Héroe del pensamiento

octubre 18, 2017

TEGUCIGALPA, HONDURAS

No quiero convertirme en adulador por amistad, porque lo que voy a expresar en los siguientes tantos renglones, tampoco sale de la cercanía profesional. Voy a referirme como observador de la vida nacional y como gente de medio, que está en la obligación de contar lo que ve y lo que aprecia. Me refiero a la alta distinción que el gobierno de México, a través de su embajadora en Honduras, le hizo al escritor e investigador histórico, Juan Ramón Martínez, a quien conozco con mayor profundidad desde hace unos 11 años.



La distinción a Juan Ramón es una de las más altas que confiere la República Mexicana, con la que ese hermano país prueba que los ciudadanos, no solo son héroes o genios por sus acciones fuera de serie, sino también por la administración de sus ideas y por la orientación de su pensamiento con el que sustituyen las armas que otros emplean para debatir con los demás. Vengo leyendo los trabajos de Juan Ramón Martínez, y sus investigaciones históricas que puntualmente publica en diario La Tribuna, constituyen un sacrificio producto de una entrega perpetua a desentrañar cada día, nuevos documentos en los cuales se registra la historia, sea por cartas de los protagonistas de distintos momentos de la vida nacional, o por documentos que relatan, como acontecieron hechos que tuvieron repercusión en su momento, y que aún no pierden actualidad, porque lo que se hizo entonces, pareciera repetirse con la misma fidelidad en estos días.

Los años no transcurren en vano, dejan huella, señalan la vida de los países en las diversas épocas. Y si no existiera el investigador histórico, las nuevas generaciones perderían la noción de su pasado, y la gente que ignora de donde vienen sus orígenes, pueden creerse hasta que son producto de una naturaleza que surgió cuando ellos nacieron. La historia nos salva y nos blinda de la ignorancia, pero para conocerla se necesitan criaturas como Juan Ramón Martínez, que desde sus años juveniles supo que la reflexión de la vida no es completa si no se acude a la historia. Sin historia, el mundo y las sociedades serían un desvarío humano, y las generaciones se manejarían como estercoleros sociales, donde las personas vivirían trastornadas alabando a los héroes de las páginas sociales.

Los nuevos tiempos solo se pueden entender cuando acudimos a empaparnos en la memoria histórica,  esa parte que se encarga de relatar  el destino de la humanidad, que aunque es contada por hombres, es el único inventario por el que nos podemos guiar para conocer de dónde viene la hechura de nuestro país, conocer nuestras generaciones anteriores, sus obras y sus antecedentes. Un país sin historia es un país sin memoria, condenado al olvido.

Por la historia conocemos quienes fueron nuestros héroes, nuestros patriotas, nuestros próceres, quienes brillaron por su rectitud y quienes fueron señalados por su cobardía o sus traiciones en los momentos difíciles que afrontaron nuestros antepasados. Todos estos trances llegan hasta nuestros días por el trabajo de los investigadores históricos como Juan Ramón Martínez, que sin esperar a cambio un reconocimiento por su trabajo, dedica gran parte de su tiempo para sumergirse en la búsqueda de documentos que prueben los hechos que tienen un valor esencial en la vida pasada de nuestra nación.

En todos estos años de investigación, JRM ha publicado diversidad de documentos, libros y crónicas que constituyen un verdadero legado que tiene un enorme valor en la vida de nuestro país. La gente de hoy, es decir, las personas jóvenes sienten muy poco afecto por la lectura de los antecedentes históricos. Se sumergen en las redes sociales que están llenas de alegatos y de una banalización que pone en riesgo la necesidad de saber y que, como nuevas generaciones, naufraguen en el conformismo de las lecturas superficiales.

Esta es una verdadera crisis que afecta a la sociedad, pero allí está JRM con sus trabajos de investigación histórica, que cuestan tiempo y hasta motivos de salud, porque nadar en la lectura de viejos documentos contrae los riesgos de enfermarse. Pero JRM no descansa desde hace varias décadas en poner claridad en algunos trances oscuros de la vida anterior de nuestro país. Es un trabajo titánico, quizás poco apreciado por la mayoría de nuestros compatriotas, pero que sustancialmente es medido en toda su extensión como un aporte invaluable a la vida cultural de nuestra Honduras.

Como no tengo poder de Estado, ni tengo tanta influencia como la tiene la embajada de un gran país como México, me limito a apartarme de los afectos y la amistad que nos une, para ubicarme en el papel de simple ciudadano hondureño, eso sí, con suficiente capacidad para apreciar y distinguir su trabajo de inconmensurable valor nacional. Con este carácter confiero a JRM el título de héroe del pensamiento.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 18 de octubre de 2017.

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