Ante pandemia instalan refrigeradores comunitarios en Los Ángeles

julio 19, 2020

Los refrigeradores están pintados con colores llamativos y mensajes alentadores, en inglés y español. A los lados hay cajas con alimentos no perecederos como enlatados y cereales.

Estados Unidos

En medio de una acera solitaria de Los Ángeles, un refrigerador rojo llama la atención: «Comida gratis», se lee en la puerta superior en grandes letras blancas y borde púrpura.



Limpia, iluminada y fría, la nevera tiene de todo: leche, frutas, vegetales, pollo, jugos, quesos… todo a disposición de quien lo necesite.

Es uno de los varios «refrigeradores comunitarios» que desde principios de julio comenzaron a aparecer en las calles de esta ciudad, ya con altísimos índices de indigencia y muy golpeada por la crisis económica generada por la pandemia del coronavirus.

Estas heladeras no tienen candado, no hay nadie vigilándolas, no hay formularios o filas, tampoco hay límites en las porciones. Están abiertas y funcionando todos los días, las 24 horas.

«Si necesitas vaciar el refrigerador, nadie te va a juzgar. Si necesitas tomar un tomate, tómalo», explica a la AFP Marina Vergara, voluntaria y organizadora de L.A. Community Fridges, que ya instaló siete en la ciudad con miras a seguir creciendo.

«El concepto de tener estos refrigeradores comunitarios en los barrios hace este tipo de ayuda más accesible».

La idea, inspirada en una iniciativa similar en Nueva York, es que quien necesite, tome, y que quien pueda donar algo, lo coloque dentro de la heladera a cualquier hora.

Los refrigeradores están pintados con colores llamativos y mensajes alentadores, en inglés y español. A los lados hay cajas con alimentos no perecederos como enlatados y cereales. Algunos hasta dejan ropa y zapatos.

«Esta nevera te pertenece con todo lo que hay dentro», dice en el refri rojo ubicado en Mid City, una zona muy heterogénea como la mayoría en Los Ángeles, donde casas y condominios modernos alertan sobre la llegada de la «gentrificación», pero donde todavía se ven residencias más viejas, más humildes.

Restaurantes, supermercados, oenegés y los propios vecinos contribuyen para mantenerlos siempre llenos.

«La respuesta de la comunidad ha sido enorme, puro amor», dice Danny Dierich, gerente del café Little Amsterdam, que dona la electricidad para uno de estas neveras, ubicada afuera de su local. «La gente viene todos los días, ponen cosas en la nevera. Es algo hermoso».

«Estamos en un momento muy inusual», añade. «Los negocios han cerrado, la gente ha perdido su trabajo… y tienen que alimentar a sus familias».

California ha tenido que volver a cerrar parcialmente su golpeada economía ante el alarmante alza en el número de casos de covid-19, que se concentran principalmente en el condado de Los Ángeles con casi 148.000 y más 3.700 fallecimientos.

Bares, salones de restaurantes, barberías y otros negocios dejaron de operar de nuevo, lo debe disparar aún más el desempleo condal, que en mayo cerró en casi 21%.

Las autoridades locales, así como oenegés, iglesias y escuelas han abierto decenas de bancos de alimentos y ollas populares para apoyar a los más golpeados por la crisis.