Keynes en la pandemia

mayo 12, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En los años 30 del siglo pasado ocurrió la Gran Depresión, la época del grave derrumbe económico mundial, cuyas causas no podían explicar la mayoría de economistas de aquellos años, como tampoco los expertos en economía no brindaban soluciones adecuadas y sin que las políticas públicas fueran capaces de reactivar la producción y el empleo. Hasta que surgió el economista británico John Maynard Keynes, de ideas prácticas y con mucho sentido común, cuyo pensamiento revolucionó el comportamiento económico que seguía pensando en forma mecánica, creyendo que de manera automática el libre mercado generaría empleo, puesto que toda persona que buscara un trabajo lo obtendría con solo flexibilizar sus pretensiones salariales.



Keynes no descalificó el hecho de que los trabajadores se adaptarían al momento difícil flexibilizando sus demandas salariales, pero tuvo la visión de que la crisis creada por la Gran Depresión podría durar un largo período que dejaría una alta tasa de desempleo, por lo que planteó una solución que puso en conocimiento de los gobiernos de los distintos países, que casi en su totalidad adoptaron las naciones para enfrentar las consecuencias de aquella crisis, que con el paso de los años se ha venido practicando como una solución valedera.

La tesis keynesiana es aplicable a este momento en que la pandemia está dejando a nivel mundial un alto desempleo producto de que el aislamiento ha paralizado la producción y la actividad económica, para poder aplacar la expansión del virus. Keynes decía que cuando hay un evento o incidente que genera un alto desempleo se hace necesaria la intervención estatal para moderar las caídas de la actividad económica, es decir, el derrumbe del ciclo económico que es lo que determina el alto desempleo. Según el economista John Maynard Keynes, en un momento de crisis el gobierno debe acelerar el gasto en la inversión pública, para generar el circulante que se necesita para estabilizar la economía. Esto obliga al gobierno a endeudarse de manera inevitable, pero el sacrificio se justifica en primer lugar para garantizar la estabilidad del sistema financiero que es básico para facilitar la reconstrucción de una economía devastada por la pandemia, aplicando la tesis keynesiana al caso particular hondureño.

Las consecuencias económicas de la pandemia llevarán al cierre a muchas empresas pequeñas, medianas y grandes, en todos los países del planeta, y Honduras no será una excepción. Varias de las medidas que ha tomado el gobierno de Hernández gravitan en la tesis keynesiana, sobre todo el apoyo que ha dirigido a las pequeñas y medianas empresas y a los productores del agro, donde la visión de estimular y sostener a los productores es la de cuidar la seguridad alimentaria; por eso es que vemos surtidos los supermercados donde hay toda clase de comestibles, igual que artículos de primera necesidad en el hogar, faltando asegurar un control de precios más efectivo, porque la mayoría de los comercios tienen la tendencia de ofertar artículos no tan indispensables a determinado precio, pero son inflexibles y hasta duros con los precios de los artículos que demanda la mayoría de la población.

El problema del desempleo no es algo que debe buscar resolverse a largo plazo, cuando el hambre aprieta en las personas las obliga a buscar soluciones a corto plazo, haciendo lo que tengan que hacer para llevar comida a sus familias, por lo que solo el gobierno inyectando dinero por la vía del gasto y la inversión pública es el gran factor que puede estimular la economía, y son las empresas los grandes empleadores, de allí que entre mayor sea el número de empresas que cierren, mayor será el desempleo en el país. Keynes sostenía que en tiempos de crisis los gobiernos debían resolver los problemas a corto plazo y no esperar que las fuerzas del mercado corrigieran las cosas a largo plazo, porque, bien lo decía este gran economista, «a largo plazo todos estaremos muertos».

Cada gobierno, según sea la capacidad de los gobernantes, puede hacer o no, lo suficiente para aplicar con éxito los ajustes que sean necesarios, pero los problemas que genera una crisis como la creada por la pandemia se agravan si un gobierno se cruza de brazos esperando que las empresas en su natural aspiración de sobrevivir sean las que al final carguen con la mayor parte del peso que es salvar la economía.

Incluso Keynes abarcó en su teoría el tema fiscal y tributario, que debido a las fluctuaciones negativas que en una crisis dejan de espalda al paredón a las empresas, es casi ineludible que los gobiernos asuman posturas que reduzcan el rigor de las tasas e impuestos mientras dure el ciclo económico negativo producto de la crisis. No se habla de no pagar, sino de postergar los pagos hasta cuando las empresas recuperen sus niveles y tengan capacidad de pago, entonces el gobierno también podrá enderezar sus finanzas. Mientras tanto, el gobierno debe nutrirse de fondos prestados a largo plazo para poder estabilizar la economía.

Más recientemente la tesis keynesiana fue aplicada en la crisis del 2007-2008, donde el profesor de Harvard, Gregory Mankiw, recordó que si a un economista habría que recurrir para salvar la situación, ese era únicamente John Maynard Keynes. Hoy, en tiempos de la pandemia, la tesis de Keynes sigue más vigente que nunca, al gobierno de Honduras no le queda más que recurrir a los fondos internacionales para obtener los recursos necesarios para mantener a flote la economía hondureña. Para lo cual debe aceptar que la sociedad hondureña en general a través de los mecanismos de observación, efectúe la vigilancia precisa para que todos los recursos obtenidos sean empleados y ejecutados en forma correcta.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 12 de mayo de 2020.