Hidalguía contra discolidad

marzo 18, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cuando el líder de Inglaterra Winston Churchill, al perder las elecciones en medio de una borrachera de heroísmo no obstante ser proclamado en el mundo entero como el artífice de la victoria sobre Adolfo Hitler, tuvo la hidalguía de reconocer que se había confiado al creer que sus compatriotas ingleses lo adoraban como se le admiraba en el mundo. Y al verse superado por los laboristas tuvo esta expresión cargada de hidalguía: «aprendí que en la política hasta el último minuto tiene sesenta segundos».



En política hay que aprender más a dominar el momento cuando se pierde la elección, porque en la derrota sobre el perdedor recaen todas las culpas y errores. Más, cuando el perdedor es un díscolo por naturaleza, siempre tendrá argumentos para tratar de justificarse él, y descalificar al vencedor. La discolidad es una metafísica, porque los díscolos son individuos oscuros de comprender, son personas que tienen el espíritu envenenado, que tienen el afán de conseguir las cosas creyendo que pueden pasar por encima de los demás, y que no necesitan ayuda de nadie para lograrlo.

Lo estamos viendo cuando el CNE empieza a difundir los primeros resultados de las elecciones primarias, los díscolos exigen resultados favorables para ellos, no quieren saber de los votos que contienen la expresión del electorado. Y no nos asombramos de esta conducta, porque hemos visto muy de cerca el comportamiento de los díscolos en las anteriores elecciones, cuando se les decía que estaban mal en las encuestas y se aferraban a defenderse con sus propias mentiras, con sus propias encuestas elaboradas para complacer su gusto, completamente alejadas de la realidad de aquel momento.

El CNE, amparado en la ley electoral que establece un plazo de «hasta 30 días» para ofrecer los resultados de las elecciones, ha preferido jugar el papel de la certeza, descartando el método de la prueba y error; el primero, el de la certeza, es el que prefiere hacer las cosas sin apresuramientos, para evitar situaciones embarazosas como las ocurridas en las elecciones del 2017. Despacio pero seguro como decía don Quijote, pareciera ser la tónica que escogió el CNE, resistiendo los embates de los políticos, politiqueros e ignorantes, que desconociendo la ley se desgañitan pidiendo que los resultados se den en un zas. El CNE, por su parte, no se inmuta y sigue el paso a paso propuesto, a cada corte de urnas un boletín con resultados. Y cada boletín cae como un latigazo para los díscolos, que reclaman su victoria, desconociendo que la victoria o la derrota solo la expresa la voluntad del electorado en los votos.

Contrario a esta discolidad, surge el precandidato nacionalista Mauricio Oliva, reconociendo con hidalguía que los primeros resultados del CNE, que imaginamos ya ha cotejado con sus propios registros, son irreversibles, porque las tendencias descubiertas en todas las encuestas de salida mostraron el domingo quienes eran los candidatos con mayor respaldo electoral. La hidalguía de Mauricio Oliva lo enaltece, porque en estos tiempos cuando la discolidad es la mala cualidad de la mayoría de personas que entran al escenario político, ensoberbecidos, queriendo alzarse con la victoria contra viento y marea, que un líder político de la dimensión de Mauricio Oliva, que ha presidido el Congreso Nacional creando un ambiente de concordia y reconciliación, con su hidalguía le pone un tono de cordura al período postelectoral, en el que los perdedores son franco tiradores que disparan a diestra y siniestra.

Los díscolos son así y más, saben que han perdido pero se aferran a su imaginativo maligno de ensuciar el resultado y todo el veneno que dispararon contra el adversario durante la corta campaña lo multiplican al final de las elecciones, porque su objetivo mórbido es ensuciar el escrutinio con la maligna intención de que la victoria del adversario no se interponga en sus propósitos malvados. En una elección se gana o se pierde, cuando Mauricio Villeda le ganó la elección primaria a Yani Rosenthal, este tuvo la hombría de reconocerlo y públicamente testimoniarle su respaldo en las elecciones generales. Cuando en el 2009, habiendo estado a pocos días de convertirse en Presidente, Elvin Santos por culpa del desgraciado incidente político del 28 de junio de ese año al final fue derrotado, tuvo la entereza política de reconocer la victoria de Pepe Lobo, con lo que aportaba una cuota de sacrificio a la estabilidad social de Honduras en aquel año difícil.

Hoy, la hidalguía de Mauricio Oliva, de reconocer sin ambages que los resultados le son irreversibles, le pone un enorme toque de cordura al ambiente postelectoral. El de Mauricio Oliva, es un gesto que viene a refrescar el ambiente que no tiene por qué estar caldeado, porque los electores fuimos a votar con toda tranquilidad, con la creencia de que nuestro voto abona las esperanzas que tenemos los buenos hondureños de que el voto es la mejor herramienta para garantizarnos un sistema democrático, aunque por infortunio los políticos díscolos, que por lo general son malos perdedores, no piensan igual, demostrándolo al exigir ganar una elección que han perdido en las urnas.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 18 de marzo de 2021.

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