Juicio y cordura antes que la sepultura

marzo 2, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Rafael Barrientos, que viajó a San Salvador por motivos profesionales y familiares, me contaba que los salvadoreños están enfrentando el coronavirus con mucha seriedad pero no menos calma y disciplina. Acudieron masivamente a las urnas el domingo pasado, todo mundo con mascarilla y guardado la distancia física, las urnas muy concurridas, los centros comerciales llenos, los oficios religiosos normales, con la impresión de que las personas en aquel país ya se adaptaron a la pandemia o ya aprendieron a enfrentarla mediante la disciplina.



Vemos que la situación en Honduras es diferente, aquí hay muchos compatriotas que le han perdido el miedo al coronavirus, y a pesar de que ven en los medios que las cifras de personas contagiadas y fallecidas cada vez aumentan, no son pocos los que se resisten a usar la mascarilla y rechazan la advertencia de evitar las aglomeraciones humanas. Los hondureños no están demostrando juicio y cordura en este momento, hay una especie de desenfreno moral y social, especialmente en personas jóvenes por la ignorancia crasa de creer que el virus no causa gran daño físico a los organismos que están en plena juventud, olvidándose que en su entorno familiar hay personas mayores y que en algún momento podrían entrar en contacto con personas de estado físico vulnerable.

Esto es lo que está haciendo la diferencia en Honduras, donde parece que el hondureño ha empeorado, al grado de perder el interés por preservar la vida y la de sus mayores. Por supuesto que esta no es una conclusión científica, pero si hecha con sentido común, porque cuando observamos el comportamiento de nuestros compatriotas lanzándose a las calles, formando verdaderas aglomeraciones, en la forma más alocada que solo corresponde a un conglomerado de idiotas, es porque nuestra gente está jugando crucialmente contra su propia vida y la de sus personas más cercanas. Por eso cabe reiterar la pregunta: ¿ha empeorado el pueblo hondureño? Cuando en una nación sus habitantes pierden el aprecio por la vida es comparable a un pueblo suicida, aquellos pueblos de la antigüedad que profesaban creencias extremas al pensar que buscar la muerte con un objetivo fundamentalista era el camino para alcanzar la eternidad.

Cuando los hondureños actúan no teniéndole temor a la pandemia y en forma casi delirante salen en verdaderas estampidas a las calles, demuestran que han perdido el juicio y la cordura, al no medir la consecuencia del siguiente paso que es ir él, o mandar a otros a la sepultura, si resultara contagiado. El no evitar los actos desenfrenados en este tiempo de pandemia, cuando ya existe la posibilidad de que en nuestro país estén cohabitando diferentes cepas del COVID-19, puede provocar que nos convirtamos en el país más afectado por la pandemia, agregándonos a la lista de países que antes pasaron por esta etapa que hoy estamos viviendo, pero que, a tiempo hicieron las rectificaciones y hoy están enfrentando con pura disciplina y rigor al virus, como lo están haciendo en El Salvador y otros países vecinos.

Vienen dos pruebas que hay que tomar con serenidad: las elecciones primarias que tendremos dentro de doce días y la tardanza de las vacunas, que no nos llegarán para toda la comunidad nacional, sino hasta dentro de varios meses. Para el día de elecciones habrá que cumplir con el deber cívico de acudir a las urnas siguiendo el protocolo sanitario que sabemos de memoria, tal como lo hicieron los salvadoreños y antes los dominicanos, los estadounidenses y otros países. Debemos demostrar que hemos asumido el delicado momento sanitario con responsabilidad, si acudimos observando la distancia física, protegiéndonos con la mascarilla y portando el alcohol gel para desinfectarnos las manos después del acto del sufragio, si lo hacemos con prudencia hay mínimas posibilidades de contagio, hacer lo contrario es casi renunciar a seguir viviendo.

No nos comparamos con otros pueblos, porque cada país tiene su nivel educativo, su propio patrón cultural, tan solo tratemos de tener Honduras para rato, o mejor dicho, defendamos el sagrado derecho a vivir, no siendo imprudentes ni temerarios, ni actuando en forma desenfrenada en nuestros actos diarios. Estamos viviendo horas decisivas para Honduras y para todos los hondureños, los que están ansiosos de dar rienda suelta a sus desenfrenos, que se atengan a las consecuencias. Podemos disfrutar del país, podemos disfrutar nuestras bellezas naturales, pero haciéndolo en forma disciplinada, usando la mascarilla en primer lugar y manteniendo la distancia física en todo momento. Si lo hacemos de esta manera, seguro que, como dice la famosa canción, SOBREVIVIREMOS… AUNQUE NO TENGAMOS LA VACUNA. Pero, sin juicio ni cordura lo que nos espera es la sepultura.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 2 de marzo de 2021.

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