Irremediablemente insensatos

julio 13, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cuando España se desangraba en medio de una guerra fratricida en la que la banda terrorista ETA atacaba a diestra y siniestra con bombas y explosivos los vehículos de funcionarios y las sedes de las instituciones españolas, el desaparecido filósofo y periodista Julián Marías, en uno de sus artículos que publicaba en el diario ABC de Madrid, escribió una expresión lapidaria: «no hay país más ruin que aquel donde sus habitantes tienen un espíritu autodestructivo». Julián Marías falleció, casi simultáneamente cuando el Estado Español le ganaba la guerra a ETA, hasta acabar derrotándola.



El caso de Honduras no es igual al de España de aquellos años, sin embargo hay algunos momentos y ciertos destellos donde muchos hondureños guiados por una insensatez inexplicable demuestran un espíritu para autodestruirse, como si estuvieran guiados por una tendencia suicida. Aglomerarse en un discoteca, sin guardar las elementales reglas biosanitarias, para terminar liados en una gresca al estilo de una antigua cámara húngara, es el mejor ofrecimiento que los hondureños pueden hacerle al virus COVID-19, para contagiarse, enfermarse y quién sabe si hasta para morir.

No cabe otra interpretación cuando vemos que personas jóvenes asisten a discotecas, más que a bailar, a embriagarse, y posiblemente a hacer algo más, como se aprecia en un video filmado en el interior de uno de estos centros en un municipio del Valle de Sula. Como las bebidas alcohólicas, consumidas sin moderación, llevan a las personas a embrutecerse, las escenas captadas con la facilidad que ahora permiten los teléfonos, en una discoteca de una localidad del Valle de Sula, los parroquianos más alegres que lo que permite la prudencia, actuaban frenéticamente como enemigos de sí mismos, atacándose y golpeándose sin sentido, sin duda porque la borrachera los estimulaba a golpearse como podían, pero sobre todo, desprovistos de mascarillas y del cuidado que deben tener las personas en estos tiempos de pandemia.

Seguro que a estas alturas la mal publicitada discoteca de Villanueva ya debería estar clausurada y el propietario detenido por violar la ley y convertir su negocio en una amenaza para la salud de los jóvenes del municipio. Sin embargo, por lo que han dicho otros medios, en la capital y en otros lugares ocurre igual, es decir, los empresarios de este tipo de negocios como bares y discotecas, han entendido con una mala percepción la necesidad de reabrir la economía contribuyendo al contagio. Si bien, como negocios autorizados por las alcaldías, los bares y las discotecas tienen derecho a reabrir sus establecimientos, eso no les da derecho para que se permitan vender en forma inmoderada las bebidas embriagantes. Nunca como hoy el dicho que hace algunos años puso de moda las cervecerías mexicanas «todo con moderación, todo con cuidado» es una norma imperativa que deberían fijarse los negocios donde su giro es vender bebidas alcohólicas, y propiciar su estímulo con ambientes musicales que prefieren los jóvenes de estos tiempos.

Sumergirse en el alcohol hasta perder la razón es la elección del suicidio, si no es por causa de las refriegas escandalosas dentro de una discoteca o un bar, podría ser por el contagio del COVID-19, que no le huye a estos ambientes escandalosos, por el contrario, el virus se escurre en todo lugar según sean los vectores que lo transporten. Y quien viene de la calle, congenia con los tumultos y de paso le gusta aglomerarse en los lugares donde las personas empinan el codo hasta embriagarse, es el perfecto transportador del virus, quizás el más peligroso entre todos, porque a sabiendas del peligro que depara andar en estos lugares sin protegerse es el más insensato de los irremediables.

Por el comportamiento de estos compatriotas hay razón suficiente para calificarnos de insensatos irremediables, en la práctica estos individuos andan en busca de suicidarse y de paso arrastrar con ellos a las personas mayores o menores con las que conviven en su entorno, porque resulta increíble que no hayan escuchado que la pandemia del COVID-19 sigue peligrosamente latente en los cuatro puntos cardinales del país. Estas personas que vimos desaforadas en alcohol en una discoteca del Valle de Sula deben ser detenidas para empezar a parar el desenfreno que se ha convertido en un gran aliado del COVID-19 infectando a más personas, en su mayoría inocentes.

El COVID-19 tiene aliados, conscientes e inconscientes, los borrachos y los temerarios que rayan en el desafío al no protegerse con la mascarilla, son potencialmente los enemigos más peligrosos que podemos tener usted y nosotros, en esta era de la pandemia. De estos irremediablemente insensatos, protéjase, húyales, porque alejarse de ellos significa salvaguardar la vida.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 13 de julio de 2021.

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