Hombres del mal y hombres del bien

julio 24, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La humanidad desde sus orígenes ha estado compuesta por personas que hacen el bien y otras que nacieron con la predisposición para hacer el mal. El antropólogo y penalista italiano Cesare Lombroso elaboró una tesis que ha sido rebatida y discutida pero no descartada del todo, en el sentido que hay personas que nacen con ciertas características criminales lo cual se puede notar en la forma del cráneo. Por supuesto que la tesis de Cesare Lombroso no es infalible, se aplica a ciertas personas y a otras no.



El sicólogo cubano Angel María Velásquez, en su tratado de sicología sostuvo que en las sociedades hay muchas personas con inclinaciones naturales para hacer daño como una satisfacción, e imaginamos que como antítesis a la tesis del Dr. Velásquez, hay muchas otras personas que trabajan permanente haciendo el bien a los demás. En lo particular tendré el coraje de sostener una tesis impopular que posiblemente no recibirá el apoyo, en esta era de la demagogia, viviendo en la meca de la envidia, en un país como el nuestro que funciona como una fábrica de prejuicios.

Cuando una persona ha entregado su vida al servicio de la peregrinación y la prédica del evangelio para hacer el bien, y le llega el momento del emplazamiento por algunos errores cometidos, la sociedad y la nación en general al menos deben corresponder con el beneficio del agradecimiento por los servicios prestados y la cantidad de acciones desarrolladas para beneficiar a miles de personas, no solo con su prédica sino con sus obras realizadas en diferentes comunidades. Un sacerdote o un pastor hacen infinidad de obras inconmensurables que tienden a fortalecer la convivencia espiritual en las personas. Ambos, tanto el pastor como el sacerdote son seres humanos, son hombres, con sus virtudes y defectos y con sus errores que son propiamente humanos.

Un sacerdote no es un ser de otro mundo, no es alguien celestial, es un agente especial que predica en su religión la palabra de DIOS, y sus actos y acciones repercuten en la vida de los parroquianos y de la comunidad. En ninguna cabeza debe caber la idea que un sacerdote es un ser perfecto siendo humano, lisa y llanamente podemos decir que aunque su misión pastoral le indica hacer el bien, puede ocurrirle como persona que en determinado momento las debilidades que como ser humano tiene lo pueden inducir a cometer errores. Errores que, sin embargo, pesados en la balanza para medir sus acciones, no empañan su enorme cantidad de hechos buenos.

Debe tener demasiado “cochambrosa” la mente, la gente que no se mide para prejuzgar la vida y la conducta de un sacerdote cuando este decide retirarse de una función eclesiástica de su iglesia para tomar otro rumbo, por algún incidente de su vida. Enfilar las baterías de la maledicencia contra ese sacerdote es algo muy propio en las sociedades hegemónicas donde el afán destructivo corre a gran velocidad por las redes sociales y algunos medios de comunicación que corean los chismes destructores de vidas.

Ese poder intangible que tiene el chisme difundido por las redes sociales daña tanto como las balas y las cuchilladas, sobre todo porque en los canales de las redes sociales no se sabe a quien atribuir el insulto. Y cómo las redes sociales se han convertido en una maquinaria destructiva operada por la gente del mal, que es aquella que lanza la piedra y esconde la mano.

Tomo la palabra para despedir con agradecimiento a Monseñor Juan José Pineda como obispo auxiliar de la arquidiócesis de Tegucigalpa, cargo en el que sumó valiosas acciones en beneficio de la feligresía católica y de la ciudadanía en general. Desde su posición fue un sacerdote al servicio de los parroquianos y un valioso auxiliar del Cardenal Rodriguez. Encabezó un liderazgo nuevo en la Iglesia Católica, en momentos difíciles que atravesó la sociedad hondureña.

Las razones que lo llevaron a renunciar de su cargo como obispo auxiliar son muy personales y se las respetamos, así como deben respetarlas los fieles católicos. Darle credibilidad a un medio italiano, como el semanario L’Espresso, que tiene como razón de ser venderse como un periódico anticlerical, es hacerles el gran favor a los enemigos de la Iglesia Católica.

No somos quienes para salvar o excusar los errores de Monseñor Juan José Pineda, porque él como hombre de DIOS y líder católico sabe que tiene la responsabilidad moral de responder ante DIOS por sus errores, como la tenemos todos los católicos. Pero tampoco somos nadie para prejuzgarlo y aterrarlo con la crítica malsana. Le damos el beneficio de la comprensión y le expresamos nuestros mejores deseos porque siga desarrollando desde cualquier lugar de la iglesia, el trabajo incesante que necesitan de él los católicos. Los hombres de bien, si bien no se libran de cometer errores como seres humanos, merecen la comprensión y la consideración de los feligreses que no pueden olvidar todas las cosas buenas que ese alto prelado ha hecho por el catolicismo y ciudadanía en general. Buena suerte, monseñor Juan José Pineda, y que Dios lo acompañe.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 24 de julio de 2018.

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