Hondureños portentosos

octubre 2, 2017

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El sábado anterior, mientras participábamos en la inauguración del Centro Teleton en La Esperanza, al estar de nuevo con don Jorge Bueso Arias, un ciudadano portentoso de nuestro país, pudimos experimentar la sensación del  hombre al que no le molesta la vejez, y en los minutos que pudimos cambiar impresiones antes del acto de inauguración, advertimos en él a la persona juiciosa y ponderada que siempre vive para manifestar su pasión por Honduras.



Si pudiéramos decir quién es la persona en estos tiempos que tiene el mejor aprovechamiento de la vejez, sin temor a dudas que es don Jorge Bueso Arias. A sus 96 años de edad, se monta al vehículo para recorrer mas de 400 kilómetros desde Santa Rosa de Copán a Tegucigalpa y a las pocas semanas de regreso haciendo el mismo recorrido. El sábado procedía de su querida Santa Rosa de Copán, lo recibimos en La Esperanza a la puerta de su vehículo, nos saludó con su proverbial sonrisa, que para él, pareciera ser el antídoto contra el avance del tiempo.

Hombres portentosos son aquellos que se caracterizan por hacer cosas admirables, por contribuir de manera extraordinaria en toda su vida con causas buenas que benefician a los demás. Son personas cuya vida cobra sentido por el espíritu de servicio con que nacieron. Don Jorge Bueso Arias, ha acompañado la obra de Teleton desde noviembre de 1987, hace ya 30 años, junto a otro hondureño también portentoso como es don José Rafael Ferrari, que desde que inició la obra que beneficia a miles de compatriotas que padecen algún tipo de discapacidad, no ha parado. Y al finalizar el evento recaudador en diciembre, con el mismo entusiasmo, Ferrari convoca a su junta directiva y pone a trabajar al equipo para preparar el evento siguiente.

Observar a esta clase de hombres impone el reto de adentrarse en la vejez desde el ideal ciceroniano, es decir, desde las reflexiones de gran tribuno romano, Marco Tulio Cicerón, hombre de su época que desde la tranquilidad dominaba las situaciones turbulentas. El mundo, nuestro país, necesita hombres portentosos que viven trabajando sin tener un desencuentro con la virtud. Esto es posible siguiendo la filosofía que considera que la vida de una persona cobra mayor sentido con el espíritu de servicio que hace llevadera la carga del tiempo, porque en la medida que los seres humanos servimos a los demás, se nos quitan las dolencias de la vejez, haciéndonos la vida más agradable.

Hace algunos años conocimos a otro hondureño portentoso, el licenciado Guillermo Bueso, mientras era coordinador del gabinete económico de un gobierno. Nunca nos habíamos tratado, pero sabiendo de algunos actos generosos de su parte le pedimos una entrevista donde hablara de sus acciones filantrópicas en el campo de la salud y la educación. Guillermo Bueso nos impresionó cuando nos dijo que por favor no le fuéramos a dar crédito a pequeñas ayudas que de vez en cuando hacía con compatriotas e instituciones que necesitaban un apoyo. La generosidad de aquel gran hombre, uno de los economistas más capaces que ha tenido Honduras, que prefería estar en el anonimato después de ayudar, solo se encuentra en la persona portentosa que prefiere apartarse del ruido de los aplausos para hacer el bien sin mirar a quien.

Hace unas semanas cumplió años otro hondureño portentoso, el licenciado Amado H. Núñez, que sigue teniendo el mismo instinto de conservación de hace unos 40 años, cuando lo conocimos por primera vez, haciéndole una entrevista. Y qué decir de don Emilio Larach, un hombre que no pasa un día sin hacer el bien a alguien.

No somos cuidadosos los hondureños porque no nos preocupamos por hacer una galería especial de ciudadanos portentosos, que deberían vivir más para seguir haciendo el bien sin abandonar el gozo que les representa ayudar a alguien. Cicerón decía que ciertos placeres se incrementan con la edad, y que él, estaba agradecido con la vejez por haberle aumentado el deseo de conversar.

Lo comprobé el sábado, cuando apenas me sentaba junto a Jorge Bueso Arias y de inmediato nos trabamos en una amena conversación que tiene que ver con los asuntos del país. La noche anterior yo había pedido a los capitalinos que repitiéramos, cuantas veces podamos, que nos encanta vivir en la capital. A don Jorge le encantó esta expresión mía.

Dicen que la vejez invalida a las personas para determinadas funciones, porque debilita el cuerpo  privándolo de casi todos los placeres y deleites, pero en el caso de don Jorge Bueso, la vejez no lo excluye de los negocios, porque cerca del siglo de vida sigue presidiendo el Banco de Occidente, a donde se le puede encontrar algunas veces. Porque él es un portento cuya vejez no lo aleja de  su mayor placer que es trabajar para servir a sus conciudadanos, haciendo una verdad irrefutable, el lema de su banco, de hacer al pequeño de hoy el grande del mañana. Con esta filosofía, a don Jorge Bueso Arias, la vejez no le acabará la vida.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 2 de octubre de 2017.

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