Innovación y turbación del liberalismo

noviembre 20, 2018

El único camino es que el liberalismo, mute otra vez. Se transforme y responda. No sabemos si podrá hacerlo

 

Honduras



Aunque no nos ha hayamos dado cuenta siquiera, el mundo ha cambiado en forma brusca en los últimos cincuenta años. Las innovaciones tecnológicas, han irrumpido en las sociedades en forma, no solo de manera colectiva, sino obligando el cambio de las visiones y los comportamientos humanos. Internet y los dispositivos telefónicos, han achicado el planeta, acercándonos a los hechos, cambiando las visiones que tenemos de las cosas y exponiéndonos a unos efectos que nadie había previsto siquiera. Pero además, han expuesto a la población mundial, a la manipulación y movilización, como nunca antes había ocurrido. El que tres mil personas, sin ruido alguno, se hayan puesto de acuerdo vía las redes sociales, para a partir de un lugar determinado en San Pedro Sula, para emprender viaje a los Estados Unidos, constituye un hecho extraordinario que nadie había previsto hasta entonces. Al tiempo que aumenta el riesgo de la manipulación, se descubre como la autoridad de los gobiernos – algunos de ellos abiertamente opuestos a la globalización, amparados en nostalgias nacionalistas que ya no tienen lugar en el mundo actual – ha disminuido sustancialmente y como los agentes, encubiertos o en forma visible, pueden poner en aprietos a los gobiernos, incluso a los más desarrollados del mundo. Estados Unidos, por la naturaleza de su cultura, no puede controlar el flujo de la información que se transmite en todas las direcciones del mundo; pero China en cambio, cuyo autoritarismo es conocido por todos, ha logrado crear su propio internet y plataformas especiales, para, de esta manera censurarlas, evitando que los ciudadanos puedan ejercer su libertad.

Este dilema entre la libertad informativa y el control del manejo de las informaciones para mantener dominada la voluntad de las poblaciones, es posiblemente el último de los dilemas que se le plantean al liberalismo de nuestro tiempo. Como lo ha reconocido muy bien Harari, el mundo ha producido tres relatos, discursos o ideologías relevantes: el liberalismo, el fascismo y el comunismo. El fascismo murió con Hitler y su derrota en la Segunda Guerra Mundial. El comunismo, aunque sigue movilizando a pequeños o grandes sectores de algunas naciones periféricas del mundo, terminó con la muerte del Che Guevara en Bolivia en 1967 y la desintegración de la Unión Soviética en 1990. De forma que, solo sobrevive el liberalismo que, mutándose velozmente,  le ha permitido acomodarse hasta ahora en que, el desarrollo tecnológico parece que le ha turbado, impidiéndole reaccionar como corresponde. Las fuerzas militares, esenciales en el poder de las naciones, han sido severamente afectadas por el desarrollo de las comunicaciones. De allí que muchos crean que la próxima guerra mundial – que no son pocos los que creen que ya empezó – se librara en el espacio comunicacional y el dominio de lo que se llama ciber-espacio. Y frente a este escenario, extraño e imprevisible hasta hace poco, el liberalismo muestre vacilaciones que son obvias en el Presidente Trump y los republicanos que le siguen, los que, en vez de enfrentar los dilemas, más bien se retraen, se aíslan y dejan espacios vacíos que inevitablemente son ocupados por sus competidores.

El liberalismo, tal como enfrentó los retos del automatismo y la emergencia de la clase obrera; las necesidades del estado de bienestar, facilitando ciertos niveles de intervención del gobierno en la vida de las sociedades, ahora, tienen que hacer otro tanto frente al desarrollo tecnológico, cuyo mayor reto, va más allá de lo dicho anteriormente. Posiblemente el reto supremo del género humano, lo represente la inteligencia artificial, en que el ser humano sustituido por los robots y estos, al desarrollar capacidad de producirlos, vuelvan obsoletos a los seres humanos. La sustitución ya ha empezado en las grandes fábricas de automóviles. Afectando las comunicaciones aéreas, los servicios bancarios e incluso, la movilización en las ciudades en forma de medios autónomos de comunicación.

A la automatización en el pasado, países periféricos como Honduras, le dieron la espalda a la irrupción del vapor y el motor eléctrico, durante muchos años. Ahora no podemos hacerlo. Y para enfrentar los retos, el único camino es que el liberalismo, mute otra vez. Se transforme y responda. No sabemos si podrá hacerlo. Porque muy poca gente está pensando en ello. Les afecta la turbación y el desconcierto.