La campaña electoral y las utopías

agosto 30, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El inicio de la campaña electoral que finalizará el 28 de noviembre, está precedido por algunos análisis pesimistas que no compartimos por no responder a la realidad, porque a lo largo de todos los procesos electorales que hemos vivido y acompañado de cerca, desde 1980 hasta hoy, hemos aprendido que en todos ha habido una malicia de individuos «cabreros», por no llamarlos con la palabra que se merecen, que trabajan por deformar la verdad de los hechos para acomodarlos a su favor. Los analistas de pacotilla son los que se encargan de este trabajo que busca desmoralizar a todos, a los adversarios y a los electores, porque la gloria para ellos es anticipar el desastre con lo que creen preparar el terreno para el candidato con el que simpatizan que por lo general es un político antidemocrático.



 

En esta campaña los nacionalistas han comenzado pisando a fondo el acelerador, iniciando la campaña en Choluteca, cuna del líder nacionalista Mauricio Oliva, ex candidato presidencial que tuvo la entereza de aceptar el triunfo de su adversario Tito Asfura, apenas un par de horas después de haberse cerrado las urnas en las pasadas elecciones primarias. Como la oposición y una buena cantidad de analistas propalaban que los cachurecos estaban triturados por la división interna, estos con el mayor sigilo estratégico esperaron el inicio de la campaña para desbaratar los argumentos de su fragmentación echados a rodar por los opositores.

Los discursos y los abrazos de Asfura y Mauricio Oliva confirmaron el domingo que el signo del cachurequismo es la unión, la preocupación que pudo haber habido durante los últimos meses en algunos nacionalistas quedó desvirtuada cuando Tito Asfura y Mauricio Oliva despejaron el futuro del partido Nacional en medio de una nutrida concentración, que se acabó cuando debía terminar, al haber finalizado los discursos de los dos líderes nacionalistas. Muy poco duró la cizaña de la oposición, que ahora debe verse en el espejo para curar sus propias heridas, porque mientras el nacionalismo se muestra compacto, los tres partidos de oposición no demuestran tener posibilidad de compactarse en un bloque electoral robusto como para derrotar al candidato nacionalista.

El PN es el único partido que tiene un censo electoral actualizado en el que manejan la inscripción de un millón 400 mil electores, con sus direcciones actualizadas, con estructuras organizadas en los municipios, con la correspondiente logística para la movilización de los electores el día de las elecciones y por supuesto con los recursos necesarios para que las estructuras se movilicen y lleven a votar a sus electores. En los partidos opositores, unos ya se olvidaron de la importancia del censo electoral y otros ni siquiera conocen sobre este valioso instrumento en el que radica la fortaleza política para ganar elecciones. El PL no ha podido reconstruir el censo de sus partidarios y después del 2009, cuando una buena parte de sus militantes prefirió seguir a Mel Zelaya para formar un partido de izquierda, el PL quedó menguado en por lo menos 400 mil miembros.

Construir un censo electoral partidario requiere de mucho trabajo y muchos recursos, y no hay un liderazgo entre los liberales que quiera echarse en la espalda esa tarea inmensa, por lo que actualmente el PL es un partido que trabaja dando palos de ciego, sin saber el tamaño de su membrecía y en esas condiciones pregonar con optimismo un triunfo no pasa de ser una utopía, porque lograr un triunfo político no es cuestión de milagro ni un asunto de pálpito, requiere de un trabajo intenso, y los liberales de ahora no demuestran vocación ni por el trabajo ni por el sacrificio. Rodas Alvarado fue el último líder liberal que recorría el país en carro y a lomo de caballo, censando a los liberales, en eso estaba cuando le sorprendió la muerte.

LIBRE no tiene censo, porque la creencia de su líder absoluto Manuel Zelaya y sus acólitos, de que la militancia no necesita censarse, lo vuelve un partido de descomedidos entre sí, que los lleva a caer en el autoengaño de apreciar un crecimiento de su partido que están lejos de conseguir, y que, con el bloque que mantiene, no tiene la posibilidad de ganar las elecciones. Y en el Partido Salvador de Honduras, donde su candidato tiene una singular confianza por su inocultable popularidad que gana en la continua exposición televisiva en el Canal 5, que sigue siendo el más importante de Honduras, el problema es que Nasralla no entiende la necesidad de tener estructuras. Es más, pareciera que desconoce la importancia de estas plataformas en las que basan los triunfos electorales, y confiado en que la popularidad que tiene en muchos sectores es suficiente para alzarse con la victoria, parece no tener conciencia que eso no basta para derrotar a una maquinaria electoral como es la nacionalistas. Las teorías de que los indecisos hacen ganar elecciones tienen escaso fundamento, porque de los indecisos son pocos los que votan, son los decididos y el voto duro lo que determina ganar una elección.

A simple vista como están las cosas, estando los nacionalistas mejor organizados y armados que los opositores, que siguen sin entender, igual que sucede en otros lados, que una oposición fragmentada no llega a ningún lado, el resultado de las próximas elecciones desde ahora es bastante previsible.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 30 de agosto de 2021.

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