Inseguridad social

septiembre 30, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La semana anterior cuando se informó que las autoridades de EEUU remataron los bienes confiscados al individuo Carlos Zelaya, hermano de Mario Zelaya, cabecilla del grupo que saqueó las arcas del Instituto Hondureño de Seguridad Social, experimentamos una enorme cólera al saber que todas las residencias y bienes inmobiliarios que fueron mal adquiridos por ese grupo de truhanes, que fueron puestos por un grupo político que lo reclamó a manera de botín, favorecían a EEUU y no a nuestro país. Saber que con las aportaciones que hicimos las empresas y las personas beneficiarias se compraron todas esas malas pertenencias en el sistema inmobiliario de EEUU, fue razón suficiente para que se nos revolviera la bilis, al pensar que todas nuestras aportaciones las hicimos con enorme sacrificio, siendo que Honduras es el país donde hay más cargas sociales que en cualquier otro, lo que no permite respirar a las empresas que viven colgadas en medio tanta obligación social que a veces se acumulan porque la cobija financiera no ajusta para cubrir tanto compromiso.



En la teoría cuando se revisa el mapa social que beneficia a los trabajadores y a las personas, Honduras pareciera ser un país muy bonito, donde se produce y se gana tanto dinero que hasta sobra para pagar cargas como el Seguro Social que sirven para que venga un grupo de maleantes y se robe el dinero a manos llenas. No se puede olvidar el uso perverso que estos infames funcionarios del Seguro Social le dieron a miles de millones de lempiras sustraídos para gastarlos para satisfacer sus placeres aberrantes. Mario Zelaya y su cuadrilla de malhechores montaron bacanales trayendo prostitutas colombianas y costarricenses, mujeres hermosas que se exhibían con el glamour del jet-set internacional, pero prostitutas al fin y al cabo, eso sí, de altos vuelos, que cobraban muchos dólares en sus citas amorosas.

¿Cómo pudo ocurrir todo esta arriada de prostitutas contratadas por ese grupo de funcionarios malvivientes, saqueadores del Seguro Social, que nos costó a los aportantes miles de millones de lempiras, sin que hubiera uno solo de estos organismos inútiles que tenemos en Honduras, que después se jactan de combatir la corrupción, pero que no tienen la mínima idea de cómo detectar las perversidades para frenarlas a tiempo? Dónde están esos mecanismos del Estado y la sociedad civil que saltan hasta después que truena el rayo, cuando se ha cometido el robo, porque lo de estos organismos es vivir del escándalo, y porque está visto que para sus dirigentes no es negocio prevenir ni evitar los robos.

Con este sistema administrativo que existía en el IHSS, lo que había era un modelo de inseguridad social, un prototipo legalizado para sustraer dineros de los aportantes, sin que se pueda decir del todo que ese formato vergonzoso se acabó, porque el seguro social sigue funcionando en medio de una inequidad que resulta atentatoria y que desmotiva a las empresas a seguir aportando, porque el Seguro Social dejó de cumplir los fines para los que fue concebido en los años sesenta. Un cotizahabiente que aportó toda su vida y que llegado el momento de necesitar el auxilio del IHSS para obtener un medicamento caro, para atender una enfermedad grave, téngalo por seguro que obtendrá una respuesta diletante para no entregarle la medicina por su alto costo. Lo podemos testimoniar porque sufrimos en el seno de nuestra familia un caso doloroso de una pariente que necesitaba un medicamento costoso que le fue negado por la actual junta interventora que adujo decenas de trabas legales para no dotarla del medicamento dado su alto costo, no obstante que la paciente había cotizado con fidelidad al seguro social.

La seguridad social no existe en Honduras, lo que hay es un remedo de atención social que funciona por partes, que atiende ciertas emergencias y concede citas de largo plazo para períodos tan extensos que no le permiten al paciente tener esperanza de atención, porque si se esperara es probable que muera antes de que llegue el día que el médico o el especialista lo atienda. Y si llegara a esperar y el médico por equis razón no puede atenderla en la fecha, el Seguro Social llega al descaro de reprogramar la cita para otros meses más.

Y mientras tanto, después del saqueo espantoso que hicieron Mario Zelaya y sus compinches, se pretende sacudir el bolsillo de los derechohabientes y las empresas con alzas a las cotizaciones. Muchas empresas han dejado de aportarle al IHSS y prefieren establecer sistemas internos de ayudas médicas a sus trabajadores, para que puedan atender sus problemas de salud. Por supuesto que esto no es lo mejor, pero entre la lipidia que ha provocado la pandemia por los malos resultados de las empresas, que apenas reciben ingresos para sostener el pago de las planillas de empleados, impuestos y de servicios público, pagar al Seguro Social dejó de ser una prioridad. Y además porque el Estado mismo da el peor ejemplo, cuando las oficinas de gobierno no pagan las cuotas correspondientes al Seguro Social, dejando que sean las empresas las que carguen con ese cúmulo social que representa un peso enorme.

Cuando los medios informaron que las autoridades de EEUU estaban rematando los bienes de Mario y Carlos Zelaya en varias ciudades norteamericanas, comprados con el dinero que esa grulla de malhechores nos robó a los aportantes, y saber que ese dinero no sería regresado al IHSS sino que se lo quedaban las autoridades estadounidenses para resarcir el daño provocado en materia de mala imagen, pudimos comprender la extensión del dicho popular «al chucho más débil hasta las pulgas le pegan». Ese dinero debió ser regresado al IHSS, ese dinero no corresponde a ninguna oficina del gobierno de EEUU. Aquí es donde decimos que el MP no sirve para nada, porque ya debió haber entablado por la vía de la Secretaría de Relaciones Exteriores una acción petitoria específica, para que todo el dinero recabado en el remate de los bienes mal habidos por los hermanos Mario y Carlos Zelaya, sea devuelto a donde corresponde, que son las arcas del IHSS, para que esta institución no esté pensando en sangrar a las empresas y a los ciudadanos elevando la cotización de un servicio médico que se ha vuelto mediocre y que no devuelve en servicio y atención lo que ha percibido en cotizaciones.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 30 de septiembre de 2021.

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