Innecesario e inútil

marzo 29, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Si todo aquello que resulta innecesario en el campo político es un error, lo inútil es que la clase política se empeñe en demostrarnos a los ciudadanos que a ciertos políticos no les importa persistir con algunas actitudes catastróficas, como la de ponerse a favor de la transgresión de las leyes, al exhibirse como partidarios del desafío al Estado de Derecho y de mostrarse inclinados a desconocer la majestuosidad del debido proceso, que culmina cuando un tribunal dicta sentencia sobre los casos que dirime.



Ver a dirigentes políticos que presiden tres de los partidos, que son las plataformas amparadas en la ley para que desde ellos los ciudadanos escojamos a los conductores del país, haciendo el esperpento de desconocer las actuaciones de los tribunales, es una cátedra de populismo peligroso que nos dice que los tres personajes políticos que hemos visto en esa lamentable facha, Luis Zelaya Medrano, Mel Zelaya y Salvador Nasralla, no son confiables para depositarles el poder de dirigir los destinos de nuestro país.

Asumir la posición de estrecharse con quien ha violado la ley, demostrado en juicio en los tribunales mediante sentencia de un juez, es enredarse con los comportamientos ilegales, algo que antes no había ocurrido en Honduras hasta que los tres mencionados personajes políticos irrumpieron en la vida del país como aspirantes a la Presidencia de la República. Si no fuera porque dirigir los destinos del país es la más alta responsabilidad que asume un ciudadano en cualquier parte del mundo, no estaríamos preocupados porque tales personas hagan lo que les plazca por desnaturalizarse y desprestigiarse al mostrarse partidarios con personas que han actuado transgrediendo la ley en sus aspectos más divinos, como es el irrespeto a sus descendientes y el atropello en forma abultado en contra de la dignidad de un semejante.

Dirigir los destinos de una nación es un privilegio para un político, al que contribuimos los hondureños cada vez que somos convocados a elegir autoridades, pero cuando estos aspirantes políticos no tienen empacho para pegarle una patada a la ley, para que las sentencias de un tribunal queden en el aire como si fueran nada, tenemos que reflexionar para apartarlos de nuestra intención de voto en las próximas elecciones. Moralmente seríamos un desastre como país, si en las elecciones del 2021 los hondureños pusiéramos como opción para presidir nuestra vida pública a Luis Zelaya, a Mel Zelaya y a Salvador Nasralla, con su última barrabasada de hacer comparsa con la transgresión a la ley y el pisoteo a la dignidad de un ser humano se han auto descalificado.

Hacer comparsa para desconocer la sentencia de un tribunal que ha seguido el debido proceso, es mofarse de la justicia, es decirle a la ciudadanía y a toda la nación hondureña que sus anhelos de ser las personas más poderosas del país, una vez alcanzada la Presidencia de la República, está por encima del respeto a la ley y la Constitución de la República. El agravio comparativo que, en este caso, estos tres políticos le hacen a la ley y a la justicia, es el mismo que un ladrón y un criminal le hacen a la ley, cuando niegan sus pecados criminales después de haber asesinado a una persona o de haber cometido el robo más descarado.

La concepción de la política que tienen estos tres personajes, es de aprovechar sin escrúpulo alguno, las circunstancias que prevalecen alrededor de una persona que ha cometido un delito deleznable, al que una reducida vindicta pública sectaria le defiende a capa y espada por ser uno de los suyos, resulta por lo tanto una conducta tan impropia como asquerosa.

Esta conducta de los tres personajes es la perversión política personificada que no debería tener el respaldo de los ciudadanos responsables en unas próximas elecciones, porque, aunque dice un trillado refrán de tiempos inmemoriales, que los pueblos elegimos a los gobernantes que nos merecemos, los hondureños no creemos haber llegado a la etapa de la perdición de la dignidad colectiva, porque aunque la nación hondureña sea en su mayoría un pueblo con bajo nivel educativo, lo que no debemos permitir es caer en el peor de los niveles al que un pueblo puede descender, que se le considere con el calificativo denigrante de ser un pueblo de sinvergüenzas.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 29 de marzo de 2019.