¡Hay que sembrar árboles!

septiembre 17, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En una Honduras en la que nunca llueve a gusto de todos, las lluvias de estos últimos tiempos apenas están bañando las montañas; y aunque tenemos zonas como la occidental donde el agua a menudo anega los sitios que ya no aguantan las tormentas, en la zona central y sur del país estamos secos en plena temporada de invierno, anunciada por COPECO, con pronósticos inexactos de lluvias copiosas, que se han ausentado en parte por el efecto del cambio climático, pero en gran medida por culpa de los habitantes que no nos preocupamos por sembrar árboles, lejos de eso hemos caído en tal estado de inconsciencia para no darnos cuenta que la falta de agua del cielo obedece a que estamos despoblados de árboles. Y donde no hay suficientes árboles, la lluvia no se acerca, porque en el fenómeno de la naturaleza, la lluvia se descarga casi siempre sobre las zonas boscosas.



Tenemos que sembrar árboles por todos lados, los árboles no hacen daño, solo hay que saber que tipo de árboles deben sembrarse en los distintos lugares. Por ejemplo, el eucalipto es un árbol de crecimiento rápido, brinda madera suficiente para llenar almacenes completos y su hoja hervida en agua, alivia las congestiones nasales. El eucalipto no es un árbol bonito, y tiene la desventaja que se chupa el agua de su entorno, por lo que a su alrededor no crece ninguna otra planta. En Tegucigalpa no se ha consultado a los botánicos, que son los mejores consultores para que nos digan qué tipos de árboles deben sembrarse en los diferentes lugares.

Cuando el gusano descortezador empezó a hacer destrozos en los bosques de la región central, hubo personas ingeniosas que no le hicieron mala cara al daño causado por el terrible gusanillo, y una vez derribados los pinos, que fueron miles, empezaron a sembrar distintos árboles frutales, y predios de considerable extensión hoy lucen con un verdor radiante, mientras en ellos han crecidos los frutales que no afrontan la amenaza de las plagas.

Los hondureños debemos aprender que las condiciones meteorológicas de hoy son muy distintas a las de épocas pasadas; es una utopía y un engaño estar comparando el clima de la Tegucigalpa actual con la Tegucigalpa de hace 30 o 40 años. En aquellos años habían más reservorios de agua producto de vertientes naturales o pozos que nacían en medio de las numerosas reservas forestales que existían en los cerros que circundan Tegucigalpa. Pero cuando llegaron las invasiones a estos cerros, crecieron las urbanizaciones improvisadas, cuyos moradores para construir viviendas derribaron los árboles y Tegucigalpa se fue quedando desnuda, literalmente hablando, porque las reservas forestales vestían a la capital, y la protegían con sus mantos verdes que eran las arboledas que se extendían desde lo más alto de esos territorios hasta la planicie.

Hoy, en las montañas alrededor de la capital, lo que brillan son las láminas de los techos de los innumerables asentamientos poblacionales que no se sabe como obtienen agua para sus necesidades, porque hasta ellos no llegan las tuberías del SANAA, y comprarla en los camiones cisternas les cuesta un precio altísimo. Ninguna autoridad se ha preocupado por exigirles a esos pobladores que una de sus principales obligaciones es sembrar arboles en los predios que habitan. estos sitios habitados sin ninguna regulación urbanística, han crecido a la deriva, sin orientación ni mando de autoridad, que les podría dar el norte natural para tener un ambiente saludable, que solo lo pueden conseguir si siembran árboles en todo el vecindario.

Ya no vivimos tiempos de borrascas, donde no hay árboles lo que hay son borrascas de fuego, por lo que todos estos vecindarios son zonas de alto riesgo para vivir, riesgo que solo se podrá mitigar en el momento que los habitantes hagan siembra masiva de árboles. El gobierno ha comenzado a sembrar árboles en las cuencas de las represas, esa misma iniciativa debe dirigirla a todos los lugares donde antes hubo arboledas y hoy hay asentamientos habitacionales que acabaron con las pequeñas reservas forestales para construir viviendas.

Si las lluvias nos están faltando como nadie recuerda nada igual, en gran medida es consecuencia de la destrucción de los bosques, agravado por la falta del compromiso natural de los hondureños para sembrar suficientes árboles que nos den el más importante beneficio que es atraer las lluvias. Hay que trabajar sembrando miles de árboles en las montañas aledañas a Tegucigalpa, que hoy lucen desastrozas como cuestas de la muerte.

Y no esperemos que llueva a gusto de todos, porque la lluvia tiene predilección por las tierras pobladas de árboles, y mientras sigamos siendo una ciudad despoblada de árboles, seguiremos siendo una ciudad en penuria y en crisis por la ausencia de lluvias. Así que, a luchar a brazo partido sembrando árboles por todos lados.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 17 de septiembre de 2019.

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