La banca y la economía en la pandemia

septiembre 21, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los organismos financieros internacionales que son los que determinan el orden económico mundial acaban de formular unas reflexiones dirigidas a los gobiernos de los países miembros y no miembros sobre las medidas que deben y no deben tomarse en estos tiempos de crisis acentuados por una pandemia que nadie sabe cuándo cederá. Esta crisis provocada por el COVID-19 nos tiene zurrados a todos, porque en Honduras igual que ha pasado en una buena cantidad de países son miles de empresas las que pincharon llantas y se quedaron fuera de la competencia. Pero, en esta caída empresarial, de no ser por el auxilio que han prestado los bancos del sistema financiero nacional, seríamos más las empresas que ya estaríamos descansando, meciéndonos en las hamacas del recuerdo. La parte gangrenada de la economía nacional no está en la banca privada, está en las indecisiones que corresponden al sector oficial, donde no han querido aceptar consejos para, por lo menos, replicar lo que otros gobiernos han puesto en práctica con buenos resultados.



En esta crisis, la banca ha sacado su musculatura y le ha metido el hombro a infinidad de empresas, que de no ser por ese apoyo los empresarios ya estuvieran contando el cuento que una vez tuvieron empresas y que dieron muchos puestos de trabajo. En medio de esta pandemia la banca es la savia que ha vivificado la economía nacional, por eso, cuando el gobierno le pide a la banca más flexibilidad quizás es porque no conoce a fondo cuanta ayuda han prestado los bancos en la tarea salvadora de empresas. Por desgracia, no existe ningún soporte empresarial que no reciba su porcentaje de repudio, pero ese rencor proviene de los sectores que quieren que los bancos les regalen dinero. Los bancos apoyan, aguantan y ayudan a que las empresas sobrevivamos en estos tiempos, pero no son instituciones de beneficencia.

Cualquier medida del sector oficial que produzca un colapso en el flujo de la banca a quien manda a la lona es al país, porque si el gobierno quiere ayudar a los empresarios, a los emprendedores, a la pequeña y mediana empresa y al público en general, lo que debe hacer es una sinergia entre gobierno y banca privada para fortalecer a esta, con mejores recursos, más baratos, para que los bancos los trasladen en diferentes formas a las empresas. Por ahora, el BCIE ha colocado recursos a los bancos para auxiliar a las empresas, con intereses favorables para que concedan diferentes beneficios con condiciones que son beneficiosas para proteger los puestos de trabajo. Para el caso, una empresa que demuestre que desde marzo pasado no ha despedido un porcentaje mayor del 30 por ciento de sus trabajadores puede calificar para recibir préstamo entre otras razones para readecuar deudas a intereses favorables.

No hay dinero regalado para nadie y quienes ostentan riqueza en estos tiempos es fácil intuir qué llaves son las que abren para recibirlo, muy diferente a los tratamientos que hay en varios Estados de EEUU, como la Florida, donde el gobierno estatal provee fondos no reembolsables hasta por 499 mil dólares a aquellas empresas que demuestren que no han despedido empleados. En Alemania, el gobierno invirtió el 71 por ciento de su PBI en préstamos de hasta millones de euros a los empresarios, a plazos de hasta 20 años con intereses bajos, conociendo que las consecuencias de la pandemia se extenderán por más de una década.

Todos esos movimientos financieros empresariales no se han hecho para favorecer a determinadas empresa, se hacen para que las empresas sobrevivan y mantengan a sus empleados de cualquier forma para evitar el desempleo que es lo que termina de colapsar la economía. En Honduras, la industria de la maquila que es uno de los mayores empleadoras del país, en lo más trepidante de la pandemia tuvo que suspender a muchos empleados amparada en las leyes laborales. Como reacción, dirigentes sindicales han emprendido una campaña para que las empresas maquiladoras les paguen el salario de ese tiempo no trabajado, sabiendo que la medida no fue un capricho sino en base a la ley laboral que ampara a las empresas en situaciones de emergencia. Los dirigentes sindicales que no miden sus acciones demagógicas lo que pueden conseguir es que muchas de las empresas maquiladoras levanten sus operaciones y se vayan a buscar países donde las condiciones de inversión les resultan más favorables.

Los dirigentes sindicales deberían saber que los beneficios de las empresas se desplomaron por la parálisis económica y por la necesidad de provisionar reservas a modo de cortar el fuego asfixiante que ha dejado quemaduras por todos lados, de manera que no solo hay que ver la salvación de una parte sino observar por parejo que todos los sectores han quedado anémicos por la pandemia. Hoy los mercados no están para hacer fiesta ni para pensar que mientras un sector puede pasar a lo grande sin trabajar, solo los que apuestan son los que deben sufrir las consecuencias.

Es bueno abrir el paraguas para que el aguacero no nos nuble los ojos y podamos ver que el chaparrón moja más a quien invierte, y que en casos como este, el gobierno es el llamado a poner en acción programas de rescate de empresas para que estas puedan sostener los puestos de trabajo de los trabajadores. A falta de estas acciones del sector oficial, son los bancos los que están abriendo puertas permitiendo que las empresas readecúen deudas, para mejorar el escaso flujo que es lo que les ha permitido a infinidad de empresas mantenerse a flote. La mayoría de los trabajadores desconocen estos malabares financieros que deben hacer las empresas para no fallecer víctimas de la paralización económica provocada por la pandemia. Pero sinceramente, no existiría sobrevivencia ni mucho menos avance empresarial a estas alturas de no ser porque la banca ha tenido capacidad con la suficiente lógica financiera para no dejar morir a las empresas, que han sido y serán sus mejores clientes.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 21 de septiembre de 2020.

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