Hay que salvar la educación

noviembre 26, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Hay muchas formas de abordar y plantear las soluciones que nos ayuden a salvar el problema de la educación, porque tal como está funcionando el sistema educativo no es una solución a la situación de pobreza y subdesarrollo que nos agobia, pero si dejamos funcionando el sistema como está lo que nos dará serán muchos problemas. La discusión del tema educativo debe trascender el debate técnico que es muy fácil de hacer, basta con tener cuatro panelistas en un foro televisivo y tendremos posiciones y contra posiciones a granel, pero si no se estructura un mecanismo para ordenar los puntos de vista que sean rescatables por su aporte positivo, seguiremos chapaleando sin avanzar.



Posiblemente una de las formas de aproximarnos a las soluciones del problema educativo es estudiar las lecciones que da la vida, es decir, la experiencia común que hemos visto en las personas que gracias a la educación alcanzaron sitiales admirables en el país. Me permito contar mi experiencia: yo estudié en el Instituto Franklin Delano Roosevelt de Puerto Cortés, colegio público donde asistíamos los jóvenes de los primeros años 60. Mis compañeros de colegio, entre otros puedo citar a William Chong, que en nuestra generación no fue durante el colegio un estudiante brillante, pero cuando entró a cursar estudios superiores contables en una prestigiosa universidad europea se distinguió entre los mejores egresados, lo que lo convirtió en un personaje de primer nivel en las esferas gubernamentales hasta el último día de su vida.

Otro de mis compañeros, Armando Euceda, estudiante brillante en nuestra generación, obtuvo un doctorado en física en una prestigiosa universidad de Austin, EEUU, siendo actualmente un prestigioso catedrático universitario que aporta a la educación al más alto nivel. Igualmente, Pedro Saavedra, obtuvo un doctorado en Química y farmacia en la UNAH y graduado también en la Escuela Superior, hoy Universidad Pedagógica Nacional, de la cual fue catedrático y rector. Estos solo para citar tres casos; la mayoría de nosotros pertenecíamos a familias de escasos recursos, donde la asignatura común era terminar el colegio y coronar una carrera para emprender el camino a la universidad. Todos mirábamos en la educación nuestra tabla de salvación para superarnos en la vida.

Nuestras familias eran de escasos recursos pero nos apoyaron en la medida de sus capacidades, varios fuimos becarios del Estado con una modesta suma de 30 lempiras mensuales para pagar la colegiatura y comprar algunos útiles. En nuestro tiempo no existían los colegios magisteriales, los profesores devengaban apenas lo justo, ni siquiera soñaban con las conquistas económicas y privilegios que hoy tienen los maestros. A veces me pregunto ¿por qué los profesores de aquellos años eran tan abnegados que ni siquiera tenían tiempo para pensar en asuntos políticos mucho menos en ideologías?

¿Qué llevó a los maestros, o mejor dicho, quién fue el o la responsable de que los profesores se politizaran hasta la médula terminando por convertirse en víctimas de ideologías, al grado que hay tiempos en que muchos maestros se pasan más días en las manifestaciones callejeras que en las aulas? En coherencia con la mala situación que vive el sistema educativo hondureño, que según mi opinión es de extrema gravedad, la única forma de encontrar una solución para salvar la educación es concertar un pacto nacional por la educación, donde autoridades, organizaciones magisteriales, sociedad civil y padres de familia, se comprometan en un proyecto educativo que responda a las exigencias del siglo XXI, cuando la tecnología está marcando la pauta en los países más avanzados del mundo, implantada en escuelas, colegios y universidades para tener una educación con calidad y más eficiente.

La pregunta que podríamos hacernos es ¿si el desorden imperante en el sistema educativo, donde todos los actores cargan con una cuota de culpa, es casual o si por el contrario se debe a una causa o a varias? Yo diría que a varias, porque entre autoridades, maestros, padres de familia y demás sectores, todos de diferente forma, por desidia o indiferencia con la educación, por abusos o ausencias, por intereses políticos o comerciales, todos hemos contribuido a la crisis del sistema educativo, particularmente los medios de comunicación, que en su mayoría han jugado en contra de la educación con sus contenidos.

Entonces, la mejor demostración con carácter cultural para superar la crisis en el sistema educativo es apoyar un pacto nacional por la educación, exigiendo que autoridades de gobierno, autoridades educativas, organizaciones magisteriales, sociedad civil y padres de familia, suscriban un pacto nacional por la educación, que no permita pérdida de tiempo en el desarrollo de los programas educativos, que los profesores protesten sin afectar el desarrollo de las clases, que el gobierno invierta en tecnología para los centros educativos y que los padres de familia en general se comprometan haciendo que sus hijos dediquen más tiempo a estudiar. Con un plan de estudios que permita vencer a un adversario peligroso que es la moda dominante que hay en el ambiente: ni estudiar ni trabajar.

Todo país que quiere progresar debe sembrar para cosechar, pero en los actuales momentos para los hondureños, hay que saber sembrar más que recolectar.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 26 de noviembre de 2019.