Hijo de “El Chapo”: orgías, Ferraris, AK-47, leones y balas

febrero 18, 2017

El alto grado de excentricidad, propio de los narcotraficantes, es revelado con mayor frecuencia a través de las redes sociales, y para los herederos de la fortuna de Joaquín Archibaldo Guzmán Loera, o mejor dicho «El Chapo», no es la excepción.

Con frecuencia, Iván Archibaldo Guzmán, hijo del exlider del cártel de Sinaloa,  intenta organizar fiestas para sacarse la depresión que se le había quedado impregnada en el alma después de que detuvieron a su «viejo». Así que a principios de febrero del 2014 va con su guardia pretoriana y sus mejores amigos a Mar and Sea, restaurante propiedad de Juan S. Millán, exgobernador de Sinaloa e íntimo del jefe del cartel. El tequila, las prepagos y los mariscos llegaban en oleadas a las mesas en donde se divertían los mafiosos, cuando unas luces multicolores empezaron a llegar de afuera. 160 soldados, como si de arañas se trataran, empezaron a trepar las paredes, a derribar puertas, a poner contra el suelo a la crema y nata del Cartel de Sinaloa.



Con la calma e inteligencia heredada de su padre, Iván Archibaldo se levanta de la mesa, toma del brazo a un mesero, lo lleva hasta el baño, le da unos cuantos billetes de cien dólares arrugados y el muchacho se quita su esmoquin blanco y se lo da al «Chapito». Este, bajando la mirada, se escabulló por la puerta trasera rozándole los hombros a sus perseguidores, perdiéndose entre la oscuridad de la noche, haciendo honor al legado de su padre, el rey de los escapes.

En el operativo que duró nueve horas, la Secretaría de la Defensa Nacional de México decomisó cinco vehículos de lujo y una docena de cargadores de rifles AK-47. El principal objetivo de la operación, la detención del hijo preferido del narcotraficante más temible que conociera la tierra desde los infaustos años de Pablo Escobar, no se había conseguido. El muchacho de 32 años estaba acusado de lavado de activos, de ser el testaferro de un emporio que incluye sectores inmobiliarios, hotelería y turismo, agencias automotrices y también del asesinato de dos personas.

«El Chapito» nació el 15 de agosto de 1983 cuando su padre era un joven narcotráficante a las órdenes de Miguel Ángel Gallardo Félix, alias “El Padrino”, el último capo de la mafia que supo llevar con firmeza, autoridad y paz a los carteles de la droga desperdigados por México. Hace 30 años, los mafiosos mexicanos veían horrorizados como en Colombia los carteles podían declararle la guerra al Estado arriesgando sus vidas y sobre todo sus bienes. Con la muerte de Gallardo la situación cambiaría dramáticamente. Comprar policías ya no era la única opción, ahora, si lo disponían, los acribillaban sin mediar amenazas.

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