Historia: El triste presente del niño afgano famoso por su camiseta de Messi (FOTOS)

diciembre 11, 2018

Al pequeño se le llenan los ojos de lágrimas cuando recuerda que las dos camisetas firmadas y el balón que le regaló Messi, al que conoció en 2016 en Catar, quedaron abandonadas en su hogar.

 

Afganistán



En 2016 se viralizó una foto en la que Murtaza Ahmadi tenía una camisa de Argentina hecha con una bolsa. Desde Kabul, cuenta que debió abandonar las camisetas y la pelota que le regaló el astro argentino, Leo Messi.

Una bolsa de plástico con los colores celeste y blanco. Un nombre y un número escritos con lapicera: Messi y 10. Un niño, de espaldas, parado sobre un piso de tierra. Hace casi ya tres años, la imagen recorrió el mundo e impactó por su crudeza, incluso al mismísimo Lionel, que lo conoció poco después. Ahora, el afgano Murtaza Ahmadi volvió a ser noticia, y otra vez conmueve por la fiereza de la guerra.

El nene de siete años que el mundo conoció en 2016 debió huir de su hogar en Jaghori, en la provincia sureña de Ghazni, por una ofensiva de los talibanes. Aunque esa zona era considerada el área más segura y pacífica en los últimos 17 años de conflicto en Afganistán, la calma terminó a principios de noviembre.

Los talibanes irrumpieron en la región, forzando a más dos tercios de la población a huir en busca de refugio y esa porción de la población incluyó a la familia de Murtaza, que hace dos semanas huyó a Kabul, la capital afgana. «Echo de menos nuestra casa en Jaghori, aquí no tengo un balón y no puedo jugar al fútbol o salir fuera», se lamentó el niño en diálogo con agencias internacionales de noticias.

Al pequeño se le llenan los ojos de lágrimas cuando recuerda que las dos camisetas firmadas y el balón que le regaló Messi, al que conoció en 2016 en Catar, quedaron abandonadas en su hogar. «Las dejamos detrás en Jaghori. No pudimos traerlas porque dejamos la casa durante la noche, y mamá me pidió que dejase la pelota y las camisetas», detalló el niño.

Ese encuentro con Messi fue un sueño cumplido para el nene pero no tanto para su familia: en el pueblo creían que el rosarino les había dado dinero y merodeaban su casa para robárselo. «Después de que Murtaza conoció a Messi en Catar, la situación se volvió complicada y vivíamos con miedo, porque la gente de nuestro entorno pensaba que Messi nos había dado un montón de dinero», reveló su hermano mayor, Humayoon Ahmadi, de 17 años.

«A causa de todo esto, temíamos que lo secuestraran y prácticamente encerramos a Murtaza en casa y no lo mandamos a la escuela durante dos años», agregó.

Fue a raíz de eso que la familia tomó el camino del exilio a Pakistán en mayo de 2016, con la esperanza puesta en alcanzar los Estados Unidos. Sin embargo, la petición de asilo fue rechazada y debieron volver a su pueblo, lugar al que ya no quieren regresar pese a que las fuerzas de seguridad afganas han expulsado a los insurgentes de la zona.

Ahora, Murtaza, sus padres y sus cuatro hermanos viven en una más que modesta habitación en un edificio compartido con un vecino en una de las colinas en el oeste de Kabul, tras haber recalado por un tiempo en la provincia vecina de Bamyan.

Dos años después de encontrarse cara a cara con Messi, Murtaza no ha olvidado una promesa que le hizo el argentino en su viaje a Catar. «Messi me dijo ‘cuando seas un poco mayor, arreglaré las cosas para ti'», confesó.

En esa charla, el niño le pidió a Leo: «‘Llévame contigo, aquí no puedo jugar al fútbol, aquí solo hay ‘daz-dooz'», imitando el sonido de las explosiones y disparos.

«Cada vez que escucha una bomba o el sonido de un disparo, corre a esconderse bajo mi chador», replicó su madre, Shafiqa, de 38 años.

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Solo este año algo más de 300 mil personas se han desplazado en el país y viven en condiciones difíciles, apoyándose sobre todo en la ayuda del Gobierno y de organizaciones no gubernamentales. Es el caso de la familia del pequeño seguidor de Messi, que dependía de los ingresos obtenidos en sus explotaciones agrícolas y que en Kabul sale adelante con la ayuda de familiares y ONG.

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