos lo que pudiera ser una losa que caiga con mucho peso contra el gobierno. Por lo tanto, hay que ver el proceso de vacunación dentro del período electoral como algo crucial, porque a estas alturas, no obstante lo mucho que se ha dicho sobre la vacuna, es más el número de personas que ansían vacunarse ahora mismo que aquellas que tienen sus reservas para esperar o para no vacunarse.

El problema ahora está fuera de nuestro alcance, porque la injusta desigualdad que hay en el suministro de la vacuna en los laboratorios nos golpea a los países pequeños y débiles que estamos condenados a seguir siendo los últimos en recibir el medicamento que se constituye en la gran esperanza para vencer al COVID-19. El hecho de que Costa Rica haya sido el primer país del área en recibir la primera remesa de vacunas obedece a que los ticos tienen una institución que es la Caja Costarricense de Seguridad Social, que data de hace varias décadas y goza de una muy bien cimentada reputación en el área de la salud pública.

Por ahora el gobierno asegura tener el 20 por ciento de las vacunas que se necesitan en concepto de donación, más otro 20 por ciento de vacunas compradas con recursos nacionales, quedando un 60 por ciento que podrían ser obtenidas con otras gestiones, básicamente adquiridas mediante compra nacional. Esta gestión alimenta las esperanzas para tener la vacuna antes del tiempo que se tenía previsto, aunque todo dependerá del ritmo de elaboración que mantengan los laboratorios, que a su vez dependen del abastecimiento de las distintas materias primas que se requieren para elaborarlas.

De aquí en adelante viviremos en un trance lleno de estrés, posiblemente en medio de conjeturas y cálculos de cuando vendrá la próxima remesa de vacunas para inocularnos la mayoría o totalidad de los hondureños, pero estamos seguros que acelerar la vacunación se convierte desde ahora en una prioridad nacional, mientras tanto las autoridades de Salud deben mantener una permanente campaña de comunicación a toda la población, para que esté debidamente informada si en el transcurso del tiempo que se llegara a retrasar la producción de las vacunas la gente llegara a tal estado de desesperación que hasta podría desembocar en una crisis nacional. Porque igual que en otros países la mayoría de los hondureños estarán deseosos de inocularse cuando antes para no ser víctimas del contagio por el COVID-19.

Estando en un año electoral, el gobierno tiene el enorme reto de dotar de la vacuna a la gran mayoría, sino a la totalidad de los hondureños, antes de la fecha en que se abran las urnas electorales para que los ciudadanos elijamos al nuevo presidente, a los nuevos diputados y alcaldes. No aplicar la vacuna a la mayoría antes del día de las elecciones, puede pasarle factura política al Partido Nacional. Y cualquier parecido con lo que le pasó a Donald Trump, sin duda que no será una mera coincidencia.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 21 de enero del 2021.

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