Jugar a dividir

abril 8, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El carácter del presidente salvadoreño electo, Nayib Bukele, como todo político curtido en el oficio populista, tiende a ser perturbador, alejado de todo lo razonable y muy dado a provocar y a dividir, lo que lo hace un político impredecible para establecer lazos de fraternidad. Tomará posesión del poder hasta el próximo mes de junio, pero ya ha ofrecido algunos anticipos de su estilo de gobernar y de ellos no hemos podido ver hasta ahora que quiera tener una relación cordial con sus vecinos más próximos que son Honduras, Nicaragua y Guatemala.



Muy mala señal del joven Bukele, porque denota su ignorancia de la actual geopolítica centroamericana, en que siendo países pequeños en geografía y en economía, los países del triángulo norte centroamericano se fortalecen cuando actúan en bloque, a través del sistema integracionista, tanto en sus relaciones con la potencia EEUU, frente a los organismos internacionales como con los países europeos. No creemos que la desorientación de Bukele lo lleve a pensar que por la dimensión de su triunfo en El Salvador, tiene impresionados a los norteamericanos, a los europeos, a la OEA, a la ONU y a todo el mundo. El Salvador como los demás países centroamericanos son países miniaturas en todo, débiles por lo pequeño que son sus economías, con aparatos productivos todavía incipientes, con poco desarrollo tecnológico, con bajos niveles de educación, por lo tanto, divididos no tienen posibilidad de alcanzar capacidad competitiva, y su mayor opción para enfrentar los retos que plantea la globalización es mantenerse en el esquema integrado a través de SICA y la unión aduanera.

Este formato que se enmarca en el sistema integracionista requiere que los gobernantes centroamericanos, especialmente de los tres países del triángulo norte, mantengan una relación cordial dentro de las normas diplomáticas, lo cual no implica que deban estar a “piquito que queres”, sino tan solo observando una cordialidad lo suficientemente fraternal, que les permita reunirse periódicamente para tratar aquellos asuntos que conciernen a sus respectivos intereses económicos y sociales. Honduras y El Salvador comparten con Nicaragua el extenso Golfo de Fonseca, donde los tres países por medio de la teoría del condominio mantienen sus posesiones y sus intereses, y a pesar de esto, son frecuentes los roces que surgen cuando los pescadores artesanales de los tres países incursionan en las aguas territoriales de uno y otro país, y aunque la frontera marítima fue objeto de solución en la Corte Internacional de La Haya, siempre hay reclamos extemporáneos que agrietan las relaciones.

Y si unimos a estos problemas convencionales, los tráficos ilícitos de drogas, autos y personas, los gobernantes tienen ocupación para rato, que les resultará más complicada si la enfrentan en forma individual, sin contar que con Nicaragua la relación se pondrá más difícil de mantener bajo los lazos de la cordialidad, dado el rumbo del gobierno de Ortega, calificado en el mundo como una dictadura que goza de la protección del régimen chavista y de la potencia rusa.

Por lo tanto, el presidente electo salvadoreño Nayib Bukele no hace nada bien al estar jugando a dividir, porque el primer afectado será su país, que fuera del esquema integracionista se perderá los beneficios de negociar en bloque regional y arrastrará a sus vecinos Guatemala y Honduras, en momentos en que el gobernante de turno en EEUU, Donald Trump no cree en la importancia de los aliados, especialmente si estos son pequeños como los países centroamericanos. Seguir actuando como si estuviera en campaña es lo más populista que puede hacer el peor de los populistas, y en esto desafortunadamente Bukele parece empeñado en imitar al pie de la letra al presidente mexicano López Obrador, nada más que López Obrador gobierna a México que es una potencia en el continente frente a los países centroamericanos, que son unos ratoncitos en comparación con México.

La calamidad mayor de los tres países del triángulo norte centroamericano sería quedar divididos entre sí, al no permitir el nuevo presidente salvadoreño establecer la funcionalidad del esquema integracionista que hace posible la SICA, porque los ataques innecesarios a sus colegas de los países vecinos crearían una animadversión que los pondría en posición de choque, lo cual es muy delicado y arriesgado.

Una ceguera de Bukele, por considerarse el non plus ultra por el resultado de su elección, creyendo que eso lo privilegia para mantenerse distante de sus vecinos, sería la eutanasia de la razón, muy desafortunado para los tres países del triángulo norte centroamericano, donde el primer sacrificado sería El Salvador, pero no quedarían en mejores condiciones Guatemala y Honduras, frente a la arrolladora globalización que no tiene piedad de los países pequeños.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 8 de abril de 2019.